En apenas dos décadas, el consumo de alcohol entre mujeres en México dejó de ser una excepción para convertirse en una realidad equiparable a la de los hombres. Una tendencia que eleva el riesgo de sufrir violencia y abuso sexual, además de provocar daños irreversibles durante el embarazo.
“Tenemos el dato de hace 25 años: por cuatro varones, uno era mujer que consumía alcohol. Y ahora estamos uno a uno. El 49 por ciento de ellas consumen, mujeres adultas jóvenes”, advirtió Irma Hernández Berber, custodia clase A de la Central Mexicana de Alcohólicos Anónimos.
Durante años, el alcoholismo femenino permaneció invisibilizado por el estigma, pero hoy las encuestas nacionales muestran que el consumo crece con rapidez, especialmente entre jóvenes.
“Eso es un asunto para la salud pública muy fuerte, porque cuando hablamos de una mujer gestando también está implicado el bebé”, explicó en entrevista con MILENIO.
La experimentación con alcohol ocurre en edades cada vez menores.
“Estamos considerando hasta los 19 años, entre los 12 y los 19. Ahí empieza la experimentación”, señaló Hernández Berber.
Sin embargo, el riesgo mayor aparece años después, cuando el consumo se vuelve dependencia.
“Cuando hablamos de un problema de dependencia nos referimos a mujeres de los 20 hasta los 59 años”, precisó.
Uno de los factores que complica el diagnóstico es que muchas mujeres consumen alcohol de forma silenciosa, oculta.
“Hay muchas mujeres que consumen en su casa, son amas de casa. Están hoy en la mañana ya consumiendo”, comentó.
A diferencia de los hombres, el peso social del estigma provoca que las mujeres tarden más en pedir ayuda.
“Para ir a un centro de salud una mujer no tiene problema, pero para un asunto de consumo tarda, por el rechazo social y el estigma”, dijo.
El estigma social sigue siendo muy fuerte: hay rechazo y, en muchos casos, la propia “familia lo niega u oculta por vergüenza. A esto se suma la presión sobre las mujeres de cumplir múltiples roles como ser excelentes madres, esposas, compañeras y profesionales.
"Paradójicamente, esta carga, junto con la idea de una mujer empoderada y presente en espacios ejecutivos, también ha generado cierta permisividad hacia el consumo de alcohol”, aclaró.
Cuando un hombre, aseveró, llega a un centro a pedir ayuda, por lo regular, lo hace en compañía de la familia, pero en el caso de la mujer, siempre acude sola.
¿Qué otros riesgos ocasionan?
El problema también tiene implicaciones en seguridad y violencia.
“El riesgo es altísimo. Si no tengo control de impulsos estoy expuesta a un secuestro, a un ataque sexual o a la violencia”, advirtió.
Además, biológicamente, el alcohol afecta más rápido a las mujeres que a los hombres.
“Las mujeres tenemos más células adiposas y degradamos más lento el alcohol, por eso el impacto metabólico es más rápido”, detalló.
Uno de los escenarios más graves ocurre durante el embarazo, cuando el alcohol atraviesa directamente al feto.
Cuando se trata de una mujer embarazada, también está en riesgo el bebé que se está formando: el consumo de alcohol puede provocar daño fetal alcohólico, desnutrición y malformaciones.
“Pero las consecuencias no terminan ahí. También enfrentamos un impacto en la maternidad. Una madre que, por su condición, puede no estar plenamente presente ni contar con un estado emocional adecuado para el cuidado”, subrayó.
Las consecuencias pueden incluir el síndrome fetal alcohólico, malformaciones y daño neurológico irreversible.
Para la especialista, el aumento del consumo también está vinculado con cambios culturales y con la normalización del alcohol como símbolo de libertad o empoderamiento.
“Una mujer empoderada no tendría que ver con un asunto de alcohol. El empoderamiento se ha distorsionado en este sentido”, sostuvo.
El riesgo, dijo, es que muchas mujeres subestiman el problema hasta que ya existe dependencia.
Alcohol detrás de la violencia y los suicidios. Es un depresor del sistema nervioso central que provoca alteraciones en la escuela, en el trabajo, en la familia y en la convivencia social.
“La depresión es uno de los diagnósticos psiquiátricos frecuentes, constantes. y que todo el mundo puede reportar esto. Con el consumo de alcohol, se incrementa el riesgo de una persona de estar enfermando y, lamentablemente, los servicios de salud no se pueden dar abasto”.
Suicidios, homicidios y accidentes
En México, 33 por ciento de las muertes violentas, como suicidios, homicidios y accidentes, registran presencia de alcohol, mientras que hasta 52 por ciento de los casos detecta alcohol o alguna droga, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2025.
La presencia de alcohol ya aparece incluso en menores de 12 años en algunas entidades, lo que refleja la expansión temprana del problema.
Las personas con alcoholismo también mantienen una alta correlación con conductas suicidas, especialmente entre jóvenes.
“Las personas que padecen el problema de alcoholismo se correlacionan con los índices de suicidio que lamentablemente cada vez están a más temprana edad”, de acuerdo con la especialista.
Alcohol y estrés
Autoridades sanitarias y especialistas coinciden en que el aumento del consumo femenino responde a múltiples factores: estrés laboral, sobrecarga doméstica, desigualdades en el hogar y normalización social del consumo.
La directora general de Centros de Integración Juvenil, Carmen Fernández Cáceres, explicó que el alcohol se ha convertido en una sustancia presente en múltiples dinámicas sociales.
En México, alrededor del 74 por ciento de la población ha consumido alcohol, aunque una proporción menor lo hace de manera excesiva.
La Encodat 2025 estima que 1.8 por ciento de la población de 12 a 65 años cumple criterios de dependencia al alcohol, lo que representa más de 1.5 millones de personas.
Sin embargo, el acceso a tratamiento sigue siendo limitado. Menos del 10 por ciento de las personas con consumo problemático ha recibido atención, lo que evidencia un retraso prolongado entre el inicio del problema y la búsqueda de ayuda.
HCM