Con la técnica de criogenia a casi 200 grados bajo cero en nitrógeno líquido o en medio de gas, millones de tejidos con cáncer son preservados con el objetivo de conocer lo que hasta ahora la ciencia desconoce. ¿Qué es lo que favorece la generación del cáncer que ataca células sanas y que anualmente termina con millones de vidas en todo el planeta?.
Responder esa pregunta es clave no solo para su prevención, sino para contar con mejores tratamientos y cada vez más certeros, quizá individualizados.
El Biobanco de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), ubicado en Lyon, Francia, se ha consolidado como una de las plataformas científicas más relevantes a nivel global al resguardar millones de muestras biológicas que permiten estudiar la relación entre genética, ambiente y enfermedades como el cáncer.
Elodie Caboux, responsable de Procesos de Biobanco de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, organismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), subrayó que el objetivo central del biobanco es facilitar la investigación internacional a partir de estos recursos.
Las muestras biológicas humanas, dijo, permiten estudiar la patogénesis de las enfermedades, comprobar hipótesis científicas y evaluar biomarcadores identificados en estudios experimentales.
Con la incorporación de nuevas tecnologías, hoy es posible analizar de forma más precisa el genoma humano, su expresión, las complejas interacciones entre biomoléculas y sus implicaciones funcionales y clínicas.
“No almacenamos por almacenar; la idea es utilizar las muestras para descubrir mecanismos implicados en el origen del cáncer, así como en su progresión, resistencia o respuesta al tratamiento y en los desenlaces clínicos”, dijo durante un recorrido con periodistas internacionales, entre los que se encontraba MILENIO.
El Biobanco de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) es una de las colecciones internacionales más grandes, diversas y completas del mundo, con más de 5.1 millones de muestras biológicas provenientes de 562 mil personas.
Entre las principales muestras biológicas que resguarda se encuentran plasma, suero, orina, ADN extraído, tejidos y muestras sanguíneas, lo que permite estudiar tanto factores genéticos como ambientales asociados al desarrollo del cáncer y otras enfermedades.
Una parte significativa de estas muestras proviene de grandes estudios poblacionales.
Alrededor de cuatro millones corresponden al estudio EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition/Estudio Prospectivo Europeo sobre Cáncer y Nutrición), que analiza la relación entre dieta, estilo de vida y cáncer.
Y cerca de un millón proviene de otras colecciones enfocadas en enfermedades específicas y biomarcadores, como el estudio INHANCE (International Head and Neck Cancer Epidemiology Consortium), que es un consorcio, una red de colaboración internacional de investigación sobre cáncer de cabeza y cuello.
La base tecnológica del biobanco es la conservación a temperaturas extremas. “La criogenia permite la conservación de las muestras a menos 196 grados”, explicó Caboux.
Un sistema que utiliza nitrógeno líquido y almacenamiento en fase gaseosa. “Las muestras pueden estar sumergidas en nitrógeno líquido o mantenerse en un entorno gaseoso a unos -150 grados”, detalló.
A esta infraestructura se suman aproximadamente 150 congeladores que operan entre -20, -40 y -80 grados, así como 39 contenedores de nitrógeno líquido con capacidad para ampliar las colecciones.
También existe almacenamiento a temperatura ambiente para materiales como bloques de parafina, láminas histológicas y muestras en tarjetas especiales, utilizadas incluso en estudios que no cuentan con cadena de frío.
El funcionamiento del biobanco es dinámico y responde a las necesidades de la investigación.
“Tenemos entradas y salidas permanentes; todas las semanas recibimos muestras”, indicó Caboux. Este flujo permite que los materiales sean utilizados en distintas fases de los proyectos científicos.
Cada muestra es tratada como un recurso de alto valor científico. “Consideramos cada muestra como algo muy preciado”, enfatizó. Por ello, su uso es controlado y racionalizado.
“Si tenemos dos mililitros y el investigador necesita una parte, solo enviamos esa cantidad”, explicó, lo que permite conservar material para futuros análisis y maximizar su utilidad.
El biobanco también realiza procesos técnicos previos al análisis. “Llegamos hasta la extracción de ácidos nucleicos”, señaló Caboux, al detallar que cuentan con laboratorios especializados para extraer ADN de tejidos y muestras sanguíneas, seguido de procesos de cuantificación y control de calidad.
La gestión de millones de muestras exige sistemas tecnológicos avanzados. “Cuando se tienen millones de muestras, es imposible gestionarlas sin un sistema informático que permita saber exactamente dónde están”, indicó.
Además, cada manipulación queda registrada para evitar afectaciones en la calidad. “Los ciclos de congelación y descongelación pueden tener un impacto en las muestras”, advirtió.
En cuanto a su relevancia científica, Caboux reiteró que el valor del biobanco radica en su uso activo.
Los biobancos sustentan áreas clave de la ciencia biomédica en expansión, como la epidemiología molecular y genética, la patología molecular y la farmacogenómica y farmacoproteómica, orientadas a comprender la etiología del cáncer, mejorar su diagnóstico y personalizar los tratamientos.
Un ejemplo concreto del impacto de estas colecciones es el estudio realizado en Gambia.
“Demostró que la vacuna contra la hepatitis B prevenía el cáncer de hígado, lo que llevó a implementar la vacunación sistemática en el país”, recordó Caboux.
El acceso a las muestras está regulado por criterios éticos y científicos. “Evaluamos cada solicitud para verificar que sea coherente con el consentimiento de los participantes y con los objetivos científicos”, explicó.
Se protege la información personal. “Almacenamos un mínimo de datos como tipo de cáncer, sexo y edad, mientras que los datos clínicos completos permanecen bajo resguardo de los investigadores”.
El biobanco también permite integrar a países con menos infraestructura mediante alternativas que no requieren cadena de frío.
“Existen soluciones que permiten incluir a estos países en los proyectos de investigación”, indicó Caboux.
La especialista destacó la importancia de reactivar colecciones existentes. “Tenemos colecciones que ya no son objeto de investigaciones actuales y queremos darles una segunda vida. Cada muestra puede contribuir a nuevos avances en la investigación del cáncer”, subrayó.
rdr