Itzel Ameyali Ayala Quezada llegó al mundo en 1996.
Mientras comenzaba su vida, sus padres tomaron una decisión que terminaría marcando su futuro: registrarla en un programa de becas de educación media superior otorgadas por el Tecnológico de Monterrey, creado con motivo de los 400 años de la fundación de Monterrey, a iniciativa de Grupo Multimedios.
Su nombre apareció entre los 400 niños y niñas que se inscribieron primero.
Hoy, Itzel es profesionista, trabaja en el área de Recursos Humanos de una empresa internacional de alimentos y bebidas, y recuerda aquella historia a través del periódico que su mamá conserva en donde apareció su nombre.
“Mi mamá me platicó que cuando yo nací, ella mandó, creo que las últimas fechas o los últimos días, una foto donde yo tengo como seis meses de edad aproximadamente, y en el periódico, que era cuando se usaba demasiado el periódico, salió el listado de los 400 niños que habían salido”, relató.
Ese programa nació en septiembre de 1996, cuando Monterrey celebraba cuatro siglos de su fundación.
La idea surgió como una propuesta para que aquella celebración dejara un beneficio que permaneciera en el tiempo. El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y las empresas Farmacias Benavides y Banorte colaboraron con esta estrategia.
La historia de esos niños quedó además ligada a una cápsula del tiempo. El 22 de septiembre de 1996, la lista de los ganadores publicada en el entonces Diario de Monterrey fue depositada en un cilindro de acero, junto con periódicos, fotografías, objetos y otros recuerdos de aquella época.
Para Itzel, su propia cápsula del tiempo comenzó mucho antes.
“Creo que de lo mío nada más está mi foto de bebé, es lo único que me platica mi mamá, pero a lo que vagamente recuerdo, creo que sí metieron, pues música que se escuchaba en ese tiempo, aparatos electrónicos de esa época”, dijo.
La beca comenzó a tener un impacto real en su vida cuando llegó el momento de estudiar.
Primero cursó la preparatoria y, gracias a sus calificaciones, posteriormente recibió un apoyo de alrededor del 80 por ciento para continuar con su carrera.
Estudió Comercio Internacional, aunque descubrió que no era el camino que quería seguir.
“Yo me di cuenta que no era para mí, realmente no era para mí, así que opté por estudiar una maestría, de igual manera, ahí en Tecmilenio, y estudié la maestría de Administración y Recursos Humanos”, expuso.
Para su familia, la beca también significó un alivio económico. Pero para Itzel representó algo más: la posibilidad de concentrarse en estudiar y conservar una oportunidad que sabía que podía perder si bajaba su promedio.
“Yo creo que también ayudó mucho a que yo me enfocara 100 por 100 a los estudios y, sobre todo, el mantener la beca, yo creo que esa siempre fue la meta”, detalló.
Treinta años después Itzel mira hacia atrás y reconoce que aquella oportunidad terminó modificando el rumbo de su vida.
“No sé cómo describirlo. Si te lo pudiera decir en una palabra, yo creo que me siento afortunada. Me siento muy afortunada y agradecida… porque de ser así, de no haber tenido yo esa beca, la verdad no sé qué sería de mi vida”, afirmó.
Hoy, además, Itzel es mamá. Y ahora comprende desde otro lugar aquella decisión que sus padres tomaron.
“Les agradezco. Yo creo que nunca voy a estar o nunca voy a poder terminar de agradecerles por todo lo que han hecho”, declaró.
Por eso cuando piensa en aquella beca que recibió hace tres décadas, no la ve solamente como un beneficio del pasado. La ve como una oportunidad que podría repetirse para nuevas generaciones.
“Ahora que soy mamá, realmente sí me hubiera gustado, me gustaría que existiera otro programa de esos y que mi hija saliera becada”, consideró.
La beca quedó atrás, pero sus beneficios se reflejan en una profesionista que hoy trabaja, tiene una familia y reconoce que aquella decisión tomada por sus padres abrió una puerta que le cambió la vida.
nrm