¿Qué pasará con las empresas de Trump?

Especialistas advierten sobre el constante conflicto de intereses que se vivirá en la Casa Blanca, incluso con implicaciones a escala internacional.
Trump anunció la adquisición a NBC del 50% del concurso Miss Universo, quedándose así con el total de la compañía.
Trump suele tomar decisiones sin importar la opinión pública. (Reuters)

Nueva York

La situación es inédita: con la elección de Donald Trump, un empresario tan famoso como polémico se convertirá en presidente de Estados Unidos. En su camino a la Casa Blanca lo acompañan millonarios intereses empresariales, además de numerosas disputas jurídicas, y con sus decisiones políticas podrá influir notablemente en el beneficio de su imperio. No en vano los analistas hablan ya de un “conflicto de intereses sin precedentes”.

Para que el empresario Trump no se convierta en el mayor favorecido por el presidente Trump, el republicano prometió dejar su participación en negocios inmobiliarios y empresas en manos de una sociedad fi ducidaria independiente. Formalmente, Trump no tendría control alguno sobre este blind trust, como se conoce en la jerga financiera. “Lo haremos de manera totalmente legal”, aseguró su asesor Michael Cohen a la CNN. Y no es una vía inusual: antes de Trump ya la usaron otros presidentes como Reagan, Clinton o Bush.

Sin embargo, esta vez es distinta. Y es que al frente de la Trump Organization, bajo la que se engloba el imperio del magnate, estarán en el futuro los hijos de Trump, Don, Eric e Ivanka. De este modo, el control quedará en manos de la familia, que también está muy vinculada políticamente.

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Y no solo eso: seguramente, a los socios que negocien con ese fondo les resulte difícil ocultar su relación con los enviados de Trump. Al fin y al cabo, el modelo de negocio del magnate se basta en estampar su nombre sobre productos y edificios como si se tratara de un sello de calidad.

Para Norm Eissen, experto del think tank de Washington Brookings Institution, el blind trust no es sufi ciente. Para estar seguros de que el futuro jefe de Estado deja de ejercer influencia en su imperio debería liquidar su patrimonio. Así, fi ducidarios independientes se encargarían de crear un nuevo portafolio cuya composición desconociera el propio Trump, explica. Pero en la práctica, esto es imposible, puesto que el patrimonio de Trump se basa principalmente en inmuebles que no resultan tan fáciles de convertir en dólares.

La pregunta es en realidad si Trump tiene o no los escrúpulos necesarios para aprovechar su nueva posición en beneficio propio. Hasta el momento, al menos, poco apunta a que le importe dar la impresión de mezclar los intereses políticos y empresariales. Algo que quedó claro en campaña, por ejemplo, con
el conflicto en torno a la Trump University, por la que el empresario está acusado de estafar a numerosos estudiantes.

Uno podría suponer que tener por delante un juicio por un supuesto delito de estafa sería algo tan incómodo para un futuro presidente de Estados Unidos que querría cerrar ese capítulo cuanto antes. Pero no es el caso de Trump. Ya en junio anunció, confiado en su victoria, que la Trump University, cerrada en 2010 debido a las acusaciones, volvería a abrir “una vez el caso esté ganado”. El interés sería enorme, dijo entonces, porque él se iba a convertir en presidente.

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Según un amplio análisis del diario USA Today, el futuro presidente aún tiene que hacer frente a 75 procesos. En los últimos 30 años, el septuagenario magnate ha estado implicado en unas 4 mil disputas jurídicas, pues tanto como agresivo león de la construcción como en su papel de estrella televisiva las demandas estaban a la orden del día, añade el rotativo. Pero para un futuro jefe de Estado, una carga así es una anomalía histórica.

También en el terreno geopolítico la trayectoria empresarial de Trump da que hablar. Según medios estadounidenses, sus conexiones de negocios se extienden desde Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos a China, países con los que Estados Unidos mantiene unas complicadas relaciones diplomáticas.

Y por último, Trump es conocido por aprovechar de manera radical cualquier ventaja fi scal o subvención para sus empresas. Aunque en campaña prometió que como presidente se centraría en el bien común, cabe preguntarse si realmente tomará decisiones que benefi cien al resto de sus compatriotas en detrimento de sus negocios.

El experto jurídico Ken Gross se muestra escéptico: “Se enfrentará casi a diario a conflictos de intereses”, dijo a Th e Washington Post.