Un zumbido que comenzó lejano y que poco a poco obligó a miles de miradas a abandonar por unos segundos el terreno de juego para elevarse hacia el cielo. Sobre el Estadio Ciudad de México apareció la primera silueta: un helicóptero avanzando firme sobre la vertical del recinto. Detrás, otro más. Uno de ellos llevaba suspendida una enorme bandera de México que parecía flotar sobre el estadio como si el viento hubiera decidido sostenerla unos instantes para que todos la vieran.
Entonces llegó el momento.
Tres aviones ejecutaron el llamado pase aéreo. En formación perfecta cruzaron sobre el estadio y dejaron detrás una estela que comenzó a pintar el cielo: verde, blanco y rojo. Los colores nacionales se expandieron entre las nubes mientras abajo estallaba el estruendo.
El rugido del público fue inmediato.
Miles de voces unidas en un mismo grito hicieron vibrar el inmueble. El sonido subió con tanta fuerza que pareció alcanzar a las aeronaves. Desde las gradas, el momento se sintió como una descarga colectiva; desde el aire, seguramente fue otra cosa.
Porque quienes realizan estos sobrevuelos lo saben: no es solamente una maniobra. Los pilotos y tripulantes tienen una vista privilegiada de algo que pocos alcanzan a observar. Desde arriba, el estadio deja de ser concreto y estructura; se convierte en una masa viva que respira, canta y se mueve.
Ver un estadio completamente lleno desde el cielo impone.
Las luces, las banderas ondeando, las personas convertidas en pequeños puntos que de pronto rugen al mismo tiempo. Es una imagen que dicen quienes la han vivido alcanza a enchinar la piel incluso dentro de una cabina donde la disciplina y el entrenamiento suelen dominarlo todo.
Durante unos segundos, el espectáculo dejó de estar solamente en la cancha. México también se jugó en el aire. Y cuando el último rastro de color comenzó a desvanecerse sobre el estadio, quedó claro que hay momentos que no se recuerdan por el marcador, sino por cómo hicieron sentir a quienes estuvieron ahí, y a quienes los observaron desde el cielo.
HCM