Actualmente, muchas personas ven en el gimnasio la mejor opción para mantenerse activas. Y aunque a principios de año se registra el mayor número de inscripciones, existe otro mes clave en el que resurge el interés por entrenar: septiembre.
Y es que, tras el descanso veraniego, el entusiasmo por retomar la rutina física vuelve a elevarse. Pero, ¿por qué tantas personas eligen este mes para reiniciar sus hábitos? Aquí te lo contamos desde la óptica de la psicología.
¿Qué dice la psicología de aquellos que se apuntan al gym en septiembre?
De acuerdo con una entrevista publicada por La Vanguardia, Álex Núñez, psicólogo deportivo y coach mental gallego, reveló que la personas que se inscriben al gimnasio en septiembre suele estar motivadas por nuevos objetivos, pero también por comparaciones con el estado físico alcanzado antes de las vacaciones.
Explicó que septiembre funciona en el imaginario colectivo como un segundo enero. Es el mes de los buenos propósitos, los cuadernos en blanco y, de forma masiva, las inscripciones en el gimnasio.
Sin embargo, tras esa oleada inicial de entusiasmo suele esconderse un fenómeno psicológico complejo: el deseo de reinicio convive con la frustración, la prisa por recuperar el tiempo perdido y una relación tirante con la propia imagen corporal.
Al retomar el ejercicio tras varias semanas de inactividad, es habitual sentir que se ha perdido la forma física. Núñez explica que esa percepción combina una parte física real con la interpretación personal que cada uno hace de sus sensaciones.
Uno de los fallos más frecuentes es convertir una sensación puntual en una conclusión definitiva. Un entrenamiento duro o con peor rendimiento de lo esperado no significa que se haya perdido todo lo conseguido durante los meses anteriores.
Para el psicólogo, esa primera sesión debe entenderse como información útil sobre el estado del día, no como una evaluación o un examen definitivo sobre la capacidad física de la persona.
Destacó que la vuelta al gimnasio se complica cuando la referencia utilizada no es el nivel previo a las vacaciones, sino el momento de mayor rendimiento del año: la mejor marca personal o el pico de forma alcanzado en junio.
Esta comparación poco realista provoca el deseo de recuperar el nivel de forma rápida. Intentar conseguir en pocos días lo que llevó meses construir genera frustración y lleva a aumentar la carga de entrenamiento más de lo recomendable, lo que eleva el riesgo de molestias físicas y lesiones.
Por otra parte, datos aportados por NMTK , una página enfocada a la salud física, señaló que las personas que se inscriben al gym en septiembre suelen estar motivadas por emociones negativas, como la insatisfacción con la propia imagen o la culpa por la falta de rutina durante el verano.
Núñez advirtió de que utilizar el ejercicio como una compensación por lo comido o no entrenado durante las vacaciones genera una relación problemática con el deporte. La motivación basada en la culpa puede servir para empezar, pero no garantiza la consolidación de una rutina.
Para evitar que septiembre sea un proceso estresante y lograr que el ejercicio se mantenga en el tiempo, Álex Núñez propuso cambiar la forma en que se aborda el regreso al gimnasio, partir del estado actual, definir los objetivos teniendo en cuenta la condición física real de hoy, sin tomar como exigencia el nivel de antes del verano.
Posteriormente, sugirió llevar un auto registro, anotar las sesiones valorando las sensaciones. Destacó que también es importante interpretar los resultados como datos: entender cada sesión como información sobre cómo responde el cuerpo, evitando juzgar cada entrenamiento como un éxito o un fracaso.
Finalmente dijo que se debe plantear septiembre como el comienzo de una nueva etapa, y no como una prueba para demostrar que se conserva el nivel previo a las vacaciones.
APC