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Las voces contra Nestora Salgado en Olinalá…

Especiales Milenio/Reportaje

Su policía detenía a presuntos infractores, a quienes se alcoholizaban en la vía pública o a hijos desobedientes.
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Aquí muchos la admiran. Incluso la quieren. O la respetan. Pero no todos en Olinalá, Guerrero, extrañan a Nestora Salgado, la ex jefa de la Policía Comunitaria de este municipio. Hay gente que no la quiere. Y que le teme. Son las voces de quienes afirman que fueron sus víctimas. Víctimas de secuestros y abusos. De extorsiones. De encierros. Voces de quienes han aprovechado la coyuntura para exigir que sus casos se analicen, se resuelvan. O que al menos no se olviden.

Rubí por ejemplo, una chica menuda de cabello largo y rizado que se frota las manos nerviosamente, rememora con frecuencia sus días de encierro. Aunque casi han transcurrido cinco años de aquellos días, habla con miedo:

“Aún vienen a mi cabeza recuerdos de esos días”, dice, mientras se muerde las uñas y se acomoda la abundante cabellera. Prosigue, sin dar la cara a la cámara de televisión, medio oculta entre la vegetación:

“Cuando nos llevaron a El Paraíso éramos unos 80. Todos estábamos en un cuarto, hombres y mujeres. Las comidas estaban echadas a perder, las tortillas igual. Para hacer del baño nos daban un bote y teníamos que hacer nuestras necesidades ahí, frente a todos, no teníamos privacidad, no podíamos asearnos y los tres meses que fui encerrada estuve enferma”.

Rubí, como ha pedido ser identificada, fue detenida por policías comunitarios en 2013, cuando ella y una amiga salían de una fiesta.

“Iba con una amiga. Habíamos ido a un cumpleaños y ya íbamos cada quien para su casa, cuando llegaron y nos subieron a unas camionetas, apuntándonos con sus armas, sin decir por qué lo hacían. Nos llevaron a casa de Nestora y ella nos llevó hasta el último piso. Ahí nos dijo: ‘denme todo lo que traen’. Le di mi celular y nos volvieron a subir a la camioneta”.

Ahí, relata, el policía que manejaba empezó a tocar su pierna y sus glúteos, hasta que otro elemento le dijo que dejara de hacerlo. La chica y su amiga fueron trasladadas a un lugar al que le decían Espino, luego a otro lugar del que dice no recordar su nombre, y finalmente a El Paraíso, uno de los sitios donde la policía comunitaria encarcelaba a supuestos delincuentes con regularidad.

En 2012 la policía comunitaria, con el liderazgo se Nestora, tomó el control de la seguridad del municipio. Sus habitantes llevaban varios años bajo el flagelo de las organizaciones criminales que utilizaban Olinalá como un punto de trasiego.

La misma Nestora había sufrido extorsiones. Los criminales le exigían una cuota como derecho de piso en la carnicería que había puesto luego de su regreso de Estados Unidos.

La policía de Nestora se hizo cargo de todo y contaba con el respaldo de la ciudadanía en un principio. A los que detenían en flagrancia de un delito los trasladaban a El Paraíso, un inmueble con celdas donde castigaban a los presuntos infractores, lo mismo aquellos que se robaran una vaca, los que se alcoholizaban en la vía pública, o los hijos de campesinos con mala conducta y jóvenes que no obedecieran a sus padres.

Justamente algunos padres daban su consentimiento para que los jóvenes fueran “reeducados” con la policía de Nestora, quien a cambio les prometía una estancia digna y disciplina. Pero otros padres afirmaban desde 2013 que nunca habían consentido el encierro de sus familiares.

“Había unos que sí me contaban que estaban ahí por robo; uno de ellos me dijo que había robado ganado y otro que robaban cosas a la gente. Nestora les decía a las familias de ellos que ahí entrarían en razón y que podían visitarlos una vez. Pero no es mi caso, a mi me revolvieron con los que les gustaba matar o robar”, cuenta Rubí, que ahora tiene 22 años.

Cuando los padres de la joven supieron del paradero de su hija, fueron a hablar con Nestora, quien les permitió verla. “Nos dejaron vernos cinco minutos y después me dijeron que me metiera; yo no quería separarme de ellos y estaba ahí parada abrazando a mi mamá y se acercaron los policías y me dijeron ya métete”.

Rubí y otras mujeres fueron trasladadas a otro sitio y luego volvieron a El Paraíso. Entre esos días, asegura, le hicieron una llamada a sus padres: “Nestora les pidió 5 mil pesos por que me dejaran libre y mis papás no accedieron, porque no tenemos los recursos, mi familia vive al día”.

Otras personas que entonces fueron retenidas señalan que la ex lideresa también exigía cantidades más altas de dinero. Eugenio Sánchez, propietario de una carnicería, afirma que a su familia le exigieron 50 mil pesos a cambio de su liberación.

Armando Patrón, un médico que entonces fungía como síndico de la región, recuerda que Nestora pidió a su familia 500 mil pesos por su rescate. “Por mis otros compañeros pidió 300 mil y por otro más 200 mil”.

Patrón fue retenido en una de las prisiones de los policías durante nueve días acusado de trabajar para un grupo criminal, pero el doctor afirma que los policías de Nestora se lo llevaron sin ninguna prueba mientras daba fe de un homicidio cuando se desempeñaba como síndico.

“Nueve días secuestrado en un cuarto de dos por dos con otros tres individuos sin comunicación de nada ni de nadie, esas son las formas de Salgado”, expresa antes de subirse a un autobús.

Nestora Salgado fue encarcelada en agosto de 2013, pero liberada en 2016: tres jueces locales sostuvieron que sus acciones estaban dentro de las atribuciones de la policía comunitaria, amparada por la constitución de Guerrero.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) indagó el caso y concluyó que hubo violaciones al debido proceso de Nestora, aunque también documentó graves violaciones a derechos humanos de su parte y su policía.

En febrero pasado, Morena anunció que Nestora era candidata a senadora por la vía plurinominal. “Al momento sentí miedo, porque su familia me intimida, viven aquí, muy cerca, y si ella es senadora pues será intocable. Lo que me hizo fue secuestro, me detuvo siendo menor de edad, sin ninguna orden de aprehensión, sin haber cometido un delito y me anduvo difamando como ella quiso... solo quiero que se haga justicia”, concluye Rubí.

Otros en cambio, como Audelia Rendón, propietaria de una tienda de artesanías, recuerdan a Nestora con afecto: “Para ella toda mi gratitud, porque ella nos defendió, ella más que nadie, nos dio valor, nos dio esperanza. Ella fue la única que nos ha ayudado, pues ya no teníamos vida, principalmente con los secuestros que hacían los delincuentes esos del narco; había balaceras, nos robaban, a mi me pedían dinero todo el tiempo”, rememora.

Pero no todos en Olinalá, como Audelia, extrañan a Nestora...

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