El ataque registrado en la Zona Arqueológica de Teotihuacan, donde una mujer canadiense perdió la vida y 13 personas extranjeras resultaron lesionadas, abrió un debate sobre los factores sociales y psicológicos detrás del agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez.
De acuerdo con el coordinador del Centro de Estudios y Servicios Psicológicos Integrales (CESPI) de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Alejandro Gutiérrez Cedeño, el caso apunta a la combinación de un fenómeno de imitación delictiva tipo copycat y un entorno que no detectó a tiempo cambios de conducta relevantes.
Las autoridades han referido que el joven presentaba un perfil psicopático con posible obsesión por la masacre de Columbine, ocurrida el 20 de abril de 1999 en Estados Unidos; ante ello, el especialista sostuvo que este tipo de hechos requiere un análisis más amplio que incluya factores familiares, sociales y de salud mental.
Fenómeno 'copycat' y ruptura con la realidad
Gutiérrez Cedeño explicó que el concepto copycat implica la reproducción de conductas observadas en otros contextos, lo que puede vincularse con procesos psicológicos más complejos cuando existe una desconexión con la realidad.
“Yo creo que estamos ante dos circunstancias muy particulares. Una, efectivamente, la manera en cómo puedo yo copiar una serie de conductas o de comportamientos, me parece que son un tema de tejido social en general, un tema de, por supuesto, formación, educación, cultura, y que seguramente pronto, como familias, vamos perdiendo el objeto, vamos perdiendo la visión, vamos perdiendo la posibilidad de observar ciertos comportamientos en algún integrante de nuestras familias, de tal manera que de lo social podemos pasar a la parte psicológica”, indicó.
El especialista detalló que, en escenarios de psicosis, la persona rompe su vínculo con el entorno y pierde la capacidad de reconocer el daño que puede causar, lo que complica la detección temprana si no existen mecanismos de observación cercanos.
“Estamos ante un tema de una psicosis, de una psicopatía, que es cuando ya rompo mi relación con el entorno, rompo mi relación conmigo mismo, ya no soy capaz de entender, comprender el daño que yo pueda generar”, explicó.
A reserva de lo que arrojen los trabajos periciales, el especialista consideró que el agresor pudo haber sufrido alguna paranoia. "Esa sensación de ser héroe, esa sensación de que me persiguen, esa sensación de 'voy a hacer algo por la humanidad', quiere decir que ya estamos hablando de un trastorno que ya no tienes consciencia de la persona".
Añadió que la coincidencia de fechas con hechos ocurridos en otros países puede formar parte de una planeación deliberada, lo que refuerza la hipótesis de imitación.
“Por lo tanto, ahí estamos hablando de un plan, de una ejecución, que fue seguramente estratégicamente planeada por algunos de los indicios que nos comparten y que nos comentan. Y, efectivamente, es replicar algún escenario de esta manera, donde quizás no se dimensiona en un principio el daño profundo que se puede causar a las personas que estén próximas y cerca de nosotros”, apuntó.
Señales en el entorno cercano
El coordinador del CESPI indicó que la prevención recae en gran medida en la capacidad de familias, escuelas e instituciones para identificar cambios de conducta, hábitos o actitudes que rompan con lo cotidiano, sin esperar a que se acumulen todos los indicadores.
“Yo creo que nadie es ajeno a un hijo cuando deja de comer, cuando hay trastorno alimenticio, cuando deja de dormir, cuando hay trastorno ya del sueño, cuando hay una constante y frecuente violencia con mi entorno social, me parece que es solo el mundo de la prevención, tener esta capacidad de observar lo que está siendo modificado ya en mi entorno familiar”, indicó.
También advirtió sobre la influencia de entornos digitales y grupos cerrados donde se pueden reforzar conductas de riesgo o ideas violentas, lo que puede derivar en una percepción distorsionada de la realidad.
“De pronto, hoy sabemos que a través de grupos sociales se puede invitar a la violencia a través de redes, a veces muy cerradas, pueden compartir fenómenos. Digo, hemos sabido a través de la historia de pronto hasta de, por ejemplo, suicidios colectivos, donde en este fanatismo sacrifican su propia vida por un ideal que solo ellos entienden y solo ellos comprenden", mencionó.
Llamado a la observación y prevención
Gutiérrez Cedeño destacó que la detección oportuna depende de la atención a señales simples, como cambios en hábitos de higiene, aislamiento, alteraciones en el sueño o modificaciones en la conducta social, las cuales pueden presentarse de forma aislada y no necesariamente en conjunto.
En ese sentido, enfatizó la necesidad de una participación activa de la comunidad para identificar comportamientos atípicos antes de que escalen.
“Entonces somos la población en general, la población civil, la población educativa, la población de la salud, quienes tendríamos que estar pendientes, porque ¿sabes qué es lo más lamentable? Es que después escuchamos frases como 'yo lo veía raro', 'ya me había dado cuenta de algo', 'pasaban cosas similares', pero no nos habíamos percatado ni tomado decisiones", destacó.
PNMO