Ciencia y Salud

No es "herencia": La verdad psicológica detrás de por qué eliges la misma profesión que tu abuelo

Las familias adoptan creencias y mitos que rara vez se cuestionan. Pese a ello, el psicólogo, Emiliano Villavicencio, señaló que algunos sistemas familiares eligen continuar bajo ciertas creencias.

Los mitos y las creencias son parte innata de las familias. Tanto así que muchas personas crecieron con la ilusión del Ratón de los Dientes, Santa Claus o Los Reyes Magos, o escuchando a mamá y papá jurar una y otra vez que no tienen a un hijo o hija favorita: “Los queremos por igual”.

Pero a diferencia de las fantasías de la infancia, el rechazo parental de tener a una o un hijo preferido forma parte de lo que el psicólogo, Emiliano Villavicencio, refirió como las creencias asumidas. Es decir: “Patrones (de comportamiento) no cuestionados que dictan el deber ser de los sistemas familiares”.

Y así como el mito del hijo preferido, existen otros pensamientos que moldean a las familias.

“La familia siempre estará ahí”

Apenas tecleas “la familia siempre” en Google, el navegador arroja una decena de predicciones de búsquedas. Entre ellas, “la familia siempre está en las buenas y en las malas” o “la familia está para apoyarse, no para destruirse”.

¿Pero qué implica esta creencia? Según explicó Villavicencio a MILENIO, que el sistema familiar “se encuentra ahí para sostener a cada uno una de los integrantes” en cualquier dimensión que se requiriera (social, económica, emocional, educativa e ideológicamente) sin importar nada. Ni siquiera, señala, las malas conductas o decisiones cometidas en el pasado.

Esto supone un riesgo para las dinámicas familiares, especialmente en aquellas donde “la presencia de alguno o algunos de sus integrantes genera incomodidad”. Quizá porque tiene antecedentes penales; fue infiel a su pareja; reacciona impulsivamente, o tuvo fricciones con otro miembro.

Sin embargo, cuando esto sucede, las “malas miradas” de la familia no sólo vuelcan a la persona incómoda— que aún tiene el apoyo de sus parientes—, también a quien decidiera cuestionar ese respaldo. Y es ahí cuando esta creencia peca de incongruente. O como lo explicó el docente:

“El hecho de que la familia reaccione, ya nos habla de que el sistema familiar (como sistema, no como individuos) no está ahí necesariamente para todo ni para todos ni en cualquier momento”.
Detrás de un integrante "incómodo" hay un sistema familiar debilitado
Detrás de un integrante "incómodo" hay un sistema familiar debilitado | Freepik

El niño problema

Villavicencio aclaró que la “persona incómoda” —la cual pone a prueba ese apoyo incondicional —no es únicamente aquella con problemas legales o conductas cuestionables, también puede ser alguien con trastornos como el déficit de atención, hiperactividad, impulsividad, problemas de aprendizaje o de lenguaje.

Ahí la perspectiva cambia. La familia no lo ve como “la o el integrante incómodo”, sino como “el enfermo”, “el que está mal” y “el único que debe recibir tratamiento o atención”. No obstante, subrayó el psicólogo, a veces estos casos son el resultado de una situación disfuncional familiar mucho más grande y compleja.

“Como sistemas familiares, creemos que es el integrante el que tiene el problema. Sin embargo, no es así.
Bajo la perspectiva de la terapia familiar, no se habla, por ejemplo, del paciente adicto, sino de sistemas familiares adictos. (...) Porque esa persona que presenta ‘el problema’, cualquiera que sea el síntoma, es el reflejo de una situación disfuncional familiar”.

"Lo sacó del abuelo"

El hecho de que un niño demuestre tener el mismo interés de bisabuelo hacia la naturaleza, la medicina o un deporte, no es tan simple para decir “Lo copió" o "Lo aprendió de él”. De acuerdo con Villavicencio, esto puede tratarse de una “lealtad invisible”: aquellas que, de alguna forma u otra, vinculan a los integrantes de un sistema familiar y que no son claras.

“(Cuando dicen:) ‘Ah, lo sacó de su abuelo y por eso eligió estudiar medicina’. No, no lo sacó de nada. Así no funciona la psique humana”.

Más bien, explicó, la presencia, el interés o gusto de una persona genera una impronta en otro integrante de la familia; de la cual puede nacer un tipo de “lealtad invisible”, aún si ninguna de las partes se conocieron.

“Lo que hacemos en nuestra vida y las decisiones que tomamos hoy por hoy no sólo están en función de mis recursos o de las exigencias de los medios, también responden a estas improntas que quedan grabadas en el sistema familiar
Y de ahí el mito de que toda nuestra conducta es volitiva (voluntaria). Pero no es así: todas nuestras elecciones responden a un ejercicio de análisis,

sobre las opciones que tengo, de decir aquello en lo que me iría mejor, etcétera. (...) Por eso, hay que pensar y reflexionar que aquello que estoy haciendo en este momento de mi vida no sólo va a tener una repercusión, sino que también dejaré una especie de información codificada en el inconsciente y mi sistema familiar (...) que va a estar presente en la vida o en las decisiones de mis hijo o mis nietos".

ASG

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Alejandra Sigala
  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.
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