Río Lerma es una cloaca; está biológicamente muerto

De acuerdo con especialistas de la UNAM, no hay oxígeno en los primeros 15 km del afluente, el cual recibe drenaje depoblados, basura y desechos tóxicos de empresas, sin posibilidades de ser saneado.
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Para limpiarlo es necesario un plan integral y más de 60 mil mdp. (Iván Carmona)

Lerma

El río Lerma está biológicamente muerto. Ambientalistas lo describen como una cloaca enorme y maloliente y sin posibilidades de sanear. Se trata de un drenaje mal manejado. "No hay oxígeno a lo largo de los primeros 15 kilómetros de río Lerma que cruzan por el Estado de México.

Incluso el problema de las aguas residuales no se ha resuelto completamente. Las fuertes precipitaciones pluviales generalmente sobrepasan los viejos drenajes de las inmediaciones y el exceso –de lluvia mezclada con aguas negras se descarga en el afluente para evitar inundaciones, y en casos extraordinarios llegan a derramarse sus aguas y anegan zonas habitacionales de los municipios de Lerma, Ocoyocac, San Mateo Atenco y otros circunvecinos.

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Este cuerpo hídrico se origina en los manantiales de Almoloya del Río, en el Estado de México, atraviesa hacia el noroeste del Valle de Toluca, Querétaro, Guanajuato, Michoacán y desagua en el lago de Chapala en Jalisco. Tiene una longitud de 708 kilómetros, donde se descargan residuos tóxicos industriales y domésticos.

La Cuenca Alta del río Lerma es de las zonas con mayor desarrollo económico del país; ahí se localizan alrededor de 2 mil 500 industrias que alternan con la agricultura y concentra una población que ronda los 2.7 millones de personas, que se ha traducido en un uso no sustentable de los recursos, generando graves problemas de contaminación y degradación del suelo, aire, agua y biodiversidad, aseguró el experto Gerardo Cevallos, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"Seguimos deteriorando (...) Se ha hablado que se va a sanear el afluente; es de risa, hemos dicho eso 10 mil veces. ¿Cómo lo vamos a sanear? Debemos tener los instrumentos políticos, económicos, sociales y ambientales para hacerlo. Definitivamente no los hay", sentenció el especialista en Biodiversidad, Gerardo Cevallos, también investigador de la Universidad de Stanford, en la Unión Americana.

En 2008, autoridades estatales decidieron iniciar acciones para restaurar la Cuenca Alta del río Lerma, conjuntamente con los gobiernos federal y de las entidades de Michoacán y Jalisco, así como municipios, pero no hubo continuidad en los trabajos para su recuperación y sin posibilidades de que mejoraran las cosas, sostuvo Enrique Collado López, también especialista ambiental.


La agonía

Para Cevallos la otrora belleza del río actualmente sobrepasa la porquería, generada por las descargas del drenaje de las poblaciones, los metales pesados cancerígenos vertidos; basura y desechos, y por si esto fuera poco, sus márgenes se encuentra recubiertos de un "encaje" de heces fecales. El río Lerma está muerto biológicamente, sentenció.

"Antes las cosas estaban mejor, había hasta peces de diferentes especies y patos que llegaban desde Canadá. Ahora todos los municipios que descargan sus aguas grises han destruido el ambiente de aquí. En los primeros 15 kilómetros de río Lerma, ubicados en territorio mexiquense, hay cero por ciento de oxígeno y son vertidos más de 425 millones de metros cúbicos de aguas negras domésticas e industriales anualmente, reseñó Collado López.

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La sentencia

En efecto, diagnósticos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), con relación a la calidad de su recurso hídrico de la región Lerma-Santiago-Pacífico, muestran que del total de kilómetros del curso del afluente, un "cero por ciento, no está contaminado", es decir, presenta diferentes grados de suciedad.

Cevallos y Collado López coincidieron: Ya se perdió 70 por ciento de la superficie y del almacenamiento de agua original, que hasta 1949 producía 100 millones 217 mil metros cúbicos contra 23 mil metros cúbicos que existen actualmente en las ciénegas, conocidas por la población como Chimaliapan, Chignahuapan y Chiconahuapan.

Los intentos gubernamentales por devolverle al río agua limpia, a través de las plantas de tratamiento instaladas, son inoperantes por el alto grado de contaminación. Lo que se requiere es un plan integral, diagnosticar la "punta del cerro y todo lo que baja y capta la corriente, pero fundamentalmente dar continuidad a los trabajos de recuperación y un presupuesto superior a 60 mil millones de pesos". Eso, si lo quieren recuperar, consideraron los ambientalistas.


La venganza de la naturaleza

Agregaron que en la década de los años 40 empezó a drenarse el agua con la creación del Sistema Lerma, para abastecer de líquido a la Ciudad de México, porque ya estaban agotados los acuíferos de Xochimilco. Fue entonces cuando empezaron a bombear el agua de los mantos freáticos que alimentan al río Lerma, debido al acelerado proceso de industrialización y crecimiento poblacional en el Valle de México y la capital del país.

Los habitantes del área metropolitana no podrían sobrevivir sin el recurso subterráneo que es extraído para dotar a más de 20 millones de habitantes, dijeron.

En consecuencia, los acuíferos del Lerma se han reducido paulatinamente, de tal forma que antes podía localizarse el agua a una profundidad de 10 metros, pero hoy se tienen que perforar pozos de hasta 160 y 200 metros de profundidad.

Reseñó Collado López que como una forma del gobierno federal para controlar a los habitantes afectados y que no opusieran resistencia al traslado del agua, inició el proceso de desecación y se permitió la lotificación de 7 mil 950 hectáreas, además de que concesionó alrededor de 2 mil hectáreas más para 3 mil 200 campesinos de los poblados de San Miguel Chapultepec, San Pedro Totoltepec, Lerma, San Mateo Atenco y Capulhuac.

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El proceso fue visible a finales de 1961, cuando los habitantes de Almoloya de Río, con asombro, vieron desaparecer los últimos restos de su laguna en grandes oquedades circulares que nunca habían observado. La desecación era ya una realidad.


MCLV