Los semáforos seguirían cambiando de color aunque ya no hubiera autos pasando frente a ellos. Algunas luces permanecerían encendidas durante horas y miles de edificios quedarían intactos, pero completamente vacíos. Después vendría algo raro: el silencio absoluto.
Ese escenario fue planteado por Jorge Arturo Meave del Castillo, profesor emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM, al reflexionar sobre qué podría pasar si la humanidad desapareciera de golpe por una pandemia, una guerra nuclear o incluso el impacto de un meteorito.
La idea parece sacada de una serie o una película postapocalíptica, pero el académico sostiene que la Tierra seguiría funcionando. Lo que sí colapsaría muy rápido serían muchos sistemas que hoy dependen totalmente de las personas.
En algún momento fallaría la electricidad. Después comenzarían los problemas en ciudades enteras: inundaciones en edificios abandonados, ventanas rotas por tormentas y plantas creciendo entre banquetas, avenidas y carreteras que antes estaban llenas de tráfico, relata el investigador.
Con el paso de los años, muchas zonas terminarían cubiertas por vegetación.
Durante la pandemia ocurrió algo que puede dar un ejemplo de lo que pasaría
Durante la pandemia de covid-19 ya ocurrió algo que sirvió como ejemplo. Mientras millones de personas permanecían encerradas, comenzaron a aparecer animales en lugares donde normalmente solo se ven autos, ruido y gente.
En distintas partes del mundo fueron vistos venados, zorros y otras especies caminando por calles prácticamente vacías. Incluso algunas zonas de Ciudad Universitaria comenzaron a verse más descuidadas y llenas de vegetación en relativamente poco tiempo.
Para el investigador, eso demuestra que la naturaleza recupera espacios mucho más rápido de lo que solemos imaginar.
También habría menos contaminación. Ríos, bosques y otros ecosistemas tendrían oportunidad de regenerarse poco a poco al dejar de recibir basura, humo y toneladas de residuos.
¿Qué pasaría con los animales?
Muchas especies domesticadas dependen casi totalmente de los humanos para alimentarse, protegerse o reproducirse. En un escenario así, varias no resistirían demasiado tiempo. Pero otras sí tendrían posibilidades de adaptarse.
Los perros son uno de los casos más claros. Actualmente existen manadas que sobreviven sin dueños en distintas partes del mundo y logran encontrar alimento y refugio por su cuenta.
Algo parecido podría ocurrir con algunos animales de granja si consiguen escapar y adaptarse a nuevos entornos.
Mientras tanto, numerosas especies silvestres recuperarían territorios ocupados durante décadas por ciudades y zonas agrícolas.
La desaparición humana tampoco detendría los cambios del planeta. La Tierra ya atravesó periodos extremos mucho antes de la aparición del Homo sapiens.
La diferencia es que ahora muchos cambios avanzan más rápido por actividades humanas como la contaminación y la quema de combustibles fósiles. Aun así, el planeta seguiría moviéndose a su propio ritmo.
Algunas especies desaparecerían, otras encontrarían la forma de adaptarse y nuevos ecosistemas terminarían apareciendo con el tiempo.
JCM