DOMINGA.– El perico es blanco y el tusi rosita, no te confunda, canta Bad Bunny. Se entienden las buenas intenciones pero la cosa no es tan fácil, al menos no en México, donde las drogas contaminadas no pueden adivinarse por colores. La nariz puede quedarte en modo nieve polar pero, sin que lo sepas, ese polvo blanquísimo que aspiraste podría estar adulterado con metanfetamina u otras sustancias. De modo que es casi imposible saber si lo que probaste es lo que compraste.
Ante la política punitivista, no existe ningún servicio público para verificarlo. Esa tarea ha recaído en organizaciones civiles, grupos de jóvenes movidos por las puras ganas de cuidar a las personas que quieren pasarla bien sin el riesgo de que la vida se les vaya en un pase. Eso es justo lo que hacen las Barbies Testeadoras del Bajío, una colectiva dedicada a la reducción de riesgos y daños en los usuarios de drogas.
La conforman a su vez otras organizaciones, como La Testería, de Aguascalientes; El After, Zanate, La Eriza y Recreo Lab, de Guadalajara; Viaja Seguro en Salamanca y una persona en Querétaro, todos en el centro del país, donde el consumo de drogas ha aumentado significativamente; la población que reportó haber probado una sustancia al menos alguna vez se duplicó entre 2016 y 2025; pasó de 9.4% a 15%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
No es casualidad que en esta región surgieran los colectivos. El Bajío es, por un lado, profundamente católico y conservador; por el otro, industrial y agrícola. Lo primero ha generado estigmatización y rechazo a las drogas; lo segundo, una dinámica socioeconómica que propicia su consumo para soportar las condiciones laborales.
Esta red, conformada en su mayoría por mujeres, hace mucho y de manera altruista: campañas de comunicación, conversatorios, intervenciones en diversos espacios con información sobre drogas, y otra actividad igual de divertida que peligrosa: el testeo en fiestas, raves, eventos culturales o de activismo, bares y también en sesiones privadas. Divertido, porque hay días en que les toca ir a eventos musicales; van arregladas y armadas con el kit de testeo y trabajan con DJs de música electrónica de fondo. Peligroso, porque la policía podría detenerlas arbitrariamente, criminalizarlas, o los dealers podrían violentarlas.
“En 2024 fuimos a hacer testeo en una rave en Guanajuato. Pusimos nuestro estand junto a otros que vendían merch del evento y otros que vendían café. Nos pusimos en una esquinita con todos nuestros materiales, que son unas postales con información sobre sustancias adictivas, una tabla de interacciones para que puedan ver de qué forma interactúa una sustancia con otra; mezclas que son de riesgo. Y se iba acercando la gente”, dice Mariana Mora, 33 años, una de las integrantes.
“Una compañera, que es muy buena hablando con la gente, estuvo recibiéndolos y explicándoles; otro hacía los análisis de las drogas y yo entregaba los resultados. Estuvimos toda la noche testeando”. El testeo consiste en tomar una diminuta porción de la droga en cuestión, verter unas gotas de un químico que pinta la sustancia y, dependiendo el color, es el tipo de sustancia que contiene. “Y ya cuando acabamos, al final, nos quedamos a bailar”, dice Mariana.
Este evento formó parte de una de las 17 sesiones de análisis de sustancias realizadas por esta colectiva en cinco estados de la República, entre 2023 y 2025.
En este periodo han tomado 117 muestras de cocaína, DMT, ketamina, LSD, MDMA, mescalina, tusi, metanfetamina, metilfenidato, tachas, que los usuarios llevaron voluntariamente a analizar. Los resultados dejan ver la pertinencia de esta tarea: 57.4% de las muestras no coincidió la sustancia reportada con los resultados del análisis o era diferente a la esperada o estaba mezclada. Por ejemplo: alguien llevó a analizar MDMA pero resultó que, en realidad, era metanfetamina, la droga que se ha expandido como ninguna otra en el país.
“Una vez una chica que fue a analizar su sustancia salió muy enojada y quería reclamarle a su dealer porque el producto estaba adulterado. Y a nosotras nos puso muy nerviosas: nuestra tarea no es poner en duda la calidad de lo que venden los dealers. Eso nos expondría mucho, nos pondría en riesgo. Lo que dijimos entonces fue: no te pelees con el dealer, enójate con el Estado, que sigue sin regular las drogas, que sigue criminalizando y que no tiene plan de reducción de daños”, dice Mariana.
El consumo acelerado de heroína, MDMA y cristal
Sara Uribe, 35 años, es de esa generación a la que ya no la dejaban tan fácil salir a jugar porque allá afuera se estaba librando una guerra contra el narco. En su juventud no entendía mucho del tema, pero de principio le parecía absurda la política punitiva de drogas. Decidió tomarlo en serio y empezó a revisar todo sobre el tema.
Estudió Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas como licenciatura y luego la maestría en Sociedad y Política, con interés específico en drogas, criminalización y militarización. Luego fue asistente de investigación en el extinto Programa de Política de Drogas del CIDE, donde se metió de lleno a la reducción de daños, con un enfoque especial en juventudes.
Uno de los tantos proyectos en los que participó allí tuvo como objetivo conocer las inquietudes, consumos y necesidades de reducción de daños en jóvenes bachilleres. De esa experiencia publicaron el cuadernillo Bien puestos, disponible en línea. Explican qué son las drogas, por qué se consumen, los estigmas y mitos que rondan; tiene ejercicios para reconocer emociones “porque al no saber cómo nos sentimos, es más fácil que nos empujen a hacer cosas que no queremos”; las diferencias en el uso dependiendo de su frecuencia, si es experimental, ocasional o recreativo, habitual, problemático o, si llega al límite, a la dependencia. Incluyen información útil, que las instancias oficiales no se preocupan por difundir.
Sobre los riesgos en el consumo de MDMA, la publicación aconseja:
Tomar más de 200 mg puede resultar en sobredosis. Si la consumes de forma seguida puede producir depresión, ansiedad, irritabilidad o paranoia. ¿Cómo reducir riesgos y daños asociados al consumo de tachas? Si padeces de alguna enfermedad del corazón o problemas de circulación, no la consumas. Recuerda que, generalmente, las tachas están adulteradas, así que siempre comienza por una dosis pequeña. Evita combinar esta sustancia con otras. [...] No compartas popotes, billetes o cartoncillos para inhalarlos. Es posible que te pongas más cariños@ de lo normal, por lo que es importante estar alerta para evitar abusos. Tus amig@s te cuidan, déjate cuidar.
Aunque el uso de cualquier sustancia tiene riesgos, no estamos condenados a sufrir los daños, se lee en una de las conclusiones del cuadernillo. “Con este estudio me di cuenta de que no había ningún tipo de esfuerzos así en El Bajío, enfocados en la reducción de daños, así que empecé a hacerlo”, dice Sara, una de las fundadoras de La Testería en Aguascalientes, actualmente trabaja en Youth RISE, una red internacional dedicada a reducir daños asociados al consumo de drogas entre jóvenes.
El primer reto de Sara fue adaptar la práctica de reducción de daños al contexto político, económico y social del Bajío. Y es que, aunque la reducción de daños se concibió desde 1993 por expertos en farmacodependencia de la OMS, en México no se puso en práctica hasta pasados los años 2000, y se concentró en la frontera norte. Ahí operan varias iniciativas, como Verter, en Mexicali, o Prevencasa, en Tijuana, donde las drogas ilegales sintéticas avanzan a ritmo frenético, causando estragos letales. Tan sólo en 2022 la Cruz Roja de Tijuana reportó más de 650 casos atendidos por posibles sobredosis relacionadas con opioides. Es natural entonces que la urgencia en estos lugares sea evitar muertes.
Estas organizaciones se han enfocado en atender a personas con problemas con el consumo de heroína, metanfetamina y fentanilo. Las estrategias de ambas incluyen la promoción de un consumo lo más seguro posible. En Verter ofrecen a los consumidores intercambio de jeringas usadas por nuevas, información sobre salud sexual, canalización a servicios de salud y defensoría de derechos humanos. Los de Prevencasa también intercambian jeringas, testean sustancias, aplican pruebas de detección de VIH, hepatitis C o tuberculosis, les curan heridas.
Pero en El Bajío tienen cifras menores de sobredosis y no es tan común el consumo de fentanilo o heroína. Hay otras condiciones y necesidades diferentes a las del norte y había que adaptar, enfatiza Sara.
Reducir daños en el consumo de drogas en El Bajío
Mucho del trabajo de las Barbies Testeadoras se concentra en la prevención, para evitar que se te vaya la vida cuando nomás querías divertirte. Una de las primeras actividades que organizaron fue el análisis de sustancias en una fiesta queer a la que fueron invitadas.
—¿Cómo fue esa experiencia?
—Hicimos materiales informativos con lo que teníamos en casa, pedimos donativos en especie y compramos los reactivos. La gente estaba curiosa. Al inicio como que no entendían nuestro enfoque, pero les decíamos que no veníamos a juzgar si era bueno o malo, más bien, que el consumo es ya una realidad y queremos acompañarlos. No sólo para que tengan mejores experiencias, sino, porque cuando hay un mercado no regulado, pues lo que te puedes esperar es que es que haya de todo en tu sustancia. Hicimos pruebas y sí, hubo sustancias adulteradas o sustituidas.
Con el tiempo Sara tuvo noticias de otras personas que hacían prácticas similares en estados vecinos. Se pusieron en contacto para aplicar testeos de manera coordinada, pasarse tips, repartirse gastos para adquirir los kits que necesitaban. Luego les hizo sentido unir esfuerzos y formarse como colectiva.
Así nació Barbies Testeadoras del Bajío. El logo dice mucho: es una morra con el pelo teñido de rosa, sombrero texano verde pistache, maquillada, de perfil y en duck face. Arriba dice el nombre de la organización y abajo una soga en forma de moño con una estrella sobrepuesta que en el centro tiene un gotero, como el que usan para aplicar los reactivos cuando analizan drogas.
“Nuestra identidad surgió en un momento de alegría y complicidad. Si la muñeca más heteronormativa y colonial nos dice que ‘podemos ser cualquier tipo de Barbie’, nosotrxs podemos ser las Barbies que buscan reducir riesgos y daños y se cuidan entre sí. Nuestra colectiva se conforma, en su mayoría, por identidades feminizadas y sabemos que en el mundo patriarcal que vivimos lo feminizado es visto como negativo: débil, demasiado sensible e irracional. Creemos que nuestra fuerza radica en reivindicar aquello que es entendido como femenino y valorar la sensibilidad, la ternura y el cuidado, pero también el humor y la creatividad con las que llevamos a cabo nuestra labor”, explican en su página web.
Muy pronto lanzaron “Hackeando al fascismo”, un curso en línea para analizar, entender y deconstruir las narrativas dominantes sobre las drogas, su relación con la militarización, el fascismo y su impacto en los derechos humanos. Esperaban pocos interesados, pero hubo más de 200 inscritos, no sólo de México, también del resto de América Latina. Hablaron sobre salud pública, impactos del prohibicionismo, la guerra contra las drogas, la reducción de daños y hubo un espacio para asesorías para el desarrollo de estrategias de incidencia a nivel local.
“Una chica que trabajaba en un anexo llegó con una propuesta que llamó ‘ciclos de ternura para resistir’, otro fue de charlas educativas en telesecundarias periféricas de San Luis Potosí, otro de mesas de trabajo con autoridades de Ciudad de México; hubo propuestas de fanzines, juegos de mesas, pódcast. Nuestra idea es que la reducción de daños no sólo se quede entre nosotras, que ya lo hacemos, sino que sea un espacio pedagógico para que se amplíe; que sean las propias comunidades quienes hagan tareas adecuadas a sus propios contextos. A lo mejor en Jalisco es más importante conocer el contexto prohibicionista para evitar que te desaparezcan, en otro estado es más pertinente contar con un protocolo para evitar una detención por posesión mínima de drogas y en otro hay necesidades diferentes”, dice Sara.
“Testear [drogas] es cuidar”
El Estado a veces llega demasiado tarde. Pasa con el análisis de drogas. Los hospitales pueden detectar sustancias adictivas cuando llega alguien a urgencias. Y los servicios forenses pueden hacer lo propio para determinar las drogas que almacena el cuerpo inerte que tienen en cámaras frigoríficas. “Intoxicado” o “muerto” son los dos modos en los que se realizan pruebas toxicológicas en este país, en el que drogas como la metanfetamina se ha colocado como la de mayor impacto en más del 95% del territorio nacional, según el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones.
En México portar drogas no es delito, siempre y cuando no supere los gramajes permitidos por la Ley General de Salud (más de cinco gramos de marihuana, 500 miligramos de cocaína, 40 miligramos de MDMA o de metanfetamina, por ejemplo). Aun así, no existe por ahora ninguna oficina de gobierno en la que puedas acudir a constatar la pureza de la droga que planeas consumir o si está contaminada con otra sustancia. Y mientras el mercado de drogas ilegales no esté regulado, existe una alta posibilidad de que la sustancia adquirida pueda estar adulterada o suplantada, advierte Sara Uribe.
No lo dice en vano. Las Barbies Testeadoras publicaron el pasado 20 de febrero el Primer Informe de Análisis de Drogas del Bajío. Lo titularon “Testear es cuidar” y contiene los resultados de análisis que hicieron entre noviembre de 2023 y julio de 2025 en Aguascalientes, Jalisco, Guanajuato, San Luis Potosí y Baja California. Hicieron 117 muestras de cocaína, DMT, ketamina, LSD, MDMA, mescalina, metanfetamina, metilfenidato, tusi y tachas no especificadas. Lo hicieron en eventos sociales, culturales, musicales y también en sesiones privadas.
La jornada de testeo se divide en tres momentos. Primero brindan información a quien se acerca voluntariamente, luego distribuyen parafernalia para reducir riesgos y daños en consumo –popotes personales, sueros en polvo, condones, agua, dulces–. En algunas ocasiones, entregan a los usuarios tiras reactivas para detectar fentanilo o metanfetamina cuando quieran hacerlo. Y entregan una tabla de interacciones con los riesgos de mezclar cocaína con alcohol u hongos con popper, o que la metanfetamina con casi cualquier otra droga es “muy peligroso”. Finalmente en un tercer momento hacen el análisis de drogas con colorimetría.
De este modo, las Barbies Testeadoras pudieron saber que en seis de cada 10 muestras analizadas desde noviembre de 2023 y hasta julio de 2025 en El Bajío, el resultado no coincidió con la sustancia reportada por los usuarios. Y de ese universo que no coincidió, 56.4% contenía una sustancia diferente a la reportada, es decir, se trató de una suplantación, que es cuando se reemplaza completamente una droga por otra por sus efectos similares. En el resto (43.5%) se identificó la sustancia reportada más otras, es decir, se trató de una adulteración.
“En 84.6% de las muestras analizadas como cocaína, el resultado no coincidió con la sustancia reportada. Para el caso del LSD, este porcentaje fue de 61.5%. Y de las pocas muestras de DMT, ketamina y tusi que analizamos, ninguna coincidió con el resultado esperado. El 54% de las muestras de cocaína contenía metanfetamina como adulterante y 19.2% contenía metanfetamina como suplantador.
“En las tachas, encontramos que 13% de las muestras contenía MDMA y metanfetamina y otro 13% sólo dio positivo a cristal. Finalmente, 13.5% de las muestras de MDMA contenía sólo metanfetamina, 5.4% contenía ambas sustancias y 10.8% dio positivo a cristal y MDA, sin contener MDMA.
“La diferenciación entre metanfetamina, MDMA y MDA es importante: la primera genera mayores efectos estimulantes y se asocia con un mayor potencial para generar dependencia que la MDMA y la MDA. Además, la metanfetamina tiene mayor potencial para generar daños neurológicos y cardiovasculares que la MDMA”, se lee en el informe.
¿Por qué hay drogas adulteradas o sustituidas?
Las Barbies Testeadoras aclaran que no es necesario que la adulteración o la suplantación sea algo deliberado. La adulteración puede ser resultado de una contaminación, mientras que la suplantación en algunos casos puede ser el resultado de fallas o imprecisiones en el proceso de producción. “Tanto los adulterantes como los suplantadores incrementan los riesgos y daños ya que pueden aumentar la toxicidad, potenciar o modificar los efectos debido a la impredecibilidad de la combinación con otras sustancias que la persona pueda tomar”, advierten.
Sara explica que estos análisis no pueden determinar el grado de pureza de una sustancia; sólo confirman o descartan la presencia de ciertas drogas. “Para tener exactitud necesitaríamos un aparato carísimo que no tenemos. Aún así, creemos que con estos datos las personas tendrán más información para decidir mejor sobre su consumo”, dice.
—Las escucho hablar y noto palabras como “cuidado colectivo”, “evitar daños”, “prevenir”, “salvar vidas”, pero me da la impresión de que las personas, en general, no ven bien la reducción de daños. ¿Lo han percibido así?
—Nos pasa un montón. Es difícil comunicar lo que hacemos sin que la gente piense que estamos promoviendo el consumo de drogas. En realidad, el gobierno las promueve mejor con sus campañas oficiales –se burla Sara–. El consumo ya existe, entonces, urge ver cómo reducimos riesgos y daños; urge ofrecer información para que las personas usuarias de drogas tengan la agencia de decisión porque el Estado no está garantizando ni calidad ni seguridad.
GSC/ATJ