Era uno más del paisaje urbano: un poste de concreto y varillas, con el número de la CFE grabado a fuego y una maraña de cables enredados en la punta.
Sobrevivió al golpe de un auto que lo dejó tambaleante, con las varillas de acero al aire y la base hecha pedazos. Durante casi dos años fue testigo mudo del ir y venir de la Calzada del Águila, en la colonia Moderna, frente a Multimedios.
Con el paso de los meses, su deterioro fue destapando una verdad incómoda: en la ciudad, ninguna autoridad sabe a ciencia cierta quién debe hacerse cargo de la infraestructura abandonada.
El poste quedó en el limbo, mientras unos y otros se echaban la responsabilidad a partir de las quejas presentadas por la empresa de medios.
Una madrugada, el poste por fin cedió. El golpe seco de su caída no despertó a nadie.
Por fortuna, eran las horas en que la gente duerme. Pero basta imaginar lo que habría pasado en pleno día: los coches estacionados bajo su sombra, los mismos que cada mañana ocupan ese tramo, habrían quedado aplastados. Y quién sabe si algún transeúnte habría corrido la misma suerte.
El golpe que nadie quiso atender
Todo empezó el 4 de septiembre de 2024, cuando una cámara de videovigilancia captó el momento en que un vehículo que circulaba por Calzada del Águila perdió el control y se impactó contra el poste.
Se solicitó apoyo a la Dirección de Protección Civil de Guadalajara para retirar la estructura, ya que representaba un riesgo para los transeúntes y la vialidad.
Personal de la dependencia acudió al lugar y se limitó a colocar cinta amarilla preventiva alrededor del poste, argumentando que la atención de la estructura correspondía exclusivamente a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), por lo que no podían realizar su retiro o reubicación.
La cinta de advertencia permaneció en el sitio durante varios meses, sin que se llevara a cabo ninguna acción por parte de la empresa responsable.
Se notificó entonces a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que a su vez se deslindó. El poste, argumentaron, ya no sostenía líneas de su propiedad, sino únicamente cables de telecomunicaciones, por lo que la tarea no era de su competencia.
“Nos avisaron que, realmente, pues, eso no depende de ellos. Sin embargo, el mismo poste tiene un grabado que dice CFE y un número de folio”.
La confusión se hizo más grande porque el propio poste llevaba las siglas de la CFE y un número de identificación, pero eso no bastó para que la paraestatal lo retirara y eliminara el riesgo que representaba para los peatones.
Dos años inclinado, convertido en una bomba de tiempo
Así transcurrieron los meses. El poste se fue inclinando cada vez más, convirtiéndose en una bomba de tiempo y en un obstáculo que los vecinos tenían que esquivar.
Era un recordatorio diario de la inacción gubernamental en todos los niveles.
Finalmente, el 1 de julio de 2026, las varillas cedieron y la estructura colapsó sobre la banqueta.
Para entonces, la CFE ya había identificado a los responsables ante la insistencia de Multimedios para que se retirara el peligro.
La CFE ayudó a enviar oficios a las empresas de telecomunicaciones correspondientes, instándolas a retirar la infraestructura. Sin embargo, las compañías solo habían realizado ajustes menores en los cruces de fibra óptica, sin atender el retiro integral.
La propia CFE advirtió que el poste representaba una obstrucción para el tránsito peatonal y un peligro.
“Cabe señalar que se informó oportunamente sobre la situación de dicho poste y la necesidad de que fuera retirado. Sin embargo, las acciones realizadas se limitaron a la corrección de los cruces de fibra existentes, dejando pendiente la atención integral del incidente”.
En el documento también se reconoce que, debido a que el poste presentaba daños estructurales, este terminó colapsando y permanecía sobre la banqueta, “representando una obstrucción para el tránsito peatonal y un riesgo para los habitantes y usuarios de la vía pública”.
Por lo anterior, solicitaron que se realizaran las acciones necesarias para el retiro definitivo del poste y de cualquier infraestructura asociada con este, a fin de restablecer las condiciones de seguridad en el lugar y evitar posibles incidentes.
El peligro quedó en la calle; la responsabilidad, en el aire
Pero el desenlace no llegó sino hasta que, como medida de apoyo, se procedió al desmonte.
Este caso no es un hecho aislado. En distintos puntos de la Zona Metropolitana de Guadalajara es común encontrar postes deteriorados, cables acumulados y líneas que ya no cumplen función alguna.
El crecimiento desordenado de los servicios de telecomunicaciones ha llenado el cielo de la ciudad de un tendido caótico, mientras el mantenimiento y el retiro de lo obsoleto quedan supeditados a una madeja de responsabilidades difusas.
Los municipios tienen facultades para ordenar la imagen urbana, pero no siempre los recursos o la voluntad para hacer valer sus regulaciones; las empresas, por su parte, se amparan en la propiedad de sus redes para eludir costos; y la CFE, cuando la infraestructura ya no es suya, se desentiende.
El resultado es que el espacio público se convierte en un campo de batalla burocrático y los ciudadanos, mientras tanto, quedan expuestos.
Cuando los cables dejan de ser un problema estético
Los riesgos no son meramente estéticos.
En abril de 2022, José Fernando Ramírez perdió la vida tras caer de su motocicleta al enredarse con un cable en la calle Hospital; ese mismo año, un ciclista en avenida Alcalde terminó con el rostro contra el pavimento al tropezar con un tendido suelto.
En junio de 2023, un niño de siete años falleció en Tonalá al enredarse en cables de fibra óptica mientras viajaba con su padre en una moto; un mes después, un hombre de 60 años fue hallado muerto en un baldío, víctima de un cable con carga eléctrica que había caído.
La lista de accidentes crece mientras las autoridades y las empresas se pasan la responsabilidad como una pelota caliente.
Una ley que tampoco ha logrado desenredar el problema
En marzo de 2023, el Congreso de Jalisco aprobó una reforma al Código Urbano para ordenar la instalación, mantenimiento y retiro de infraestructura de telecomunicaciones, con miras a avanzar hacia el soterramiento del cableado aéreo y establecer obligaciones claras para las empresas.
Sin embargo, la aplicación de esta ley ha topado con recursos legales interpuestos por las compañías, que se resisten a asumir los costos de retiro.
Aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha reconocido las facultades municipales para regular este tipo de infraestructura, la falta de coordinación, de sanciones efectivas y de un atlas público de redes mantiene el problema enquistado.
El poste de Calzada del Águila, que durante casi dos años se mantuvo en pie como un testigo olvidado, no hizo más que evidenciar lo que ocurre a diario en cientos de esquinas de la ZMG: una infraestructura que creció sin planificación, un reparto de culpas que nadie resuelve y una ciudadanía que, mientras tanto, sortea peligros invisibles.
¿Cuántas señales de deterioro deben acumularse para que una estructura deje de ser un elemento urbano más y sea atendida como lo que realmente es: un riesgo latente para quienes, cada día, transitan bajo su sombra?
Finalmente, y después de mucho insistir, la CFE hizo el “favor de amigos” y retiró el poste del piso, mientras las cableras o empresas de telecomunicaciones tienen a la Zona Metropolitana de Guadalajara convertida en un tendedero.
CH