Las personas de 50 años y más en México han modificado la forma en que utilizan su tiempo, combinando prácticas tradicionales con una incorporación creciente a herramientas digitales. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (Enasem) 2024 del Inegi, 84.6 por ciento de esta población participa en actividades de comunicación como hablar por teléfono, enviar mensajes o utilizar internet, lo que refleja una adopción extendida de tecnología en un grupo que históricamente había estado menos vinculado a estos entornos.
Este cambio no implica el abandono de hábitos previos sino una reconfiguración. Ver televisión sigue siendo una de las actividades más frecuentes, aunque su presencia disminuyó 6.1 puntos porcentuales en comparación con 2012. En paralelo, actividades como leer libros, revistas o periódicos, realizar crucigramas o juegos de números, y llevar a cabo mantenimiento o reparaciones en el hogar continúan formando parte de la rutina.
En términos de percepción, los niveles de satisfacción con la vida se mantienen altos. Más de 80 por ciento de la población declara estar satisfecha con su vida.
Sin embargo, los indicadores más exigentes muestran matices: una proporción menor considera que sus condiciones de vida son excelentes o que no cambiaría casi nada si volviera a empezar. La percepción de bienestar presenta variaciones por edad. El acuerdo con la frase “mi vida está cerca del ideal” aumenta con los años, pasando de 73.6 por ciento en el grupo de 50 a 59 años a 79.5 por ciento en personas de 70 a 79 años, con una ligera disminución en los mayores de 80 años.
Las diferencias por sexo se mantienen en todos los grupos. Las mujeres registran niveles más bajos de satisfacción en comparación con los hombres, particularmente en edades avanzadas, donde la distancia se amplía.
Reducción de autonomía
Las limitaciones funcionales se incrementan conforme avanza la edad en la población de 50 años y más. Las principales dificultades se concentran en levantarse de la cama y caminar, con mayor prevalencia en las mujeres.
Entre 2018 y 2024, estas limitaciones aumentaron en ambos sexos, lo que refleja un deterioro progresivo en la capacidad física. En actividades instrumentales como hacer compras o preparar alimentos, 9.3 por ciento presenta al menos una limitación. En mujeres la cifra alcanza 12.4 por ciento, mientras que en hombres es de 5.8 por ciento.
Este deterioro impacta directamente en la autonomía y aumenta la necesidad de apoyo en la vida cotidiana, especialmente en edades avanzadas.
Consumen más alcohol
El consumo de tabaco en personas de 50 años y más se ubica en 11.6 por ciento en 2024, con una tendencia a la baja respecto a años anteriores. La reducción es más marcada en mujeres, donde el consumo pasó de 7.6 a 5.0 por ciento entre 2012 y 2024.
En hombres, aunque también se observa una disminución, el nivel sigue siendo considerable mente más alto, pasando de 20.6 a 19.0 por ciento en el mismo periodo. Esta diferencia se mantiene en todos los grupos de edad.
El consumo de alcohol presenta una tendencia opuesta. En 2024, 29.8 por ciento de la población declara consumirlo. En hombres, el aumento es más evidente, al pasar de 39.4 a 46.0 por ciento en poco más de una década.
Envejecen más mujeres
En México, 32 millones de personas han superado los 50 años, con una composición donde las mujeres representan el 52.8 por ciento frente a 47.2 por ciento de hombres. Así, la mayor concentración se ubica entre los 50 y 59 años, mientras que la proporción disminuye conforme avanza la edad, reflejo directo del proceso de envejecimiento y mortalidad en la población.
Más de la mitad de esta población reside en localidades menores a 100 mil habitantes, lo que implica condiciones diferenciadas en acceso a servicios, empleo y redes de apoyo. Este entorno influye en la forma en que se vive el envejecimiento, especialmente en zonas con menor infraestructura.
Por su parte, el nivel educativo muestra avances respecto a años anteriores, pero no elimina la desigualdad. En 2024, 11.5 por ciento de las mujeres no cuenta con escolaridad, frente a 8.0 por ciento de los hombres.
En el ámbito laboral, la brecha es más marcada según el género. Más de seis de cada 10 hombres de 50 años y más continúan en trabajo remunerado, mientras que en mujeres la proporción alcanza 29.9 por ciento.