Comienza desarme de grupos de autodefensa

Alfredo Castillo, comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de la entidad, encabezó las actividades en Coalcomán.
Personal militar se encarga de registrar el armamento.
Personal militar se encarga de registrar el armamento. (Héctor Téllez)

Michoacán

Alfredo Castillo empuñó la pistola 9 milímetros de cacha plateada y con el pulgar le quitó el seguro. Tenía una bala en la recámara y hasta no hace demasiado había sido utilizada por su dueño, un autodefensa de Coalcomán, en la cacería de templarios de Tierra Caliente. Difícil saber cuántas veces fue empleada en las batallas michoacanas. Y cuántas muescas, pertenecientes a narcos eliminados, debería tener.

—¿Y ya ha disparado antes? —se le preguntó.

—¡Pues claro! —repuso el ex procurador del Estado de México, como indignado por la duda. —Nomás que es como una raqueta de tenis.

Acto seguido, disparó a un tanque de agua diseñado especialmente para pruebas balísticas. Luego, repitió lo mismo con un fusil de asalto. Toda una photo-op preparada por su equipo de prensa: el comisionado federal para Michoacán apretando los labios, con lentes oscuros, la pistola amartillada, una palma estabilizando la otra, tirando, mostrando destreza. Clic al rostro. Clic a la mano jalando el gatillo. Castillo el duro. Castillo dando pie al acto que marca el principio del fin de las autodefensas como tales: su desarme.

Ambos disparos son solo el principio. Solo los primeros de cientos de tiros controlados que a lo largo de los próximos días producirán las ojivas necesarias para crear un banco de datos balístico en manos de la Sedena. Será un registro del arsenal civil michoacano que por primera vez pondrá nombre y apellido a miles de armas, vinculadas desde ahora con la fotografía, huella dactilar y dirección de sus dueños, autodefensas en proceso de desmovilización.

El listado, según confirmaron mandos de la Defensa, contendrá números de serie y también permitirá saber de dónde vienen esos AK-47, R-15, Glocks, H&Ks, Sig Sauers, Pietro Beretta y otra parafernalia. Responderá si entraron al país por la frontera sur o norte. O si vienen de algún arsenal militar o policiaco. Aclarará además si algunos de estos fusiles y escuadras tienen vínculos con delitos. Al menos simbólicamente, representa la subyugación del movimiento armado al Estado.

El Estado lo sabe. Hoy tiene una mano más fuerte en su relación con las autodefensas, a las que ya puede controlar mediante la amenaza de una acción futura. "A lo que vamos a llegar nosotros es que el día de mañana cuando haya un hecho delictivo en el que se haya usado un arma de fuego, va a quedar el registro perfectamente definido. Y eso por un lado habrá quien diga que se mete en un problema, pero habrá quienes dirán que es la mejor defensa", prometió Castillo.

Cumplen

El largamente negociado desarme arrancó con una serie de trámites burocráticos que los autodefensas cumplieron dócilmente. Con acta de nacimiento y comprobantes de domicilio en mano, cientos de comunitarios hicieron fila de forma ordenada en los bancos de Coalcomán, para pagar 41 pesos por los derechos de portación de arma ante la Secretaría de la Defensa Nacional.

En el auditorio municipal, soldados en el papel de oficinistas se encargaron de recibir y anotar los detalles de las armas. Para complementar la imagen de que se trataba de un hecho común y corriente, un asunto de oficina más.

—¿Nombre y apellido? —inquiría un raso.

—Tal y tal —respondía el comunitario.

—¿Armas?

—Una R-15. Y esta escuadra.

Hacia las 3 de la tarde, según cifras federales, casi 500 autodefensas ya habían hecho lo mismo y entregado sus armas para registro, tanto en Coalcomán como Parácuaro y San Juan Nuevo Parangaricutiro. Al cierre de esta edición sumaban 800. Algunos, como Alberto, un joven de 23 años equipado con un rifle de asalto, dijeron temer una posible represalia ahora que deberán deambular como cualquier otro civil. Y es que el acuerdo es claro: podrán quedarse con el armamento. Pero sólo en sus casas.

Esa es la preocupación principal que queda entre los autodefensas una vez que la desmovilización ha iniciado. José Manuel Mireles, uno de los rostros más visibles del movimiento, lo sintetizó personalmente ayer, cuando acudió a verificar el registro de los comunitarios en Coalcomán.

—¿Usted ha pedido escoltas? —se le preguntó.

—Sí. Auto blindado, escolta y personal, de preferencia del Ejército. Hay que entender que hay quienes pueden buscar vengarse.