Desde niña jugaba a ser pediatra y mamá. Hoy es, de manera simultánea, las dos cosas.
Ana María Silva nació en Neiva, capital del Huila, en el centro-sur de Colombia. Estudió Medicina en la Universidad Surcolombiana y cruzó el continente para especializarse en pediatría en el Hospital Alemán de Buenos Aires, una institución con estándares internacionales que forma médicos de varios países de América Latina. Esa travesía no fue solo académica. Durante la residencia perdió a su madre, una pérdida que marcó de manera permanente la forma en que entiende la medicina y el acompañamiento humano que exige.
Hoy, con cuatro hijos, más de medio millón de seguidores en plataformas digitales y una comunidad de profesionales de la salud en más de veinte países, Ana María Silva es una de las voces más reconocidas en el ecosistema de salud digital en habla hispana. Es pediatra especializada en sueño infantil, lactancia materna y nutrición infantil. Es fundadora de la Fundación Alive, una organización sin ánimo de lucro que trabaja con niños en condición de vulnerabilidad en Colombia desde hace más de seis años. Y es, por sobre todo, alguien que decidió que el conocimiento médico acumulado durante años de práctica clínica podía llegar mucho más lejos que las paredes de un consultorio.
Quien la escucha hablar por primera vez nota algo. No hay distancia clínica en su forma de comunicar. Hay una pediatra que también fue madre primeriza, que también buscó información desesperada a las dos de la mañana, que también entendió desde adentro lo que las familias necesitan escuchar y cómo necesitan escucharlo.
“La maternidad me convirtió en una mejor pediatra”, dice Ana María Silva. “Me permitió entender experiencias que ningún libro enseña: la incertidumbre, el cansancio, los miedos y las dudas que viven las familias todos los días.”
Esa combinación de formación clínica y experiencia personal define la forma en que construyó su presencia digital. No empezó con una estrategia de contenido. Empezó con una pregunta que se hizo durante la residencia, en medio del agotamiento y la pérdida: si había una forma diferente de ejercer la medicina sin abandonarla. La respuesta tardó años en tomar forma. Pasó por los talleres sobre sueño infantil y lactancia que desarrolló para familias. Pasó por entender que comunicar ciencia no es simplificar ciencia. Es traducirla sin perderle el rigor.
El mercado de educación médica en América Latina crece al 7,1 por ciento anual según proyecciones del sector para el período 2025-2034, impulsado en parte por la demanda de contenido médico confiable en formatos digitales. Silva forma parte de ese ecosistema, pero lo habita desde una lógica que no empezó con el mercado. Empezó con una fundación social, continuó con talleres para padres y llegó a la presencia digital como extensión natural de un trabajo que ya existía.
“La ciencia puede ser cálida, respetuosa y profundamente humana”, dice. Es la frase que resume mejor lo que intenta demostrar con cada publicación, cada taller y cada consulta.
La Organización Mundial de la Salud estima un déficit de más de once millones de trabajadores de salud para 2030, con las carencias más severas concentradas en regiones de menor desarrollo. En ese contexto, los médicos que deciden comunicar su conocimiento a escala no están abandonando la medicina. Están respondiendo a una demanda que el sistema formal no puede cubrir solo.
Ana María Silva lo entendió antes de que hubiera un nombre claro para lo que hacía. Y lleva años construyendo la respuesta, taller a taller, publicación a publicación, consulta a consulta.
Sin abandonar la medicina.
M.R.