EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Rafael Tonatiuh
Falleció Pedro Weber, recordado por sus actuaciones en las películas de ficheras; sin embargo, su última actuación cinematográfica fue en una comedia más fina, donde interpretó a un personaje que, como una premonición, se despide de este mundo cruel.
El Dios de los cómicos más albureros le concedió a Pedro Weber, Chatanuga, la gracia de despedirse del público con una película: Hasta el último trago (Jack Zagha Kababie, 2014), en la que tuvo una corta pero memorable actuación al comienzo de la cinta, dejando una especie de herencia en el celuloide.
La película se trata de cuatro viejitos: Agustín (Luis Bayardo), Benito (el Polivoz Eduardo Manzano), Emiliano (José Carlos Ruiz) y Pedro (nuestro recientemente fallecido Pedro Weber), que acostumbran jugar dominó en una cantina tradicional de la Ciudad de México. Una tarde, Pedro se la pasa repitiendo “¡Yo sé bien que estoy afuera!” como muletilla; súbitamente pide cuatro caballitos con el mejor tequila. Sus amigos lo increpan escandalizados, recordándole que ellos no pueden tomar, pero Pedro los tranquiliza diciéndoles que los cuatro tequilas son para él. Cuando le piden una explicación por su conducta, les informa que le quedan pocos días de vida y vuelve a repetir: “¡Yo sé bien que estoy afuera!”, haciendo que sus amigos lo callen; tras darle palabras de aliento, Pedro, entre tequila y tequila, les dice en su cara sus defectos, exasperando a Emiliano, quien le revela: “Pues tu hijo es puto, pero puto puto”, a lo que Pedro reacciona con una gran risotada y una exclamación de júbilo.
Viene un sketch finísimo: Pedro saca un cigarro y lo enciende (el primero en treinta años). Llega el cantinero y le pide que lo apague, discutiendo con un anciano que desconoce los “espacios libres de humo”. Finalmente replica: “Bueno, ¿y dónde apago el cigarro?”. El cantinero: “Ahorita le traigo un cenicero”. Emiliano toma al cantinero del brazo y le suplica quedamente: “Pero tráelo… despacito”.
Pedro les pide a sus amigos que, después de muerto, realicen su última voluntad: llevar al Museo de José Alfredo Jiménez, en Dolores Hidalgo, Guanajuato, una servilleta enmarcada, en la cual, el gran compositor vernáculo le escribió la letra de su primera canción y se la dedicó. Aunque solo convivió con la celebridad una noche de tequilas, Pedro quiere que la gente lo recuerde como amigo de José Alfredo Jiménez.
Cuando sacan a Pedro con “los tenis por delante”, se desarrolla una interesante y divertida road movie de octogenarios, pero lo importante de esta película es que Pedro ya mostró su rostro en festivales internacionales de cine, como si entregara la servilleta firmada. Ya se puede morir tranquilo.
Como Carmen Salina se fugó del cabaret para ingresar a las telenovelas y las películas de arte, pero mientras mi querida Carmen sigue encasillada como la Corcholata (incluso en su papel de legisladora), Pedro Weber se despide dejando una actuación memorable, pues aunque su personaje desaparece al inicio de la película, es de una personalidad muy fuerte, amigable y vulgar, desparpajado ante la muerte, y Pedro, rociado con licor de agave, expresa esa alegría explosiva y auténtica del vampiro teporocho que sabe que ya le clavaron la estaca en el corazón y se lo va a llevar la chingada, pero con tequilas y mariachis.
La elección de Pedro Weber, Chatanuga, fue muy afortunada para interpretar el papel de Pedro, quien realmente contagia las ganas de vivir al máximo de una manera tan genuina, que pareciera que Pedro (el actor) así se despide del público que agradeció sus risas con aplausos, de manera cotorra, como debe hacerlo un buen cómico alburero.
En el vozarrón aguardientoso de Chatanuga y su ajado rostro de perro callejero, se revela la autenticidad y “la experiencia” (como dijera Kate del Castillo sobre Sean Penn) de esta actor de Ciudad Guzmán, Jalisco, quien fuera desde estudiante de psiquiatría hasta maestro de ceremonias del Madison Square Garden de Nueva York, pasando por una larga trayectoria en la carpa y la sexy-comedia.
Hasta el último trago es un homenaje a José Alfredo Jiménez, quien en la vida real sí le firmara un papel a Pedro Weber: su acta matrimonial, como testigo (y eso, no lo tiene ni Leonardo DiCaprio).
***
• Su apodo, Chatanuga, es una palabra de los indios creek que significa “roca levantada”, y representa un carácter inquebrantable a pesar de las dificultades de la vida.
• Su padre era de origen libanés y su madre mexicana.
• Su padrino de bautismo fue el expresidente Manuel Ávila Camacho.
• Su primer trabajo fue en el hospital psiquiátrico La Castañeda.
• Fue conocido también como El vampiro teporocho, por la cinta con ese nombre, de Rafael Viñaseñor Kuri, que protagonizó.
• Fue funcionario en la Asociación Nacional de Actores.
• Trabajó en el famoso Madison Square Garden de Nueva York como director de escena.
• En diversas películas actuaba con su nombre, no con uno inventado para el personaje.
• Su segundo apellido era Chávez.
• Actuó en diferentes telenovelas, ganando un premio por su papel en Agujetas de color de rosa.