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Miércoles , 20.03.2019 / 12:11 Hoy

5 claves para disfrutar el fetichismo

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika

Hace unos días presentamos una encuesta en el Twitter de MILENIO sobre las prácticas eróticas preferidas de los usuarios. Me llamó la atención que el fetichismo quedó muy abajo en el porcentaje final. Me pregunté: ¿será que no les gusta o que no saben que tienen uno o varios fetiches?

Nos han hecho creer que el fetichismo es negativo porque aparece catalogado en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos y numerosos psiquiatras lo tratan de “curar” o lo ven como una problemática, siendo en realidad, la práctica del fetichismo (cuando se lleva a cabo de manera sana, segura y consensuada), una de las peculiaridades eróticas universales más extendidas desde el principio de la civilización. Consiste en la atracción sexual por una parte del cuerpo, gestos, actividades, conductas de las parejas, así como por objetos, juegos, lugares y situaciones que forman parte de las numerosas expresiones comportamentales de la sexualidad.

Ya lo dijo Havelock Ellis, uno de los padres de la sexología moderna: “No hay ninguna zona del cuerpo que no pueda ser erógena. Tampoco ninguna sensación o emoción”. Los objetos, prácticas, lugares, sentimientos, también pueden brindarnos grandes sensaciones si los integramos a nuestra vida de manera saludable y sin remordimientos. Por ello, acá les damos cinco claves para que salgan del clóset del fetichismo y lo disfruten al máximo.

1. Ubica tu fetiche. Habrá quienes tienen bien ubicado su fetiche pero muchos más que no saben que lo es, que podría tener un nombre y características diversas. ¿Siempre te han excitado los zapatos femeninos de un estilo en particular y sientes que te prendes más cuando tu pareja los lleva puestos o te gusta a ti mism@ portarlos porque sientes que te brinda una sensación sublime o te da poder? ¿Te encanta lamer pies? ¿Has descubierto que te fascinan las sábanas de una tela específica? ¿Adoras que las personas tengan lonjitas porque te parece deliciosa la sensación de amasarlas? Todo eso lleva consigo un fetiche. Cuando los identificamos, podemos gozarlos a conciencia y aumentar las posibilidades de la experiencia.

2. Determina si tiene riesgos. Es cierto que hay prácticas fetichistas que encierran riesgos (basta recordar al actor estadunidense David Carradine y su muerte generada por la autoasfixia erótica) y otras que vulneran el consenso, es decir, lo que nos gusta no le atrae a nuestras compañeras o compañeros y a fuerza deseamos que lo lleven a cabo. Hacerlo no solo atenta contra los derechos sexuales y la salud de los demás involucrados, sino que puede lastimar a alguien. Por ejemplo, si te gusta el shibari, ese estilo japonés de bondage que implica atar a alguien siguiendo principios técnicos y estéticos, debes informarte sobre cuáles son las mejores cuerdas (las de fibras naturales, por ejemplo), en lugar de usar cualquier mecate o listón que podría generar heridas o hematomas.

3. Enriquece tu práctica. A veces creemos que se necesita gran parafernalia para llevar a cabo algunas prácticas fetichistas, como colgar arneses, tener un cuarto exclusivo para nuestros asuntos BDSM, y que, además, debemos tener un pasado atormentado para “terminar” así (¡Christian Grey, sal de ellos!), pero en muchos casos lo que se necesita es creatividad, imaginación y ganas de pasársela bien. Tener un fetiche como los que mencionamos no nos hace “unos pervertidos” ni debemos de tomarlo con una seriedad abrumadora (a menos que justo eso sea parte de nuestro deseo). El que analices un poco por qué te gusta y de qué forma podrías ampliar la experiencia será suficiente para que encuentres a tu alrededor cosas que te sirvan. ¿Te excita sentir, repentinamente, objetos fríos sobre tu piel caliente? Mira alrededor: desde el exprimidor de limones hasta una lata de cerveza pueden aparecer en tu juego erótico.

4. Diversifica tu deseo. Puede ser que durante toda tu vida tengas un único fetiche y lo explores al máximo, pero también es posible que el primero te sirva para “salir del clóset” y te ayude a darte cuenta de que es imposible aburrirte en la cama si integras la novedad con frecuencia. Quizá durante una temporada puedas probar si te excita echar saliva al máximo en algún momento del encuentro erótico o involucrarte con los disfraces, pero después explores el placer anal siendo un hombre heterosexual y descubras que te pone a mil que tu mujer se sienta fascinada por ello. En una de esas vuelves y vuelves al fetichismo original porque es el que más placer te da, pero aventurarte a experimentar otras cosas te ayudará a quitarte de prejuicios, sentirte libre y, a la vez, responsable de tus prácticas.

5. Vuélvete cómplice. Aunque el fetichismo puede ser una práctica individual altamente disfrutable, también lo es integrar a nuestras parejas en ello. Tal vez si le confiesas a tu compañera que amas verla con ropa interior de determinado color o material, ella se entusiasme con la posibilidad de ir a comprar justo el tipo de lencería que te atrae. Si tu hombre te toca un lugar del cuerpo que te llena de gozo, cuéntaselo e ideen otras formas de sensibilizar esa zona. Si eres adorador del cosplay, busca a alguien que también lo disfrute para que pasen horas de solaz y esparcimiento cachondo transformándose en otros cuando así lo deseen. El sexo no tiene que ejecutarse de manera súper formal (¡aunque sí que es un asunto serio!). Integra la risa y el asombro. El ingenio y la fluidez. Se trata de pasar un rato agradable, no de completar un examen o de sufrir al pensar que lo que hacemos es pecado (cuando no lo es porque lo hemos estructurado de forma sana).

***

TU SEXO ES TUYO, ¿PERO LO CONOCES?

Como parte del empoderamiento femenino y de una mayor cultura de la sexualidad libre de violencias, comenzamos a extender la idea, correcta sin duda, del “tu cuerpo es tuyo”, principalmente en niñ@s y adolescentes. Es decir, nadie puede tocarte, manosearte, acariciarte, pedirte que te desnudes, exigirte tener sexo ni ninguna otra situación que no integre tu aprobación y/o te vulnere.

Eso es excelente, pero debería ir ligado a una segunda situación: ya entendiste que tu cuerpo, incluyendo tus genitales, es tuyo, pero, ¿lo conoces? Le pedí a la sexóloga educadora, especializada en adolescentes y sus familias, Nancy Herrera (búsquenla como Nancy Caracol en las redes sociales), que compartiera algunas buenas ideas para que las mujeres, en específico, aprendamos a conocernos. Esto es lo que me dijo:

“Desde la infancia, las niñas y los niños deben tener contacto con sus órganos pélvicos externos. Conocerlos sin que les dé pena. Particularmente en el caso de ellas, porque debido a la ubicación de la vulva, no es fácil el acceso a ella. Mi sugerencia para las adolescentes es que tomen un espejo para ver sus genitales, los revisen, ubiquen sus partes, toquen y hasta huelan sus fluidos, para que sepan distinguir cuando haya algo extraño (por ejemplo, debido a una infección) y puedan buscar atención médica.

“Hay que empoderar a las chicas, decirles que pueden mirar sus sexos, que tocarse es bueno. Que se conozcan a sí mismas. Eso también les servirá para que, en el momento en que ellas decidan comenzar su vida erótica, lo hagan de una manera enriquecida, donde le puedan decir al chavo o a la chava qué es lo que les gusta.

“A mis alumnas les sugiero que hagan un registro del inicio de su menstruación, tanto la primera en su vida como la que se presenta cada mes, pues esa información será valiosa si tienen un desajuste o simplemente para que sepan cómo son sus ciclos. El autoconocimiento nos lleva a tener mayor poder sobre nuestro cuerpo.”

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