EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante
elsexodromo@hotmail.com
@draverotika
FB: La Doctora Verótika
Suelen enseñarnos que el sexo —usando esta palabra para definir el acto erótico, es decir, la búsqueda del placer junto a otra(s) persona(s)— es algo solemne, un ritual que se cumple en silencio o necesita gemidos, incluso lágrimas, para ser considerado como una buena experiencia. ¿Pero qué pasa con la risa? ¿Con el jugueteo? ¿Con el cotorreo? A mí me parece que no hay razón para que estas expresiones se ejerzan por separado.
Hace años, un chico cuestionó mis risas (simples y alegres) mientras estábamos en el faje sabroso. No sé por qué creyó que me estaba burlando de él, que me habían salido esas carcajaditas porque no me gustaba su desempeño. Aunque le dije que eran porque estaba contenta, porque me encantaba lo que estaba sintiendo, él se “cortó” y no quiso seguir. Su reacción me causó asombro: supuse que podía únicamente echar pujiditos y decir “así, así” para que él sintiera que me agradaba. Como soy de risa fácil, el asunto no prosperó. Adiós, Nicanor.
Esto me llevó a prestar atención cuando alguien más me contaba que su pareja se había sacado de onda al escuchar risas durante el agasaje sexual (tanto heterosexuales como homosexuales) y, sobre todo, a preguntarme de dónde venía esta reacción. La respuesta es sencilla: vivimos en una sociedad en la que nos dicen cómo debemos comportarnos, incluso en la cama. Hay demasiadas “reglas” impuestas sobre las acciones eróticas de hombres y mujeres, sobre lo que “debe ser”, las cuales no toman en cuenta la máxima de que todos somos únicos e irrepetibles y cada quien vive a su manera el placer. Nos han hecho creer que el sexo es algo serio, casi una obligación que debemos cumplir, nos guste o no. El gozo, parece, no es algo risueño porque la risa, para muchos, está relacionada con la burla y no con la alegría.
También suele suceder que la risa aparezca en los momentos en que nos sentimos nervios@s. Hay hombres que comienzan a carcajearse cuando les dan una mala noticia, así como también hay mujeres que lanzan risotadas justo en el momento en que se cierra la puerta de la habitación de un nuevo amante. Dejar que eso fluya es positivo, pues al hacerlo liberamos oxitocina y serotonina, hormonas que hacen que nos sintamos más tranquil@s, excitad@s, felices y relajad@s.
Jugar como parte del encuentro es delicioso (y más común que la mera risa). Hacerse cosquillas, decir alguna cosa graciosa en un descanso, intentar una postura nueva sabiendo que quizá no sea exitosa, recordar anécdotas divertidas, sirve para liberar tensiones, mejorar el estado de ánimo, aligerar la experiencia, generar complicidad. Sobre todo, nos ayuda a tomarnos menos en serio a nosotros mismos y comprender que el acto erótico no es solo la penetración o la búsqueda del placer genital. Las delicias del erotismo están a nuestro alrededor, es cosa de que sepamos encontrarlas, verlas y utilizarlas.
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LA POESÍA DE RUPI KAUR
Me gusta mucho la poesía de rupi kaur. Creo que además de ser hermosa (entendiendo, en este caso, a la belleza como algo que cura), puede ser útil para hombres y mujeres, particularmente para las jóvenes o para quienes han sufrido de violencia, de decepciones amorosas, y están en el proceso de encontrar una salida.
Ella es una artista de su época, y eso me atrae. Tiene apenas 24 años de edad pero ha escrito un libro que definiría con cuatro palabras: directo, sincero, bello e inocente. En español lo acaba de publicar Espasa bajo el título de Otras maneras de usar la boca, aunque el original en Milk & honey. La fama de la canadiense de origen indio comenzó en Instagram, donde se convirtió en una instapoet al comenzar a subir sus poemas en línea, pero no fue en esa red social donde empezó a escribir y a dibujar: a los cinco años la pintura fue su acompañante en un país al que acababa de llegar y cuya lengua no dominaba. Más tarde, al aprender inglés, la palabra brotó de su ser.
Éste, su primer libro, es un recorrido por cuatro momentos de la vida (suya o la de cualquier otra mujer): “el daño”, “el amor”, “la ruptura” y “la cura”. Mis favoritos son el primero y el último. El abuso sexual infantil está implícito en el apartado inicial y es tan crudo, tan directo en tan pocas palabras, que logra no sólo exponer la situación sino también abrir el alma a manera de consuelo para quienes han vivido un proceso similar.
ella era una rosa
en las manos de aquellos
que no tenían intención
de conservarla
Sus versos de amor son dulces e inseguros, propios de un espíritu joven herido que, sin embargo, abre las compuertas de su corazón para experimentar la realidad y los sentimientos de una manera diferente a la que estaba acostumbrada.
qué soy para ti pregunta
pongo las manos sobre su regazo
y le susurro eres
toda la esperanza
que he tenido
en forma humana
Pero llega la ausencia, la indiferencia, la mentira y la separación. El adiós y el silencio necesarios para volverse a rehacer. Sus palabras están llenas de desconsuelo, de ese dolor primigenio que existe cuando llevas pocos años en este mundo pero ya conoces de sobra el dolor.
no me fui porque
dejara de quererte
me fui porque cuanto más tiempo
me quedaba menos
me quería a mí misma
Entonces comienza el proceso de sanación, y ahí es donde rupi despliega una serie de enseñanzas útiles para todas las mujeres, hayan o no pasado por procesos como los suyos. Donde lo femenino se abre en todo su poderío, buscando unidad de género en lugar de separación, abrazo en vez de rechazo, entendimiento de la esencia y no estereotipos qué seguir. Sus palabras se unen a manera de miradas de comprensión, igualdad, consejo, acompañamiento.
me miras y sollozas
todo duele
te abrazo y susurro
pero todo puede curarse
Otras maneras de usar la boca es una invitación a querernos como somos (nuestras propias almas gemelas), a fortalecernos con la desventura y recuperar, o conocer, ese poder que nos habita a las mujeres y que en lugar de separarnos debería unirnos. “mi corazón desea hermanas más que cualquier cosa/ desea mujeres que ayudan a las mujeres/ como las flores desean la primavera”, escribe kaur —para quien las letras en mayúscula no tienen ninguna autoridad— y dan ganas de sonreír, de apapacharla, de recomendar su libro a otros seres de ambos sexos para que guarden en su mente verdades como ésta:
me dices que me calme porque mis opiniones me hacen menos guapa
pero no he nacido con un fuego en el vientre
para que puedan apartarme
no he nacido con una lengua rápida
para que puedan tragarme con facilidad
he nacido fuerte
mitad cuchillo
mitad seda
difícil de olvidar y
nada fácil
de seguir.