Ciencia y Salud

Proyecto HAARP: la verdad detrás de la máquina a la que se le acusa de los terremotos en Venezuela y Colombia

El Programa de Investigación de Auroras Activas de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés) ha sido acusado de generar poderosos sismos en diferentes regiones del planeta. Un ingeniero geólogo explica a MILENIO si esto es humanamente posible

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La ciencia ha sido utilizada para cometer algunas de las peores atrocidades de la historia: armas químicas usadas en Siria, bombas atómicas lanzadas a Japón y la siembra de nubes para crear monzones 'eternos' en Vietnam. Ante los límites de lo posible, es común que surjan teorías de conspiración, más aún cuando la historia se mezcla con la desinformación, como ocurrió con el Programa de Investigación de Auroras Activas de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés).

Su pasado como un proyecto militar lo antecede y ha reforzado un sinfín de teorías que hoy lo señalan como arma climática y creador de grandes terremotos, como los que recientemente ocurrieron en Venezuela y Colombia.


Pero, como ocurre muchas veces con la información en redes sociales: las acusaciones se propagan sin antes haber sido confirmadas o analizadas, por ello vale la pena conocer cuál es la postura de los conocedores del funcionamiento de la Tierra. Por ahora parece haber un consenso entre los científicos: los conocimientos se han ido afinando, pero la humanidad sigue teniendo sus límites.

El origen de HAARP

El programa inició como una iniciativa de corte militar emitida por el Congreso de Estados Unidos en 1990, solo un año antes de la disolución de la Unión Soviética. Ubicado a la mitad de la nada y conformado por una red de 180 antenas distribuidas en 140 mil metros cuadrados, el objetivo era producir y lanzar transmisiones de alta frecuencia a una parte limitada de la ionosfera.

“En esa época, cuando se planteó el proyecto, la ionosfera era un campo de batalla para ver y escuchar qué estaban haciendo del otro lado del planeta. En este caso Rusia, por eso lo instalaron en Alaska, si quisieran incidir en algún otro punto del planeta probablemente habrían cambiado su ubicación”, comenta el divulgador e ingeniero en geología por el Instituto Politécnico Nacional, Alejandro S. Méndez en una entrevista con MILENIO.

De acuerdo con el informe “Oportunidades para transmisores de alta potencia y alta frecuencia para avanzar en la investigación ionosférica y termosférica” publicado en 2014 se trataba de una herramienta para mejorar los sistemas de comunicación, vigilancia y navegación tanto para fines civiles como de defensa. 

“El apoyo para HAARP y su base de usuarios ha provenido históricamente del Departamento de Defensa (DOD), con apoyo de la Armada y la Fuerza Aérea para una variedad de aplicaciones relacionadas con lo militar, como comunicaciones de baja frecuencia e investigación asociada en radiofrecuencia (RF) y física fundamental”, detalla el documento.

El geólogo plantea, en términos simples, que se trataba de un mecanismo para “tener un oído del otro lado del mundo e interferir en el sistema de misiles ruso” ya que la aplicación de esta tecnología se utiliza para alimentar sistemas de inteligencia, vigilancia y comunicación en zonas de difícil acceso.

El Programa de Investigación de Auroras Activas de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés) ha sido relacionado con un sin fin de teorías conspiranoica
El objetivo de HAARP es realizar un estudio fundamental de los procesos físicos que se llevan a cabo en las partes más altas de la atmósfera | HAARPS


¿HAARP puede generar grandes terremotos?

Dadas sus características y origen, desde hace más de una década el proyecto ubicado en Alaska se convirtió en el blanco perfecto de teorías de la conspiración. 

El exgobernador de Minnesota, Jesse Ventura, afirmó que HAARP era un dispositivo de control mental; Hugo Chávez que se utilizó para crear el devastador terremoto de Haití de 2010. En aquel año el presidente venezolano afirmó al diario español ABC que Estados Unidos “juega a Dios” experimentando con un arma sísmica.

La idea se clavó como una espina que sigue despertando incómodos rumores en medio de las catástrofes: tras los devastadores terremotos registrados en Venezuela el 24 de junio y Colombia el 10 de agosto de este año, X se convirtió en un tablero de tweets culpando al proyecto de los movimientos telúricos cuyos efectos cobraron la vida de miles de personas (solo en Venezuela el conteo asciende a 6,301).

¿Existen terremotos generados por humanos?

Es verdad que existen sismos provocados por humanos, como los que se perciben en Cutral Co, provincia de Neuquén, en el oeste de Argentina. Esta región que forma parte de la “comarca petrolera” sufre sismicidad inducida por las labores de fracking, es decir, la fractura hidráulica de la roca madre para extraer gas o petróleo ubicados a unos 3000 metros de profundidad.

Algunas comunidades cercanas a minas también pueden experimentar sismos constantes que no se originan en las placas tectónicas, sino en la extracción de materia prima de las minas subterráneas profundas.

El geólogo añade que hay vehículos (conocidos como camiones Vibroseis) capaces de generar sismos artificiales con los que se realiza una especie de ultrasonido a la Tierra, pero su impacto es muy pequeño como para ocasionar un evento sísmico significativo.

Es decir, a pesar de los pasos agigantados que ha dado la ciencia, tecnológicamente resulta imposible generar terremotos de gran magnitud y alcance, comenzando por el hecho de que estos ocurren a decenas de kilómetros de profundidad y desplazan millones de millones de toneladas de roca en volúmenes de kilómetros cúbicos. No hay un dispositivo humano capaz de algo como eso.

“La energía liberada por un sismo se multiplica aproximadamente por 32 a 36 veces por cada grado de magnitud en la escala. El evento antropogénico más grande jamás registrado (por explosiones subterráneas) apenas alcanzó una magnitud 6.1 a menos de 1 km de profundidad”, explica Alejandro.
Operaciones de perforación en el sitio de pruebas nucleares de Cannikin en Amchitka
Operaciones de perforación en el sitio de pruebas nucleares de Cannikin en Amchitka en 1971 | Laboratorio Nacional de Los Alamos


Dicho evento fue producto del mayor ensayo nuclear subterráneo registrado: la prueba estadounidense "Cannikin" en la isla Amchitka en 1971 alcanzó una magnitud sísmica de aprox. 6.1 a 7.0, según los instrumentos. De acuerdo con los registros, tuvo una potencia de 5 megatones, es decir, fue 250 veces más potente que la bomba lanzada sobre Hiroshima.

El sismo no se presentó solo, pues la detonación también implicó la elevación de la superficie del terreno en Amchitka, que posteriormente descendió poco más de 6 metros. Así que, un sismo de origen antropogénico probablemente dejaría huellas o rastro visible de su origen.

En tanto, la realidad es que ni detonando todo el arsenal nuclear del planeta se podrían generar sismos equiparables a los que nacen de las placas tectónicas.

“En este momento, con la tecnología disponible, es sumamente difícil generar un sismo de gran magnitud, más aún ocasionar algo como lo que pasó en Colombia. (...) Las personas piensan que podemos modificar el clima o las profundidades de la Tierra, pero la verdad, aún estamos a siglos de llegar a ese momento”.

Volviendo a HAARP, actualmente no hay miembros militares asignados en el proyecto. Anteriormente Rod Boyce, comunicador científico de información pública del Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska, había compartido con este medio que, aunque el proyecto posee el transmisor de radio de alta frecuencia más poderoso del mundo, no tiene la capacidad para cambiar los patrones del climáticos y mucho menos, para manejar las placas tectónicas de la Tierra.

Por ello, S. Méndez sugiere que sería más provechoso encauzar el tiempo dedicado a las teorías conspiranoicas en acciones concretas: preparar una mochila de emergencia y consultar los atlas de riesgo. En un planeta que nunca deja de temblar, ambas medidas podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

LHM 


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Lizeth Hernández
  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.
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