En un entorno comúnmente asociado con el castigo y la exclusión, el Centro de Ejecución de Sanciones (Cedes) de Ciudad Victoria fue escenario de la unión de 21 parejas, quienes decidieron formalizar su relación mediante matrimonios colectivos, reafirmando que el derecho a amar, a formar una familia y a proyectar un futuro no se pierde tras los muros de una prisión.
Esta ceremonia no solo representó un trámite legal, sino un paso significativo en la reinserción social de las Personas Privadas de la Libertad (PPLs).
El evento contó con la asistencia de sus seres queridos, quienes degustaron mole, pastel y refrescos, lo que ayuda fortalecer los lazos familiares, mismos que son pilares fundamentales para la reconstrucción del tejido social y para la reducción de la reincidencia.
Un total de once de estos matrimonios se realizaron entre PPLs y diez más con personas externas, demostrando que los vínculos afectivos trascienden las circunstancias jurídicas y físicas.
Más allá del protocolo, la celebración incluyó tradiciones profundamente arraigadas en la cultura mexicana: el vals, la víbora de la mar y el lanzamiento del ramo. Gestos sencillos, pero poderosos, que devolvieron por unas horas la normalidad, la alegría y la esperanza a quienes participan en estos procesos de readaptación.
Eventos como este invitan a replantear la visión social sobre los centros penitenciarios: no solo como espacios de cumplimiento de sanciones, sino como lugares donde también se puede sembrar dignidad, responsabilidad y nuevas oportunidades de vida. Porque la reinserción social comienza cuando se reconoce, sin reservas, la humanidad de todas las personas.
SJHN