En medio del caos y las víctimas que dejó el terremoto de México de 1985, aquel jueves 19 de septiembre, Francisco Javier Bucio se convirtió en una de las personas que lograron salir con vida después de quedar atrapado cuatro días bajo los escombros.
El entonces residente del Hospital General de México se convirtió en un poderoso símbolo de resiliencia: tras ser rescatado de entre los escombros, la medicina y la determinación lograron lo impensable, reconstruyendo su mano con los dedos de su propio pie, devolviéndole no solo la funcionalidad, sino también la esperanza.
Todo se hizo oscuridad
La mañana del jueves 19 de septiembre, Francisco Bucio Montemayor, entonces residente de cirugía en el Hospital General de México, se encontraba en el cuarto piso del centro médico junto con su mejor amigo.
Lo que parecía una jornada de residencia normal, se convirtió en una tragedia que los llevó a luchar por su vida.
Inicio el sismo y, con el avance de los segundos, la intensidad aumentaba. Francisco recordó con MILENIO que la última imagen que tiene grabada en su mente es cuando él y su mejor amigo se vieron fijamente sus ojos; "todo se derrumbó y se hizo oscuridad".
“En cierto momento tronó todo… se vino el edificio abajo y todo se hizo oscuridad”, recuerda. Entre golpes, confusión y la desesperación por sobrevivir, se dio cuenta de que su mano derecha —con la que operaba— estaba atrapada bajo una trabe. Aquella lesión marcaría un antes y un después en su vida.
Tras cuatro días bajo los escombros, Francisco imaginó y "soñó" -como lo dijo durante la entrevista- muchas cosas: "pensé que ya iba a morir ahí abajo, pero también soñé que me iban a encontrar y rescatar".
Rescate de Francisco: "escuché la voz de mi hermano"
Después de permanecer bajo los escombros, Francisco podía tener ligeros movimientos, sin embargo, narra que su mano derecha quedó prensaba con una de las trabes del edificio, situación que más adelante lo llevó a perderla.
"Traté de acomodarme, y mi mano derecha no la podía mover. Me di cuenta que estaba atrapada con una de las trabes del edificio. El edificio era de ocho pisos, y todo se vino para abajo. Cuatro pisos abajo y cuatro arriba, y yo quedé como sandwich.
"Tuve la suerte de que nada más quedará la mano atrapada. Recibí golpes en la cara. Yo quedé en una posición fetal. En el transcurso de cuatro días pasaron muchas cosas, esa fue la parte más díficil", explicó.
Después de permanecer bajo los escombros, Francisco escuchó -cada vez más cerca- los ruidos de los rescatistas, y fue cuando su hermano le preguntó "¿Quién eres?"
"En cierto momento oí la voz de una persona que era muy familiar; era la voz de mi hermano, me dijo: '¿quién eres?', yo le dije 'soy Francisco'.
"Se escucharon muchos gritos. Yo no sabía pero en el lugar siempre estuvo toda mi familia y amigos durante cuatro días buscando hasta que me encontraron vivo".
Le injertan sus dedos del pie en su mano
Tras ser rescatado, Bucio fue sometido a múltiples cirugías. Los médicos lograron salvarle parte de su mano derecha, que era la parte de su cuerpo más afectada, sin embargo, perdió cuatro dedos. Para un cirujano diestro, el panorama parecía definitivo: su carrera estaba prácticamente terminada.
Sin embargo, lo que parecía el final se convirtió en el inicio de un proceso extraordinario. Meses después, viajó a San Francisco, donde fue intervenido por Harry Buncke, considerado el padre de la microcirugía. En una operación poco común, le realizaron un doble trasplante: dos dedos de sus pies fueron injertados en su mano.
“Me hicieron múltiples cirugías… me pasaron piel del abdomen para salvar lo más que se pudiera”, relata. El procedimiento no solo buscaba reconstruir la apariencia, sino devolver funcionalidad a una mano severamente dañada.
A pesar del avance médico, el escepticismo no tardó en aparecer. Muchos especialistas dudaban que Bucio pudiera volver a ejercer.
“La parte más difícil fue convencer a mis jefes que sí podía, porque básicamente nadie creía que yo iba a poder”, admitió.
Pero su determinación fue más fuerte que cualquier pronóstico. Con rehabilitación, disciplina y convicción, logró recuperar movilidad y precisión. Contra todo pronóstico, regresó al quirófano.
Logró su sueño de ser cirujano plástico - reconstructivo
Hoy, Francisco Bucio es cirujano plástico en una clínica de Tijuana, donde continúa ejerciendo y compitiendo al más alto nivel. Su historia no solo habla de avances médicos, sino de la capacidad humana para reconstruirse incluso en los escenarios más adversos.
“Sí me da orgullo estar en un lugar donde es competitivo y ser parte de esa competencia”, afirma.
Más que recuperar una mano, Bucio recuperó su propósito. Y con él, la posibilidad de seguir transformando vidas.
Bucio recuerda aquel día como una nueva esperanza de vida, otra oportunidad que tuvo pra cumplir su sueño de ser cirujano.
Finalmente, Bucio pidió a las personas a tomar consciencia en cada Simulacro Nacional o en la Ciudad de México, ya que los conocimientos de saber qué hacer te pueden salvar la vida.
HCM
