Desde todos los rincones de Cuba despidieron a Fidel

Sin importar qué tan lejos habitaban, los cubanos se dieron cita en las carreteras por donde pasaba el cortejo fúnebre con las cenizas del líder revolucionario.
Las cenizas recorrieron más de mil kilómetros desde la Habana hasta Santiago.
Las cenizas recorrieron más de mil kilómetros desde la Habana hasta Santiago. (AFP)

Santiago de Cuba

A unos kilómetros de Santiago, donde existen pocas casas, la gente bajó de las montañas y copó la carretera central para despedir a su líder, el dirigente cubano Fidel Castro, cuyos restos serán enterrados en la cuna de la Revolución.

“Yo soy Fidel”, la recurrente consigna en Cuba desde la muerte de Castro el 25 de noviembre, fue la constante en gritos y pancartas portadas por los miles de cubanos que esperaron en Santiago por varias horas la llegada del cortejo fúnebre.

De esa manera culminó un recorrido de más de mil kilómetros, desde La Habana a Santiago, con el fin de sepultar los restos de Fidel este domingo en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago.

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En medio de un duelo de nueve días que finaliza este domingo, aceptaron sin mayores objeciones la suspensión de venta de cerveza y ron y de las actividades de esparcimiento, con el fin de honrar a su líder, a quien algunos llaman “padre” o “comandante invicto”.

Apenas vieron el carro militar con la urna fúnebre, los gritos “Yo soy Fidel” se volvieron apoteósicos, aunque solo fue un segundo que el cortejo pasó frente a sus ojos.

Minutos antes de que llegara la llamada “Caravana de la Libertad” en Santiago, empezó a caer una ligera llovizna que solo hizo más calurosa la mañana, pero de todos modos la multitud permaneció en sus puestos, mientras guardias civiles y militares custodiaban la vereda.

Un residente recordó que “siempre que Fidel llegaba a Santiago, llovía. Ahora el cielo llora su muerte”.

En Santiago, miles de quienes asisten esta noche al último homenaje a Fidel antes de ser sepultado portan un brazalete rojo y blanco con la leyenda “M-26-7” en referencia al asalto al Cuartel de Moncada el 26 de julio de 1953, cuando inició la lucha revolucionaria.

El recorrido de más de mil kilómetros de la urna de cedro con las cenizas de Fidel emuló a la inversa la marcha triunfal de Santiago a La Habana de los combatientes liderados por Fidel en enero de 1959, cuando triunfó la Revolución.

Los cubanos que acudieron a recibir el cortejo portaban flores, fotos de Castro o tenían la leyenda “Yo soy Fidel” en sus mejillas o frente.

“Yo quiero ver, mamá”, pedía una niña a su madre, que trataba de colocarse delante de los espectadores, por lo cual fue ayudada por los mayores para cumplir su deseo.

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Niños, mujeres, hombres y ancianos, blancos y negros, se mezclaron en la muchedumbre para aplaudir a su dirigente, y aunque después de la ligera llovizna el clima fue más abrasador permanecieron de pie y entusiastas para gritar consignas en honor del extinto dirigente.

Ante la menor provocación de las cámaras de los cientos de fotógrafos presentes, los cubanos empezaban a corear y los que estaban más lejanos también los seguían en un coro que se convertía en ola.

“Se oye se siente, Fidel está presente”, “Gracias Fidel, gracias Raúl”, gritaban, o respondían “aquí” a la pregunta “Dónde está Fidel”.

Los rostros de los niños vestidos de uniforme expresaban felicidad por solo el hecho de saberse cubanos en el país de Fidel.

Antes de caer la noche, los asistentes a la plaza buscaron la sombra de los árboles de alrededor de la Plaza pero más se quedaron cerca de donde se realizará el homenaje a Fidel pese al quemante sol de diciembre.

En un momento, la seguridad sólo tuvo problemas cuando un perro empezó a caminar en medio de la calle y los policías presurosos lo impulsaban a salir antes de que llegara la caravana.

JOS