En San Mateo Tecalco, el aroma que guía a los muertos, también atrae al turismo. Al pie de don Goyo y doña Rosita, como los lugareños llaman cariñosamente a los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, los campos de cempasúchil florecen en todo su esplendor.
Aunque la creencia dice que el peculiar aroma de la flor guía a los muertos de regreso a casa durante esta época, la realidad es que la visita a los cultivos previo al corte, también se ha convertido en un importante atractivo de turismo rural para los floricultores de la región.
“Por medio de las redes sociales llega la información, la difusión a otros lados, la gente se da cuenta y nos viene a comprar. Hacemos ramos así, no muy grandes y están como en 30, 40 pesos, aquí es barato. Y más que nada, pues nosotros solamente el mercado en él nos movemos en el mercado local, de no venderla aquí, de no ser aquí, nos ponemos en el tianguis de Ozumba”, dijo Inocencio Valencia, productor de Cultivos Tlamacazcalli, ubicado en San Mateo Tecalco.
Don Chencho, como le dice la gente de aquí, produce la flor de muertos como una herencia familiar, desde que era niño, sus padres se dedicaban al cultivo de cempasúchil, y él ha seguido la tradición; pero él ha tenido que sembrar la semilla mejorada y patentada en China, ante los retos cada vez mayores que enfrenta por la variabilidad del clima.
“Tenemos ahorita dos variedades, que es este híbrido, que lo tenemos aquí a la izquierda y el criollo que le llamamos, está a la derecha. Las diferencias son en que el criollo este alcanza un tamaño regular, pero lamentablemente como en este caso que no sabemos cómo vienen los tiempos, vino el agua, vino mucho viento y lo tiró. En cuestión del híbrido no tiene altura, no alcanza mucha altura, por eso es que no tiene problema”, dijo en entrevista con MILENIO.
El cempasúchil híbrido se reconoce porque la flor es más perfecta, luce totalmente redonda como un pompón, además de que cada planta tiene más flores, lo que representa una desventaja frente a la flor criolla, dijo el productor.
“Toda la flor híbrida sale doble, y la criolla, aparte de la desventaja que tiene en la altura, es sencilla, y en el mercado nada más se vende la doble. La sencilla prácticamente se desecha, aquí se queda en el terreno”.
Sin embargo, don Chencho destaca que la flor criolla es la que, desde su punto de vista, cumple su cometido de guiar a los fieles difuntos con su peculiar aroma.
“El cempasúchil híbrido no huele mucho, y el criollo huele bastante, así a lejos va pasando y ya empieza a llegar el aroma se dice que, pues nuestros difuntos seguían con el aroma de la flor del Cempasúchil, que es la flor principal para para el Día de Muertos, y por lo tanto tenemos que sembrar de las dos, el chiste es vender”.
Como parte de las actividades de turismo rural que los propios lugareños promueven en la región de los volcanes, el cultivo Tlamacazcalli de don Chencho estará abierto hasta el próximo 30 de octubre, cuando se realiza el corte de la flor.
“Este lo vendemos en ramos, y este lo vendemos, acá en la región se acostumbra a venderlo en pacas, que son unos bultos así grandes. Y de ahí se llevan, nos compran los revendedores y ya lo van a vender a los yanquis, a los panteones a donde se acomoda”, indicó.
HCM