El fuego se extiende entre árboles, el humo espesa el aire y la visibilidad se reduce a unos cuantos metros. Una ambulancia rompe el silencio con la sirena abierta mientras equipos de emergencia corren para contener la escena.
No es un desastre real. Pero podría serlo. Se trata de un espacio de simulación de siniestros de la Academia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Lyon, donde las crisis se recrean con precisión para entrenar a quienes deberán responder cuando la emergencia sea verdadera.
En este entorno, de incendios, brotes epidémicos, accidentes con múltiples víctimas y hospitales desbordados forman parte de ejercicios diseñados para colocar a los tomadores de decisión bajo presión extrema.
“Durante las emergencias, los tomadores de decisión deben tomar decisiones muy rápidamente y con mucha presión. Aquí entrenamos a las personas para hacer eso”, explicó Florentina Rafael, integrante del equipo de formación de la Academia de la OMS.
El centro de simulación no es un aula convencional. Es un espacio flexible de gran escala donde las crisis se construyen en tiempo real.
“Podemos configurar el espacio dependiendo del escenario. Por ejemplo, la entrada de un hospital, áreas administrativas o zonas de atención médica”, explicaron integrantes del equipo de simulación durante el recorrido.
Las condiciones cambian y la presión aumenta. “Las personas actúan como en la vida real, pero en un entorno seguro”, detallaron durante un recorrido con reporteros internacionales, incluyendo MILENIO de México.
En uno de los escenarios, el espacio se convierte en un hospital improvisado, por ejemplo, los heridos llegan de manera constante y algunos gritan.
Otros permanecen inmóviles. Todos están cubiertos de sangre falsa. No son pacientes reales. Son estudiantes de medicina y personal de la propia Academia que interpretan a las víctimas. Y lo hacen con rigor. Incluso cuentan con un área de maquillaje y de vestuario donde personifican a las víctimas potenciales.
En sesiones anteriores participaron profesionales de Camerún y Libia, equipos de hospitales de Annecy, en Francia, y de Lieja, en Bélgica, lo que permite entrenar bajo dinámicas multinacionales.
“Como ven, los instructores, con chalecos reflectantes, caminan por el lugar tomando notas”, explicó Rafael.
Nada se deja al azar. Cada decisión es registrada. Cada error cuenta.
En ese entorno, el reto no es el escenario en sí, sino la capacidad de respuesta.
“En un hospital, puede producirse una afluencia masiva de pacientes en cualquier momento; podría ser un accidente de tráfico con un gran convoy, o una crisis de salud pública”, explicó Rafael.
Y ahí está el punto crítico.
“La clave no está tanto en el escenario en sí, sino en la afluencia masiva de pacientes y en cómo los alumnos se organizarán y responderán a ella”, subrayó.
El realismo es escenográfico, pero con base a urgencias clínicas reales.
Sobre mesas se disponen estructuras anatómicas que simulan heridas abiertas, traumatismos y lesiones complejas. Extremidades, tejidos y modelos permiten practicar intervenciones bajo presión.
Se utilizan camillas, equipos médicos y monitores que detectan cada movimiento vital en tiempo real.
Cada intervención modifica el estado del “paciente”.
Cada decisión tiene consecuencias.
“El aprendizaje basado en simulación es una de las mejores técnicas para entrenar equipos, porque permite practicar en un entorno seguro”, explicó Bart Janssens, jefe de Aprendizaje e Innovación de la Academia de la OMS.
Subrayó que los ejercicios se construyen a partir de crisis reales.
“Creamos escenarios basados en eventos anteriores para que los equipos practiquen juntos y luego analicen lo que hicieron, lo que aprendieron y cómo pueden mejorar”, indicó.
Uno de los momentos más críticos es el manejo de múltiples víctimas.
Cuando los pacientes superan la capacidad hospitalaria, el sistema cambia por completo.
“Cuando hay muchos heridos, el funcionamiento normal del hospital ya no es posible. Hay que cambiar la forma de trabajar”, dijo.
Se activa el triage. Se prioriza y decide.
“Hay que clasificar a los pacientes y organizar la capacidad disponible. No todos pueden ser atendidos al mismo tiempo”, dijo.
Las simulaciones están diseñadas con limitaciones reales.
“Se puede partir de una epidemia y pedirles que establezcan un centro de operaciones con recursos limitados, tanto humanos como tecnológicos, siguiendo las funciones mínimas recomendadas por la OMS”, explicó Rafael.
En estos ejercicios, los participantes deben activar Centros de Operaciones de Emergencia y coordinar la respuesta en tiempo real.
En uno de los ejercicios recientes participaron 23 países europeos.
El objetivo es coordinar. Estandarizar y responder mejor.
Pero hay otro frente.
“La desinformación forma parte de los escenarios. Entrenamos a los equipos para responder a ella”, explicó Florentina Rafael.
“Uno de los factores en una epidemia que puede contenerla o propagarla es la forma en que se comportan las personas. Por eso la información correcta es esencial”, añadió Bart Janssens.
Tras cada simulación, el ejercicio continúa.
“Las personas que participan en un centro de operaciones de emergencia normalmente tienen otros trabajos. Integrarse como equipo en una crisis es algo que se debe aprender”, sostuvo Bart Janssens.
Detrás de estos entrenamientos hay un proyecto global.
La Academia de la OMS en Lyon busca transformar la formación en salud pública mediante el programa más ambicioso de capacitación continua en este ámbito, dirigido a profesionales de la salud, responsables de políticas públicas y personal sanitario.
A través de cursos presenciales y una plataforma digital, permite acceder a competencias clave, conocimientos actualizados y herramientas para enfrentar crisis sanitarias.
El modelo se apoya en alianzas con instituciones académicas y centros de investigación a nivel mundial para cerrar brechas en los sistemas de salud.
Entre ellas, la escasez de personal sanitario, que podría alcanzar un déficit global de 10 millones de trabajadores hacia 2030.
A esto se suma la desigualdad en el acceso a innovación y formación continua.
Por eso la simulación se vuelve estratégica, explicó Janssens.
“La mejor manera de aprender es la realidad, pero eso llega demasiado tarde. Por eso utilizamos la simulación”.
LG