El carril exclusivo del Tuzobús se ha convertido en un punto crítico de riesgo vial pues tan solo en 2025 se registraron 61 siniestros que involucran directamente a unidades del sistema, además de 127 incidentes adicionales que afectaron infraestructura como estaciones, puentes y unidades, de acuerdo con datos expuestos por la secretaria de Movilidad estatal, Lyzbeth Robles.
La incidencia está vinculada a una práctica constante: la invasión del carril confinado por automovilistas particulares y aunque no existe un registro puntual de cada ingreso indebido, la autoridad reconoce que se trata de un fenómeno cotidiano que rebasa la capacidad de monitoreo. “Las invasiones no las tenemos registradas porque son constantes y no nos alcanza la vida para el contenido”, explicó.
El impacto no es menor pues cada unidad del Tuzobús traslada al menos 80 personas, lo que multiplica el riesgo cuando un vehículo invade la vía exclusiva; “hemos tenido siniestros con lesiones y con pérdidas de la vida que, lamentablemente, pudieron haberse evitado”, señaló, al advertir que estas maniobras ponen en peligro tanto a usuarios como a peatones y otros conductores.
La dimensión del sistema también explica la presión sobre el carril confinado pues el Tuzobús moviliza en promedio 73 mil personas al día, lo que equivaldría a decenas de miles de vehículos particulares si no existiera este esquema de transporte masivo. “Tendríamos que ocupar 54 vehículos para poder trasladar a las personas que manejamos hoy en una sola unidad”, precisó.
Frente a este escenario, el gobierno estatal optó por reforzar físicamente la delimitación del carril mediante la instalación de bolardos: la inversión destinada a esta intervención asciende a aproximadamente 29 millones de pesos, una cifra que refleja el costo de compensar la falta de cumplimiento de las normas viales. “El Estado está invirtiendo en la infraestructura pública para que sea de manera segura”, indicó, Robes.
La medida, sin embargo, no ha sido suficiente para erradicar la conducta. Incluso con bolardos, vialetas y señalización, las invasiones persisten. “Aún con bolardos… se siguen metiendo y todos se quieren echar carreritas dentro del carril confinado con el Tuzobús”, se reconoció, atribuyendo el problema a una deficiente cultura vial y a la falta de responsabilidad de conductores particulares.
El debate ha escalado al terreno público ante propuestas para retirar estos elementos de confinamiento. Desde la Secretaría de Movilidad se advierte que una decisión en ese sentido implicaría un retroceso. “Sería un sinsentido ir en contra de los espacios públicos ganados en materia de movilidad”, se afirmó, al vincular la operación del carril exclusivo con el ejercicio de derechos como el acceso al trabajo, la educación y la salud.
La autoridad insiste en que el carril exclusivo no es una concesión arbitraria, sino una medida regulada dentro del diseño urbano. “No es un capricho… estamos fundamentándose en la ley”, subrayó la funcionaria, en un contexto donde los siniestros continúan evidenciando el costo humano y material de ignorar esa infraestructura.