El consumo de drogas entre niños y adolescentes en la capital colombiana registra un repunte sostenido, acompañado de una transformación del mercado ilícito marcada por la proliferación de nuevas sustancias psicoactivas, mezclas químicas impredecibles y una diversificación que complica su detección y tratamiento, alertaron autoridades de salud y análisis técnicos.
“Estamos trabajando en identificar nuevas sustancias psicoactivas en el distrito y poder reconocer cuál es la problemática y qué están consumiendo las personas”, explicó Diana Sofía Ríos, subdirectora de Determinantes en Salud de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá.
El incremento ya es visible en los registros oficiales. En un año, los casos en población menor de edad pasaron de mil 400 a mil 700. “Son cerca de 300 casos adicionales por año en el uso de este tipo de sustancias”, precisó.
“La preocupación principal que tenemos es sobre niños, niñas y adolescentes, aunque eso no quiere decir que no se esté consumiendo en otros grupos poblacionales”, subrayó en entrevista con MILENIO.
El patrón de consumo también ha cambiado en su forma. “Muchos jóvenes prefieren una pastillita porque no quieren que sus papás reconozcan que están consumiendo algún tipo de droga”, indicó.
Estas presentaciones, en tabletas, polvos o líquidos, facilitan su distribución en entornos recreativos y escolares y responden a patrones internacionales de comercialización de drogas sintéticas.
“Todas estas drogas sintéticas causan placer y responden a una búsqueda constante de nuevas emociones”, explicó.
“Se las están vendiendo mucho más económicas que otras sustancias”, indicó en entrevista.
El eje de muchas de estas mezclas es la ketamina. “Estamos trabajando muy fuerte con otros sectores, porque la ketamina es un producto muy utilizado en servicios veterinarios”, señaló.
“Estamos fortaleciendo la regulación en veterinarias para evitar que este producto se desvíe hacia el consumo humano”, añadió.
La ketamina figura entre los principales compuestos detectados, junto con MDA, MDMA y cafeína, en un escenario de “elevada frecuencia de mezclas y adulteraciones” y policonsumo.
Aunque los efectos pueden no ser inmediatos, el impacto es progresivo. “Si bien genera adicción, los daños pueden ser más espaciados en el tiempo, lo que también funciona como un gancho”, explicó.
Con el avance del consumo, los efectos comienzan a ser visibles. “Empiezan a tener deterioro en la calidad de vida y en la percepción de la realidad”, advirtió.
El fenómeno responde a una tendencia por diseñar y poner a disposición nuevas sustancias psicoactivas, lo que constituye “uno de los principales retos para la salud pública, los sistemas de vigilancia epidemiológica y los marcos de control de drogas”, debido a su rápida evolución, su constante modificación química y la limitada información sobre sus efectos.
Además, Bogotá se configura como un punto crítico por su “alta densidad poblacional, la diversidad de contextos de consumo y su papel como nodo estratégico en la circulación de drogas sintéticas”, lo que incrementa la complejidad del problema y su rápida expansión en entornos urbanos.
El análisis que sustenta estas alertas forma parte de un esfuerzo internacional enmarcado en la Alianza de Ciudades Saludables (Partnership for Healthy Cities), una iniciativa impulsada por Vital Strategies, en coordinación con la Universidad Nacional de Colombia y la Secretaría Distrital de Salud, orientada a fortalecer la respuesta de las ciudades frente a riesgos emergentes en salud pública.
A diferencia de patrones previos, el consumo ya no se centra en sustancias únicas. “No son puras, son combinaciones de varios anestésicos o varias sustancias”, indicó Ríos.
Los hallazgos científico de las muestras analizadas evidencian “prácticas generalizadas de adulteración y sustitución”, donde incluso las drogas comercializadas como éxtasis contienen múltiples compuestos activos y rara vez corresponden a su composición original.
“Estamos identificando químicamente qué es lo que están teniendo estas sustancias y apenas estamos teniendo los primeros resultados de las muestras que estamos llevando al laboratorio”, añadió.
Estas combinaciones pueden incluir cocaína, marihuana y medicamentos. “Son fármacos de diferente tipo combinados en distintas formas”, explicó.
“El riesgo es que, al ser una combinación de tantos fármacos, no podamos saber cuál es el tratamiento adecuado”, advirtió.
A nivel técnico, estas mezclas generan “efectos farmacológicos impredecibles” y aumentan la probabilidad de intoxicaciones, psicosis, sobredosis y otras complicaciones graves para la salud.
En los servicios de urgencias, esta variabilidad complica la atención. “Todavía no es tan fácil que el profesional de salud identifique este tipo de intoxicaciones y muchas veces la primera elección del médico puede ser otro tipo de diagnóstico”, reconoció.
El aumento comenzó a detectarse hace tres o cuatro años, pero ahora “estamos haciendo un esfuerzo más fuerte para entender lo que está pasando con los jóvenes”, explicó.
Las autoridades han reforzado la intervención en escuelas y comunidades. “Estamos llegando a diferentes entornos haciendo prevención, porque la idea es que, independientemente de si ya consumiste, no te quedes en el consumo de sustancias psicoactivas”, dijo.
“También estamos llegando con activos comunitarios a personas que no están en el sistema escolar y que saben cómo está circulando la droga”, añadió.
Se está snalizando, científicamente,el impacto de las combinaciones, y sus diferentes efectos, incluso las euforias en las distintas poblaciones.
Ciertas sustancias suelen comercializarse como drogas tradicionales, lo que “dificulta su identificación y aumenta el riesgo de intoxicaciones agudas y muertes”, especialmente entre consumidores jóvenes que desconocen su composición.
Frente a este panorama, las autoridades buscan mejorar la respuesta sanitaria.
“Buscamos con el estudio es conocer qué sustancias se están combinando para mejorar las intervenciones en salud pública y ser más efectivos en el tratamiento”, explicó.
En paralelo, mantienen vigilancia sobre otras drogas. “No hemos evidenciado un consumo fuerte de fentanilo en la ciudad, no es un problema de salud pública en Bogotá”, aclaró.
A nivel global, el fenómeno mantiene una expansión sostenida, es decir, más de mil 300 nuevas sustancias psicoactivas han sido identificadas en el mundo, lo que refleja una “alta capacidad de adaptación y transformación” del mercado ilícito.
En Colombia, el monitoreo de muestras confirma esta tendencia, con la detección de compuestos emergentes, nuevas moléculas y combinaciones diseñadas para evadir controles legales y analíticos, lo que prolonga su circulación y eleva su potencial de daño, especialmente en poblaciones jóvenes.
Por ahora, el aumento en menores, la expansión del policonsumo y la sofisticación química del mercado configuran un desafío creciente para las autoridades sanitarias en Bogotá, en un contexto donde la prevención, la vigilancia y la regulación resultan claves para contener una crisis emergente.
Los estudios efectuados en Colombia seguramente contribuirán al resto de países de América Latina para que efectúen sus propios proyectos de prevención y atención.
LG