M+.- Hay abrazos que salvan vidas, y el de Alicia Matías Teodoro se convirtió en un escudo eterno.
Cuando una pipa del distribuidor vial de la Concordia explotó en Iztapalapa, esta abuela de 49 años no dudó en interponer su propio cuerpo para recibir el fuego y proteger de la muerte a su nieta de apenas dos años.
Su desgarrador y heroico acto de amor no solo marcó a la sociedad mexicana, sino que dejó una huella imborrable en el alma del personal médico que las recibió.
A un año de aquella tragedia, Brenda y Jesús Hernández, los doctores del Hospital Regional 53 del IMSS que lucharon minuto a minuto por estabilizarlas, reviven para MILENIO, con profunda emoción, esas horas críticas y el inquebrantable instinto de Alicia, quien entregó su último aliento para que su pequeña pudiera seguir respirando.
Alicia dio prioridad a la vida de su nieta
La tarde del 10 de septiembre, cuando ocurrió el accidente en el Puente de la Concordia, Alicia Matías Teodoro y su nieta Yasline Azulet fueron auxiliadas de emergencia por un elemento de la policía para llegar al Hospital Regional 53 del IMSS, ubicado en Los Reyes La Paz.
Ese día, el centro hospitalario se convirtió en el epicentro para recibir a los lesionados tras el estallido por la fuga de combustible.
Jesús, quien llevaba apenas unos meses de haber concluido la residencia, salía de su turno de urgencias, mientras Brenda entraba a pediatría. Nunca se imaginaron que a las 14:00 horas con 20 minutos se produciría una explosión de gran magnitud.
"Fue el momento de salir al área de estacionamiento, cuando vemos la llamarada, vemos el humo que se empezó a dispersar y supimos que era algo relacionado con el fuego", explicó Jesús a MILENIO.
Al ingresar a la sala de choque, los médicos de guardia diagnosticaron a la mujer de 49 años de edad con quemaduras sumamente severas que abarcaban entre el 90 y el 100 por ciento de su superficie corporal.
Pese a la gravedad extrema de sus múltiples heridas físicas, la mujer se resistía con firmeza a recibir la atención de los especialistas, pues su única y constante preocupación en ese momento crítico era conocer de forma precisa el estado de salud de su pequeña nieta.
De manera simultánea, la menor de dos años de edad fue ingresada de urgencia al área de pediatría del mismo hospital, llegando despierta, pero en un estado de shock que incluso le impedía llorar.
"Las quemaduras no fueron tan comprometedoras —precisa la especialista sobre el estado de Yasline—, pero sí estaba delicada. Ni siquiera podía llorar. Estaba, yo creo, en esa parte de ese shock, en el que solamente se veía miedo en sus ojos."
Ante una situación tan confusa, explica Brenda, lo único que podía hacer Yasline era buscar con su mirada a la última persona que vio: su abuela.
"Estaba tratando de buscar a alguien. A su abuelita, supongo que fue la última persona que vio."
Aunque en un inicio se estimaron afectaciones menores por parte de los paramédicos, estudios médicos minuciosos y a profundidad determinaron que la pequeña presentaba quemaduras de segundo y tercer grado en el 25 por ciento de su cuerpo.
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Consuelo humano más allá de la labor médica
Brenda, la especialista a cargo, detalló que la labor de los pediatras ante estas emergencias masivas debe ir mucho más allá de la atención clínica ordinaria; requiere de una gran dosis de consuelo humano para reconfortar el temor de los pacientes infantiles que no comprenden el dolor.
“Sale el instinto protector de tratar de calmar a una niña que no sabe, pues no reconoce a nadie, tratar de consolarla, de decirle que todo va a estar bien”, mencionó.
La especialista explicó que, además de atender las lesiones físicas, los pediatras deben procurar que los menores reciban la protección que, en situaciones como esta, son los únicos que pueden brindarles esa sensación de seguridad frente a la ausencia de sus padres:
"En la medida de lo posible, sin dañarla, darle un poco de cariño, tal vez. Son niños, son personas, son humanos que no saben expresar dolor, que siempre tienen que estar protegidos de alguien, que son los papás."
"Entonces, el papel del pediatra, a veces, es dar la protección que, en ocasiones, los papás no pueden."
El reconocimiento del personal médico por el acto de amor de Alicia Matías Teodoro
A pesar del diagnóstico desfavorable de Alicia, debido a la inhalación de humo que afectó sus pulmones y las graves quemaduras en casi la totalidad del cuerpo, el personal del IMSS logró estabilizar sus signos vitales para permitir su inmediato traslado a otro hospital.
A pesar del esfuerzo titánico de los especialistas, las heridas en el cuerpo de Alicia eran demasiado profundas.
Horas después, en el Hospital Magdalena de las Salinas, su corazón dejó de latir. Sin embargo, la muerte no tuvo la última palabra: la pequeña Yasline Azulet logró sobrevivir, cobijada por el milagro del abrazo de su abuela.
El acto heroico que enterneció a todo el país también dejó huella en los médicos que atendieron la vida que Alicia protegió. Para Brenda, Yasline siempre deberá saber que su abuela estuvo dispuesta a darlo todo por ella:
"Que se sienta muy agradecida porque tuvo el mayor acto de amor que pudo tener una persona por parte de su abuelita. Siempre debe recordar que hubo una persona que estuvo dispuesta a dar todo por cuidarla, por todo el amor que sintió por ella", finalizó Brenda.
Hoy, tras haber sido trasladada a un hospital especializado en Galveston, Texas, la menor se recupera, llevando en su propia vida el testimonio vivo del sacrificio más puro que un ser humano puede entregar.
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