M+.- En 2022, la sombra de la meningitis aséptica sacudió a Durango. Un brote letal, presuntamente provocado por el uso de medicamentos contaminados con el hongo Fusarium solani en hospitales particulares de la capital, dejó un saldo devastador: 41 víctimas mortales y 80 contagios, pudo comprobar MILENIO.
A casi cuatro años del inicio de la crisis sanitaria, el frente judicial se mantiene activo. Actualmente, tres personas enfrentan procesos legales: el médico anestesiólogo Omar 'N'; Joaquín 'N', ex titular de la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Durango (Coprised), y Guadalupe 'N', verificadora de la misma dependencia.
Paralelamente, la justicia ya ha alcanzado a dos ciudadanos —administrador y propietario de un nosocomio—, quienes acumulan condenas que suman 48 años de prisión.
Sin embargo, en medio de la tragedia y los tribunales, emergen historias donde el dolor se transformó en amor y resiliencia. Son relatos de supervivencia con secuelas, como el de Dina Román, quien hoy busca convertirse en un referente mundial en prevención, o el de Abraham Hernández y su pequeña hija Kairen, huérfana de Anhiri, una de las víctimas mortales. Hoy, padre e hija se han convertido en el pilar mutuo para seguir adelante.
“Aceptar el hongo para sanar”: el milagro de Dina
Para Dina Román, transformar el sufrimiento en amor fue una decisión consciente. Implicó perdonar al personal médico que la atendió e, incluso, asimilar mentalmente la presencia del hongo en su propio cuerpo para iniciar un proceso de sanación.
“Transformar el dolor en amor es una decisión. ¿Cómo lo decides? Así. Como si ahora estuviera pasando una tragedia y yo decidiera transformarla: sin prejuicios, sin juicios, sin que nadie te señale. Es una elección propia y la haces por amor propio”.
Dina asegura que su fe en Dios obró el milagro que los médicos —tanto en Torreón como en Durango capital— atestiguaron al verla mantenerse con vida en condiciones extremas.
“Soy el extremo del peor error de la negligencia médica, pero también soy el extremo de la sabiduría y del conocimiento de un trabajo en equipo fenomenal que recibí en la Clínica 71 del IMSS en Torreón y aquí en Durango; médicos que afortunadamente tocaron mi historia y que registraron frente a sus ojos un milagro. Puedo ver esos dos panoramas de extremo a extremo. Pude conocer el inicio del ciclo del hongo y las etapas que se fueron desarrollando”, relata.
Hoy, Dina busca retribuir esa segunda oportunidad convirtiendo su experiencia en un referente internacional de seguridad hospitalaria. Su historia ya impacta en investigaciones científicas enfocadas en la prevención, la trazabilidad de insumos y el rediseño de protocolos médicos.
“Esto solamente se puede lograr a través de actos de conciencia”, afirma.
Cantar para recordar: el legado de Anhiri
En el hogar de Abraham Hernández, la memoria de su esposa Anhiri sigue viva a través de la tecnología. Él y la pequeña Kairen acuden con frecuencia a las notas de voz que la joven madre grababa desde la cama del hospital para comunicarse con su hija.
“Hay días que mi niña me dice: ‘Oye, papi, quiero escuchar a mamá’. A mí me parte el alma, la verdad sí. Le pongo los audios y no nos ponemos a llorar; nos ponemos a cantar, nos ponemos felices. Una manera de demostrar la felicidad con mi hija es cantando y riéndonos. Le pongo los audios y ella se pone muy feliz”, comparte Abraham.
Kairen apenas tenía tres meses de nacida cuando estuvo en los brazos de su madre. Aunque la convivencia física fue breve, el lazo es indestructible.
“Hubo una conexión. Mi niña no es que extrañe la ausencia de la madre porque no la recuerda del todo, pero como yo la tengo muy presente, ella lo percibe. Conoce a su mamá por fotos y audios; es una ausencia demasiado fuerte”.
Para Abraham, la consigna es clara: “Mantener la memoria viva siempre. Nunca ocultarle lo que pasó, cómo se fue ni por qué se fue, pero siempre mantenerle limpia la imagen de su mami. A final de cuentas, la madre es lo más sagrado”.
El laberinto judicial: sentencias y omisiones
En el terreno legal, la Fiscalía General del Estado de Durango (FGED) confirmó que Sandra Idanes y David “N”, administradores del Hospital Del Parque —donde se originaron 61 de los contagios—, ya fueron sentenciados a 24 años de prisión cada uno tras ser procesados en cuatro causas penales.
La numeralia de la tragedia iniciada el 1 de noviembre de 2022 es cruda: cuatro hospitales privados fueron clausurados (Del Parque, Dikava, Santé y San Carlos).
Mientras los dueños de los otros nosocomios alcanzaron acuerdos reparatorios con las familias que optaron por no denunciar, los directivos del Hospital Del Parque enfrentan el rigor de la ley.
El 30 de septiembre de 2025 recibieron su primera condena de 12 años por homicidio simple intencional por omisión. El pasado 13 de mayo de 2026, un nuevo juicio les sumó otros 12 años de cárcel, acumulando además multas y una reparación del daño que supera los 2.4 millones de pesos para las víctimas indirectas.
Por otra parte, en el Centro de Reinserción Social No. 1 permanece recluido bajo reserva el anestesiólogo Omar “N”, señalado como presunto responsable de malas prácticas e incumplimiento de normas oficiales en el manejo del medicamento en los cuatro hospitales involucrados.
Cuentas pendientes con las instituciones
El caso no se limita al sector privado. La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción mantiene abiertos los procesos en contra de Joaquín “N”, ex titular de la Coprised, y Guadalupe “N”, verificadora de la misma institución.
Ambos exfuncionarios son investigados por los delitos de ejercicio indebido del servicio público y homicidio por comisión por omisión.
La dependencia anticorrupción informó que continúa judicializando las carpetas de investigación de manera individualizada por cada una de las víctimas, por lo que cada expediente avanza activamente en distintos estatus procesales en busca de una justicia integral.
icrm
