El Alzheimer no es una enfermedad exclusiva de los adultos mayores. En Jalisco existen familias en las que la enfermedad aparece desde los 30 o 40 años y puede afectar a varias generaciones, y en Los Altos de Jalisco, investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) han identificado un conglomerado de casos de inicio temprano asociado con una variante genética.
Víctor Javier Sánchez, profesor investigador del Centro Universitario de Los Altos, de la UdeG, explicó que en esta región la edad promedio en la que aparece la enfermedad ronda los 40 años, aunque también han atendido casos todavía más jóvenes.
“Es una de las principales poblaciones de Alzheimer de inicio temprano a nivel mundial, junto con otra población que hay en Colombia. Estamos hablando de mil casos”, señaló.
El investigador detalló que cuentan con un registro de alrededor de 200 familias y que, en algunos casos, existen varios integrantes afectados por la enfermedad antes de los 60. De acuerdo con el especialista, algunas familias tienen cuatro o cinco personas afectadas, mientras que en otras han identificado hasta ocho integrantes con Alzheimer.
El Alzheimer es considerado por el investigador como la principal causa neurodegenerativa y de demencia a nivel mundial. Se trata de un padecimiento en el que ocurre una pérdida progresiva de tejido cerebral y muerte de neuronas, lo que puede provocar alteraciones de memoria, lenguaje, orientación, reconocimiento de objetos y capacidad para organizar tareas.
Señales tempranas
Una de las principales dificultades para identificar los casos de inicio temprano es que la enfermedad no necesariamente comienza con los problemas de memoria que tradicionalmente se relacionan con el Alzheimer.
Antes de que aparezcan los problemas de memoria pueden presentarse cambios conductuales o incluso psiquiátricos, como irritabilidad y ansiedad, síntomas que pueden atribuirse inicialmente al estrés o a otras circunstancias de la vida cotidiana.
A estos cambios pueden sumarse dificultades para mantener la atención, problemas de orientación o complicaciones para realizar actividades que anteriormente eran cotidianas para la persona.
Además de los signos clínicos, los investigadores trabajan en la identificación de marcadores biológicos que permitan detectar los cambios relacionados con la enfermedad mucho antes de que los síntomas sean evidentes para los familiares.
Sánchez González explicó que algunos cambios pueden comenzar hasta dos décadas antes de que la enfermedad se manifieste clínicamente.
“Lo que hemos encontrado es que desde casi 20 años antes de que la enfermedad ya se manifieste clínicamente como para que los familiares o una persona diga, algo me está pasando, se empiezan a encontrar cambios en la estructura cerebral”, explicó.
Entre los principales elementos relacionados con el Alzheimer se encuentran las proteínas beta amiloide y tau, que pueden cambiar su conformación, acumularse en el cerebro y participar en el proceso de neurodegeneración.
Para detectar estos cambios existen estudios especializados, entre ellos la tomografía por emisión de positrones, conocida como PET, que permite identificar la acumulación de determinadas proteínas en el cerebro. También se han desarrollado pruebas sanguíneas capaces de identificar proteínas relacionadas con la enfermedad.
Estas herramientas se han comparado con otros estudios y evaluaciones clínicas y neuropsicológicas para incrementar la certeza diagnóstica. De acuerdo con el especialista, muchas de las familias en la región de Los Altos presentan la enfermedad en varias generaciones debido a un componente genético.
En algunos de estos casos, la enfermedad puede comenzar con problemas motores o de lenguaje, lo que dificulta todavía más su identificación. Algunos pacientes incluso llegan a consulta con la sospecha inicial de que padecen Parkinson debido a las alteraciones motoras.
Actualmente, los medicamentos aprobados no representan una cura para el Alzheimer, pero pueden modificar la velocidad con la que avanza la enfermedad, particularmente cuando se administran en etapas tempranas.
La enfermedad puede avanzar durante aproximadamente una década, periodo en el que las necesidades de atención aumentan progresivamente. Por ello, consideró indispensable que la atención no se concentre únicamente en quien vive con Alzheimer, sino también en quienes forman parte de su red de apoyo.
MC