La acumulación de grasa abdominal y las alteraciones metabólicas se asocian con un riesgo 61 por ciento mayor de cáncer de endometrio, 58 por ciento de páncreas, 56 por ciento de mama después de la menopausia y 42 por ciento de cáncer rectal, además de relacionarse con una mayor probabilidad de recurrencia y un peor pronóstico en pacientes que ya desarrollaron tumores malignos, advirtió Yazmín Carolina Blanco Vázquez, médica oncóloga del Centro Médico ABC.
Durante el Congreso Médico Internacional Salud Digna 2026, la especialista explicó que el síndrome metabólico, caracterizado por la combinación de alteraciones como obesidad abdominal, presión arterial elevada, glucosa alta y trastornos de los lípidos, constituye un factor de riesgo que puede intervenir tanto en la aparición como en la evolución de diferentes tipos de cáncer.
Los riesgos son de 1.61 para cáncer de endometrio, 1.58 para páncreas, 1.56 para mama posmenopáusica y 1.42 para cáncer rectal. Cifras que representan incrementos relativos frente a los grupos de comparación y no significan que esos porcentajes de mujeres desarrollarán la enfermedad.
Blanco Vázquez destacó que las consecuencias de estas alteraciones no terminan con el diagnóstico de cáncer. La resistencia a la insulina, incluso sin diabetes diagnosticada, se ha relacionado con mayor probabilidad de recurrencia, menor tiempo libre de progresión y aumento de la mortalidad por cáncer, particularmente entre pacientes con tumores de mama.
La oncóloga citó investigaciones en las que se identificó un indicador de mortalidad por cáncer de 1.83 asociado con resistencia a la insulina, aunque durante su exposición no especificó la medida estadística empleada, por lo que no puede interpretarse directamente como un porcentaje de incremento.
“Si tú tienes resistencia a la insulina, ni siquiera tienes que ser diabética descontrolada, tienes mayor probabilidad de que te recurra el cáncer, a pesar de que fuiste un cáncer en etapa temprana”, señaló.
Uno de los mecanismos que explicó esta relación es la actividad del tejido adiposo, que no funciona únicamente como depósito de energía, sino que también participa en procesos hormonales e inflamatorios.
En las mujeres después de la menopausia, la enzima aromatasa presente en el tejido graso interviene en la producción de estrógenos, hormonas que pueden estimular el crecimiento de determinados tumores mamarios sensibles a ellas.
A este proceso se suman el aumento de leptina, la disminución de adiponectina y la producción de sustancias inflamatorias, como las interleucinas 6 y 8 y el factor de necrosis tumoral, relacionadas con mecanismos de proliferación celular y progresión tumoral.
La especialista subrayó que el peso corporal por sí solo no permite identificar todos los riesgos, debido a que una persona puede registrar un índice de masa corporal normal y, al mismo tiempo, presentar exceso de grasa y una cantidad insuficiente de músculo.
“Puedes tener un índice de masa corporal normal y tener un exceso de grasa”, afirmó al presentar investigaciones prospectivas que relacionan esta composición corporal con mayor riesgo de cáncer de mama.
En esos estudios se identificaron alteraciones en marcadores como monocitos, neutrófilos y gamma-glutamil transferasa (GGT), además de asociaciones con metabolitos como el hidroxibutirato. La oncóloga aclaró que este último requiere mayor investigación antes de considerarse una herramienta para predecir la enfermedad.
El problema también se extiende a los hombres. Blanco Vázquez señaló que el síndrome metabólico se relaciona particularmente con el cáncer de hígado y con tumores de próstata de alto grado, mientras que en las mujeres se han identificado asociaciones con un mayor número de localizaciones tumorales.
La especialista recordó que existen 13 tipos de cáncer asociados con la obesidad y que el exceso de grasa corporal, la resistencia a la insulina y la inflamación persistente forman parte de los mecanismos investigados para explicar esta relación.
También destacó la importancia de conservar masa muscular durante el tratamiento oncológico, debido a su relación con el estado nutricional y la capacidad física de los pacientes, además de que numerosos esquemas de quimioterapia utilizan la superficie corporal, calculada con el peso y la talla, para determinar sus dosis.
Caminar 10 mil pasos y reducir el riesgo
En materia de prevención, Blanco Vázquez presentó investigaciones que asocian caminar alrededor de 10 mil pasos diarios, equivalentes aproximadamente a ocho kilómetros, con una reducción de hasta 30 por ciento en el riesgo de determinados cánceres, entre ellos los de mama, colon, vejiga, endometrio, esófago y estómago.
La cantidad de actividad física disminuye 20 por ciento en la mortalidad, aunque se trata de asociaciones estadísticas y no de una garantía de protección individual contra el cáncer.
La oncóloga explicó que el sedentarismo y una alimentación con bajo contenido de fibra también pueden modificar la composición del microbiota intestinal, un conjunto de microorganismos que participa en la digestión, el metabolismo y la regulación de procesos inflamatorios.
Entre los mecanismos investigados mencionó la producción de lipopolisacáridos y su interacción con el sistema inmunitario, así como las alteraciones relacionadas con el metabolismo de los ácidos grasos y la resistencia a la insulina.
Por ello, recomendó aumentar gradualmente el consumo de fibra mediante alimentos como chía, linaza, aguacate, frutas enteras, lentejas, garbanzos y frijoles, además de favorecer patrones alimentarios semejantes a la dieta mediterránea.
También mencionó el índice inflamatorio dietético empírico (EDIP), utilizado en investigaciones para estudiar la relación entre la alimentación y los procesos inflamatorios, y recomendó consumir primero alimentos ricos en fibra, seguidos de proteínas y carbohidratos, como una medida para favorecer la saciedad.
Medicamentos contra la obesidad y cáncer
Blanco Vázquez abordó las investigaciones sobre los medicamentos agonistas del receptor GLP-1, utilizados en el tratamiento de la diabetes y la obesidad, y su posible relación con una menor mortalidad por determinados tipos de cáncer.
Sin embargo, señaló que estos fármacos pueden provocar náuseas, distensión abdominal, diarrea y estreñimiento, por lo que su utilización requiere valoración y seguimiento médico.
También mencionó la cirugía bariátrica como una alternativa para pacientes seleccionados con obesidad, dentro de las estrategias para mejorar las condiciones metabólicas y disminuir los riesgos asociados con el exceso de grasa corporal.
En relación con el cáncer de hígado, la oncóloga destacó la utilidad de incorporar biomarcadores sanguíneos a la evaluación diagnóstica, entre ellos la alfafetoproteína, su fracción AFP-L3 y la proteína inducida por ausencia de vitamina K, denominada PIVKA-II.
Durante su presentación señaló que determinadas pruebas pueden alcanzar una capacidad de detección de hasta 91 por ciento, aunque no especificó las características de la población estudiada ni las condiciones en las que se obtuvo esa cifra.
Cáncer en menores de 50 años
La oncóloga también llamó la atención sobre la aparición de cáncer en personas menores de 50 años y advirtió que la edad no debe utilizarse como único criterio para descartar una lesión maligna.
En particular, pidió estudiar las alteraciones mamarias sospechosas en mujeres jóvenes, en lugar de considerar que su edad excluye la posibilidad de cáncer.
“Vale la pena que le hagas un estudio de imagen, porque es la única forma que podemos observar si esa lesión amerita una biopsia”, afirmó.
Blanco Vázquez sostuvo que los antecedentes familiares y las mutaciones hereditarias no explican todos los diagnósticos, por lo que insistió en la importancia de atender los factores de riesgo modificables.
“Hay muchos factores de riesgo modificables. Tabaco, alcohol y obesidad son los factores de riesgo evitables que pueden hacer que nosotros modifiquemos las estadísticas”, expresó.
La especialista concluyó que la prevención debe incorporar actividad física, alimentación adecuada y control de las alteraciones metabólicas, sin sustituir la detección oportuna, la evaluación médica ni los tratamientos oncológicos indicados para cada paciente.
LG