Los organizadores de los viacrucis del Arbolito, Cubitos y las Lajas sostuvieron un conversatorio sobre los orígenes de estas representaciones que se han transmitido entre generaciones y las cuales, además de ser punto de encuentro de los creyentes, también sirven para fomentar la sana convivencia entre los habitantes de los barrios de Pachuca.
“Los viacrucis generan un compromiso con la sociedad, ya que deben trascender más allá de la Semana Santa con conductas ejemplares de quienes participan en su interpretación”, expusieron durante el encuentro llevado a cabo en la sala Salvador Toscano, en el exconvento de San Francisco.
Desde la fe, los organizadores de los viacrucis buscan que los habitantes de los barrios sean buenos ciudadanos, ya que ponderaron la cohesión social de estas representaciones, además de que señalaron que es necesario trabajar en la recuperación de su memoria histórica.
Viacrucis de El Arbolito
El viacrucis de El Arbolito nació en 1969, impulsado por jesuitas y jóvenes de la comunidad. Los trajes y cascos se confeccionaron con sencillez, incluso con materiales de las minas, lo que le dio un carácter único. Su fundador, Enrique Pichardo Ramírez, fue clave en consolidar esta tradición que se convirtió en modelo para otras representaciones en Pachuca.
Viacrucis de Cubitos
El viacrucis de Cubitos comenzó en 1971, organizado por vecinos inspirados en la representación de Iztapalapa. Con trajes sencillos y gran participación comunitaria las escenas se realizaron en el cerro de las Cruces, convirtiéndose en una tradición que unió fe y esfuerzo colectivo.
El viacrucis anual refuerza la identidad comunitaria y religiosa del barrio, al consolidar al cerro de la Cruz como espacio sagrado y símbolo de la memoria de Cubitos, que pasó de rancho y zona minera a comunidad cohesionada con fuerte sentido cultural.
Viacrucis de Las Lajas
El viacrucis de las Lajas nació en 1981 derivado del esfuerzo vecinal. Al inicio carecían de recursos, pero con donaciones realizaron las primeras representaciones narradas por religiosos del templo de San Francisco.
Incluso, añadieron el rasgo distintivo de colocar al Cristo dentro de una cueva, lo que dio identidad propia a la tradición y lo convirtió en símbolo de unión comunitaria.
A su vez, este viernes inauguraron una exposición sobre los objetos que emplean en los viacrucis, tales como penachos, cascos, escudos romanos, cruz de madera, corona de Cristo, látigo y carteles alusivos a estas representaciones durante el paso del tiempo.