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Desde Temascaltepec defienden la lengua matlatzinca ancestral

En 2020, el Inegi estimaba apenas mil 076 hablantes del matlatzinca en Edomex.

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En San Francisco Oxtotilpan, ejido de Temascaltepec, el tiempo parece correr más rápido que las palabras. 

En medio de sus bosques, el silencio se ve interrumpido por una lengua de otro tiempo: el matlatzinca. Sinónimo de resistencia y tradición, hoy continúa viva, a pesar de la amenaza que representa el olvido mismo.

En este rincón del Estado de México se niegan a dejar morir la voz de sus ancestros. Mientras el número de hablantes de la lengua matlatzinca disminuye con el paso de cada generación, hay quienes se aferran, con perseverancia, al recuerdo, a los sonidos de esa lengua; han encontrado en sus propias palabras una causa de resistencia cultural, una lucha que ya suma más de cuatro décadas.


Los hablantes se pierden

De acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda 2020, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que son los datos oficiales más recientes que se tienen en este tema, para ese año el Estado de México registraba 417 mil 603 personas de 3 años y más hablantes de lengua indígena, de los cuales 308 mil 587 corresponden a los pueblos indígenas originarios: mazahua, otomí, nahua, tlahuica y matlatzinca.

En este sentido, el pueblo mazahua contaba con 132 mil 710 (42.3 por ciento) hablantes de esa lengua; el pueblo otomí registró 106 mil 534 (33.9) hablantes; el pueblo nahua, 71 mil 338 (22.7); el pueblo tlahuica, sumó 2 mil 178 hablantes (0.7) y el pueblo matlatzinca con mil 076 (0.3).

Estas cifras que da a conocer el Consejo Estatal para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas (Cedipiem) también indican que la entidad en los últimos años ha sido receptora de población indígena de otros estados de la República Mexicana; para el año 2020 sumaron 103 mil 767 hablantes de alguna lengua indígena; los más representativos son: mixtecos 28 mil 725 (27.7 por ciento), mazatecos 18 mil 767 (18.1), zapotecos 12 mil 934 (12.5), totonacos 12 mil 368 (11.9), mixes 6 mil 970 (6.7), chinantecos 3 mil 636 (3.5), tlapanecos 2 mil 853 (2.7), tarascos 2 mil 081 (2.0), triquis mil 489 (1.4), tzeltales mil 429 (1.4) y mayas mil 236 (1.2) provenientes de los estados de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Guerrero, Michoacán, Chiapas y Yucatán, principalmente.

Tomando como base estos datos oficiales, la lengua matlatzinca es la que menos hablantes mayores de tres años de edad tiene en la entidad, con apenas mil 076 personas; es decir, en un comparativo, existen más hablantes triquis (mil 489), tzeltales (mil 429) o mayas (mil 236), que provienen de otros estados, que matlatzincas del Estado de México.

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La comunidad de San Francisco Oxtotilpan mantiene vivo el matlatzinca, pese al riesgo de desaparecer por el olvido. | Foto: Tania Contreras


No todo está perdido

Sin embargo, desde San Francisco Oxtotilpan, ejido de Temascaltepec, la única comunidad matlatzinca del país, esta lengua vive, se defiende, pues aún corre por las venas de quienes allí habitan, hacen de las palabras un ente vivo que simboliza, además de resistencia, tradiciones, historia y cultura.

Uno de los principales defensores del matlatzinca es Hermeraldo Mendoza Domínguez, originario de la comunidad y quien desde hace más de cuatro décadas se ha empeñado en el rescate y enseñanza, comenzando a sembrar esa semilla entre las nuevas generaciones.

Entre sus mayores logros destaca la traducción del Himno Nacional Mexicano al matlatzinca, un hecho que no solo marcó un precedente en la defensa de esta lengua originaria, sino que hoy permite que niñas, niños y jóvenes la entonen como una muestra de identidad y orgullo por sus raíces.

No todo ha sido fácil, ya que, al ser la única comunidad en el mundo en donde se habla esta lengua, el riesgo es inminente: “Si nosotros dejamos de hablarla, desaparece”.

Él, también jefe supremo de esta comunidad, fue el encargado de integrar el alfabeto de la lengua matlatzinca validado por el pueblo y, con su experiencia como profesor, con 42 años de servicio en Educación Indígena, su misión también es clara: salvar de la desaparición al matlatzinca.

“Yo lo dudo que desaparezca, yo fomento (la lengua), yo enseño a los niños, a los jóvenes, a padres de familia. A los adultos yo les decía, no les voy a enseñar a hablar, les voy a enseñar la escritura, porque la gente adulta lo sabe hablar; pero en cuestión a la escritura lo desconocemos. Con ellos yo me encargo de alfabetizarlos, para que no se pierda esta lengua”.

Entre los trabajos que realiza, destaca el fomento en las escuelas, a través de un taller al que asisten más de 32 alumnos que cursan entre primero y sexto grado, además de otros esfuerzos para sensibilizar sobre la importancia y el legado de esta cultura.

“Para mí no se va a perder, porque he escuchado que para el 2030 ya no habrá hablantes, y a lo mejor yo estaría de acuerdo cuando no fomentara; pero ahorita yo fomento, yo ahorita enseño la escritura a los niños, el Himno Nacional, los cantos en lengua indígena, entonces para mí esos grupos son los nuevos futuros, los niños son esa esponjita que absorben muy rápido la lengua”.

Aún recuerda cómo fue crecer siendo un hablante de su lengua, una experiencia dolorosa, ya que en aquellos años, en las décadas de 1970 y 1980, “estuvo la discriminación aquí en el pueblo; en esa generación los maestros prohibieron que se hablara la lengua materna”. Me tocó que nos daban de varazos cuando el maestro nos escuchaba hablar en lengua”.

“Muchas personas lo tomaron a pecho y pensaron, a lo mejor, ‘yo no quiero que mi hijo sufra como estamos sufriendo’, entonces dejaron de hablarla”.

En su caso, fue distinto, ya que nunca ha dejado de hablarla, tomando esas experiencias como un motor para enseñar, para preservar la lengua, las costumbres e historia de este pueblo, lo que incluso lo llevó a traducir el Himno Nacional Mexicano a matlatzinca.

El reto no fue sencillo, ya que para ello tuvo que entender el significado de las palabras originales del himno, trasladarlas a un lenguaje más sencillo y posteriormente buscar alguna definición similar en matlatzinca; pero al final se logró.

Así, esta traducción se cantó por primera vez el 28 de octubre de 1989, durante una ceremonia ancestral con la presencia de autoridades estatales y federales. Desde esa fecha y hasta la actualidad se sigue cantando el mismo himno que él tradujo, como muestra de una historia viva.

kr

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Monserrat Mata
  • Monserrat Mata
  • monserrat.mata@milenio.com
  • Reportera en MILENIO Estado de México desde 2016, egresada de la Facultad de Humanidades de la UAEMex. Escribo sobre Salud, Desarrollo Agropecuario y Medio Ambiente.
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