La mexicana Cecilia Guadalupe Torres Perea viajó a Florida, Estados Unidos, para ver de cerca uno de los intentos más importantes por explorar el espacio: Artemis II, la misión que llevará al humano más lejos de lo que jamás ha estado, es decir, rodeando la Luna.
La psicóloga y estudiante de ingeniería aeronáutica con miras a convertirse en astronauta tiene algo claro: la tripulación seleccionada para tal hazaña —y que se encuentra en cuarentena ante el posible despegue del 1 de abril de este 2026 en Plataforma de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy— ha entrenado por años para este momento. No solo de forma física, sino también mental.
“Cuando hablo con los astronautas que he podido conocer, me han dicho que toda la vida se han ido preparando. Desde que tenían ese sueño hicieron todo lo posible para prepararse en todos los aspectos”, comparte a MILENIO durante una charla previa a su vuelo.
Desde su concepción, los viajes espaciales han puesto en el centro a la estabilidad psicológica. Según señalan las revisiones oficiales, la Administración Estadounidense de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) la convirtió en uno de los factores más importante a la hora de evaluar a un candidato. No podían permitir que sus astronautas perdieran la cordura en el vacío y la soledad del espacio.
El perfil psicológico: más que solo pilotos
Los viajes espaciales pueden ser, como describe la NASA, psicológicamente agotadores: la falta de privacidad, las cargas de trabajo elevadas y la responsabilidad de representar a la humanidad después de una inversión de miles de millones de dólares puede resultar abrumador.
Dado el papel crucial que desempeña la mente, la agencia espacial desarrollo la Unidad de Salud Mental y Rendimiento (BHP, por sus siglas en inglés) que se encarga de “comprender cómo las condiciones de los vuelos espaciales afectan el pensamiento y el comportamiento de los astronautas”, así como de desarrollar y probar intervenciones que garanticen su supervivencia.
Todo comienza desde la selección. En el caso de Artemis II el equipo fue cuidadosamente conformado. Reid Wiseman, comandante de la misión; Victor Glover, piloto; Christina Koch, exploradora e ingeniera y Jeremy Hansen, ex piloto de combate canadiense, integran la tripulación.
“Es un proceso de selección muy estricto. Casi todos los astronautas ya tienen experiencia y no es la primera vez que van al espacio, son veteranos y saben cómo funciona, por ejemplo, eligieron Christina Koch, una mujer increíble que tiene una trayectoria muy amplia en la NASA”, detalla Torres Perea sobre la poseedora de récords históricos en la exploración espacial.
Entre las experiencias que conforman la reserva cognitiva del equipo están los 168 días en la Estación Espacial Internacional de Glover, la experiencia como Jefe de la Oficina de Astronautas de Wiseman y los 16 años de entrenamiento especializado de Hasen.
Sin embargo, los perfiles no se piensan como piezas aisladas, sino como engranes dentro de toda la maquinaria que impulsará la llegada al espacio, especialmente considerando que los cuatro tripulantes pasarán al menos 10 días en un pequeño compartimento presurizado. La sinergia en el equipo es clave, pues de ello dependerá la convivencia y resolución de problemas de manera eficiente.
“Y yo creo que fue una decisión muy bien pensada la de los psicólogos y del equipo de NASA de ponerlos justamente a ellos cuatro”, añade Guadalupe.
Entrenamiento: forjando reflejos bajo presión
Mucho del trabajo mental que se ejecutará en la maniobra que busca rodear la Luna requirió de años de entrenamiento en aire, mar y tierra.
Quienes serán lanzados por el cohete Space Launch System (SLS), no sólo se convertirán en los humanos que más lejos han llegado en la historia de la humanidad: serán pioneros en el manejo de Orión, la nave espacial de 25 toneladas que avanzará a miles de kilómetros por hora. Sus resultados sentarán las bases de misiones futuras que planean alunizar o en su defecto, aterrizar en Marte.
Responder a la presión no solo debe ser intuitivo, sino también el resultado de un reflejo desarrollado en campo, por lo que se requiere de entrenamientos especializados y simulaciones.
“Se exponen a situaciones de mucho estrés, ya sean cursos de buceo, de paracaidismo, también tienen pruebas de vuelo, obviamente tienen experiencia, especialmente los pilotos militares. Son situaciones que ellos han venido trabajando para no quedarse en shock en esos momentos”
“No es que vayan allá y no sepan cómo lidiar con los retos porque ya han pasado por cursos de rescate, situaciones de emergencia, entrenamiento psicológico”, comparte Cecilia.
De acuerdo con los detalles brindados por la NASA, la tripulación ha realizado múltiples simulaciones en las que ya se han planteado los peores escenarios y las posibles respuestas ante ellos.
El dato¿Qué cualidades debe tener un astronauta?
Según un artículo de la Agencia Espacial Canadiense, algunos rasgos clave con los que deben contar un explorador espacial son:-Buen juicio
-Motivación
-Inventiva
-Trabajo en equipo
-Liderazgo
-Habilidades de comunicación
El impacto en el cerebro: el "efecto overview"
Algunos de los retos que enfrenta la tripulación están ligados al tiempo. En el caso de las misiones de corta duración como las comandadas por Blue Origin, el principal impacto psicológico, como plantea Cecilia, es el “efecto overview”.
“Los astronautas privados y turistas espaciales que llegaron a ir al espacio hablan mucho de ello, es un cambio cognitivo muy importante que lo transforma en todo”, dice la psicóloga egresada de la UNAM.
Acuñado por primera vez por el autor y “filósofo espacial” Frank White, se trata de un estado de asombro que cambia la percepción sembrando una profunda conexión con los seres vivos.
El efecto más pronunciado hasta ahora registrado fue en los 24 astronautas del Apolo que viajaron a la órbita lunar y desde ahí, vieron a la Tierra, esa diminuta esfera azul celeste pálido brillando en medio de la oscuridad absoluta. Según Torres Perea, en los vuelos espaciales de corta duración este efecto "es lo más impactante y lo que más se ha estudiado”.
De hecho, el paisaje visto fuera del planeta es capaz de ocasionar un efecto tan profundo que puede generar cambios en la estructura y función del cerebro, el control motor y la capacidad multitarea.
Un estudio encabezado por NeuroMapping da cuenta de las modificaciones de la conectividad neuronal, mientras que otra investigación reportó aumentos en el volumen cerebral. Según los reportes, los efectos se ven influenciados por los lapsos de tiempo que los astronautas permanecen en el espacio.
Los períodos extensos fuera de la Tierra también tienen implicaciones menos positivas, como mayor aislamiento y menos comunicación, por ello, de forma individual, el grupo recibe herramientas de autoevaluación y tratamientos. La BHP se encarga de coordinar apoyo durante las misiones, que incluye paquetes de ayuda, teleconferencia con psicólogos y la posibilidad de llevar un diario.
A la par, se implementan medidas para cuidar que los ciclos de descanso no se vean afectados. Una investigación actual de la ESA (Agencia Espacial Europea), denominada "Luz Circadiana", prueba un nuevo sistema de iluminación para ayudar a los astronautas a mantener un ritmo de sueño y vigilia regular.
“El estudio busca comprender el efecto de este sistema en la regulación del ritmo circadiano, el sueño, el estrés y el bienestar general de los miembros de la tripulación”, detalla la NASA.
Lo que no se puede controlar
A pesar de cuidar cada detalle, el espacio es una puerta abierta a las posibilidades que sobrepasan la imaginación.
En su momento, el exastronauta de la Agencia Espacial Canadiese, Dave William dijo en una entrevista para la institución que, pese a las miles de horas de entrenamiento, “nunca sabes realmente qué esperar hasta que llegas ahí”.
El pasado 15 de enero, un grupo de astronautas amerizó en el océano Pacifico antes de lo previsto. Luego de pasar 167 días en la Estación Espacial Internacional, de forma repentina Michael Finckel, uno de los astronautas de la misión, perdió el habla, como confirmó la propia agencia el 25 de febrero en un comunicado.
Han pasado dos meses desde que el episodio provocó la primera evacuación médica en el espacio y los expertos siguen sin poder explicar qué fue lo que sucedió.
El desafío del regreso: la depresión posmisión
Se podría asumir que los mayores desafíos de Artemis II están en los meses previos de entrenamientos, dentro de sofisticados simuladores; en la espera expectante del despegue o los retos propios de la misión una vez alcanzado el espacio, pero los estudios parecen indicar lo contrario.
Una investigación dirigida por la Universidad de Northwestern enfocada en predecir conflictos o fallos en la comunicación entre la tripulación descubrió que los equipos tenían un rendimiento significativamente peor en la resolución de problemas conceptuales al final de la misión en comparación con las fases anteriores.
Las dificultades tampoco concluyen al regresar a casa. Se han documentado casos de astronautas que se han deprimido tras cumplir con su misión, como ocurrió con Buzz Aldrin, el segundo hombre en pisar la Luna durante la misión Apolo 11 en 1969.
En sus libros Return to earth (1973) y Magnificent Desolation (2009), el explorador espacial narra el impacto emocional que dejó el alunizaje y posterior regreso: alcoholismo, desolación profunda y una falta de propósito.
“Hay otros astronautas que vuelven a ir al espacio, porque esa es su motivación. Hay otros que regresan a su vida cotidiana, a dar conferencias. He conocido astronautas que dicen, ‘Ya cumplí ese sueño y ya me siento realizado’. Creo que depende mucho de la duración de la misión y la personalidad y los objetivos de vida”, ahonda Cecilia.
Las futuras misiones de exploración del espacio profundo —incluyendo las más ambiciosas que apuntan a Marte— requerirán de equipos que puedan vivir por periodos prolongados en espacios confinados.
Artemis II permite espejar ese futuro. Más allá de impulsar la tecnología, las exploraciones de este calibre son referentes de la evolución de las dinámicas humanas.
“Estos vuelos espaciales se planean para que algún día nuestra especie pueda ser interplanetaria. Poco a poco los viajes espaciales van a ir haciéndose más frecuentes. No lo imaginábamos hace 100 años. Eso nos puede poner a pensar cómo va a ser el futuro ¿Qué errores podemos evitar? ¿Qué cosas podemos hacer para mejorar? No solamente en tecnología, ingeniería, sino como seres humanos”, dice la joven que sueña con ser astronauta.
LHM