La paciencia es un atributo que los acompaña en su diario vivir; para ellos y ellas, no hay prisa o tarea que cumplir, solo saben que tienen un espacio donde expresan sus habilidades, conviven, siguen indicaciones como parte de su formación y de la capacitación que reciben para aprender un oficio.
Los Talleres de Asistencia Integral para Personas con Discapacidad (TAID), a cargo del Desarrollo Integral de la Familia en Tehuacán, se han convertido en un espacio donde se capacita a jóvenes con autismo, síndrome de Down, hipoacusia bilateral; ahí aprenden una actividad que les permite sentirse integrados en la sociedad.
En este lugar se impulsa la innovación, se fortalece el talento y se capacita en el manejo de máquinas para el corte y lijado de botellas de vidrio, que la ciudadanía dona para que sufran una metamorfosis, al convertirlos en vasos, floreros, dulceros, terrarios, portavelas, ceniceros, lámparas y botellas, decoradas por jóvenes que expresan su talento y creatividad, dijo la presidenta del DIF, Lety Carreño Abarca.
Este taller alberga a 23 jóvenes, con quienes hay empatía, compromiso, inclusión social; personas que, a pesar de tener alguna discapacidad, aprenden en estos talleres y adquieren habilidades para insertarse en la sociedad a través de un oficio.
Este lugar fue acondicionado ex profeso para dar esta atención. Los jóvenes inician su actividad a las ocho de la mañana y terminan a las 13 horas, con un espacio para comer, conversar, recibir alguna terapia de juego, lengua de señas, entre otras actividades que fortalezcan sus habilidades.
Para la mayoría de los jóvenes, su estancia de cinco horas pareciera no ser suficiente y optan por permanecer una o dos horas más; eso indica que les agrada hacer las actividades que les asignan, entre las que se encuentran el retiro de etiquetas, corte de la botella, dándole el tamaño y forma necesaria para sus creaciones, mientras que otros hacen el lijado para quitar las asperezas que deja el corte.
Todos estos procesos los hacen protegidos con equipo de seguridad, que consta de casco, guantes y googles. De esta forma, Cristóbal Sánchez, encargado del taller, cuida la integridad de estas personas que, a pesar de sus limitaciones, se emplean en una actividad donde descubren su talento y potencian su destreza.
Otros optan por la decoración; plasman en el vidrio diversas figuras, desde flores, paisajes, aves, entre otros, que asoman a su mente y sus manos los dibujan con trazos finos para dar forma a imágenes que aportan un toque especial mediante los colores que combinan y armonizan la pieza.
Camino a la inclusión
Yolanda Rodríguez, responsable de este taller, explicó que para recibir la capacitación, los interesados deben presentar su diagnóstico médico para integrar su expediente clínico, al presentar síndrome de Down, si son sordomudos, padecen de hipoacusia bilateral; en esta última, algunos mejoran su condición con aparatos auditivos; en otros no es posible que tengan esta prótesis, porque el problema lo presentan de nacimiento.
Además de lo anterior, “analizan su psicomotricidad fina, gruesa; con el paso de los días van observando sus habilidades y su comportamiento, porque hay jóvenes con autismo que les molesta el ruido de las máquinas, o ciertos colores; por ejemplo, hay botellas de color que no soportan”, dijo Lety Carreño.
En este taller pueden estar aquellos que sean autosuficientes y realicen la actividad que les asignan, o incluso para la que tienen más habilidad, como la clasificación de botellas, el retiro de etiqueta, el lavado, dependiendo de la discapacidad que presenten.
Quienes tienen experiencia, como Ángel Solís Córdoba, quien lleva más de 20 años trabajando en ese lugar, es el único que conoce el corte del vidrio utilizando un alambre; tiene la precisión exacta para hacer este trabajo, que es la base para las piezas que elaboran.
Por su parte, Juan Jovani, su especialidad es el lijado y pulido de las botellas; maneja dos máquinas de precisión, ha adquirido una gran habilidad, y Janet, con más de dos décadas de estar en este taller, lava botella y pule la pieza recién cortada. Así los encaminan hacia la inclusión, basada en sus aptitudes y disponibilidad de aprender en los distintos procedimientos que se tienen para sentirse incluidos.
Durante su estancia, el personal responsable del taller procura transmitir el espíritu de querer salir adelante a los jóvenes, la idea de que “todo lo que soñamos puede ser posible”, subraya la presidenta del DIF en entrevista.
Algunos se dedican a la pintura porque los relaja, otros hacen manualidades; todas estas aptitudes permiten que vayan haciendo artículos nuevos, que se exhiben en la tienda boutique, donde cada uno de los trabajos muestra la alegría o tristeza que al momento de hacerlos tenían sus autores.
Cada uno de los asistentes tiene su espacio; “es un taller con esperanza para las personas con discapacidad”, enfatiza Carreño Abarca. Y agrega que, además de aprender, bimestralmente, acompañados de sus tutores, reciben una remuneración, despensas y verduras como recompensa al trabajo que hacen; esto apoya su economía y se ve en su rostro la alegría de sentirse útiles, de llevar algo a casa y compartir con los suyos.
Cada uno de los jóvenes que acuden a este taller cuenta con una credencial para tener acceso a una tarifa preferencial en el transporte colectivo.
La mayoría de los jóvenes que acuden a este taller, que inicialmente fue creado por un voluntariado creado principalmente por médicos que tenían un hijo o hija con síndrome de Down, asumen el compromiso de realizar alguna actividad que les ayuda en su formación.
A pesar de no tener un censo para conocer cuántas personas con estas discapacidades hay en el municipio de Tehuacán, sí existe un espacio disponible, sustentado en la inclusión, la empatía y la voluntad de ayudar.
AAC