Política Irremediable

¡Ahí viene la respuesta de la CNTE!

Muy bien, pero, ¿y ahora qué? El Gobierno federal ha dado una respuesta puntual a un problema concreto; utilizando de manera perfectamente calculada las armas de la política, acaba de tomar la decisión, que muchos de nosotros no sólo esperábamos sino que exigíamos, de comenzar a resolver el gravísimo problema educativo de Oaxaca. Estamos hablando de una entidad que se encuentra situada en los más bajos escalones del aprovechamiento escolar. Y, como lo puede constatar cualquier persona mínimamente enterada del tema, una sociedad que no instruye a sus ciudadanos está condenada a no alcanzar jamás el desarrollo social y el bienestar económico que tienen todas aquellas que han apostado firmemente por la formación de unos niños y jóvenes que representan, ni más ni menos, el futuro de cualquier nación. En este sentido, la intervención de las autoridades educativas de México era tan perentoria e impostergable como inexcusable hubiera sido el aplazamiento de sus responsabilidades. Debemos, creo yo, congratularnos todos de esta actuación que exhibe, por fortuna, una voluntad de cambiar las cosas y que, en la línea reformista de la actual administración, va a consolidar una de las transformaciones más trascendentes, aparte de esperanzadoras, para los mexicanos.

Ah, pero ahí está, y ahí sigue, el México oscuro, ese país que se resiste machacona e interesadamente a la modernidad; y ahí están, y ahí siguen, sus representantes, sus emisarios o, mejor dicho, sus bárbaros ejecutores. Gente que, miren ustedes, se dedica no sólo al obstruccionismo más cerril sino que lo hace meramente para salvaguardar sus muy personalísimos intereses corporativos. Y esto, en detrimento de los intereses superiores de la nación —ni más ni menos que los derechos más fundamentales de esos niños y esos jóvenes que, ante la pasividad oficial, se han encontrado hasta ahora en un estado de escandalosa indefensión— y, por si fuera poco, desplegando una violencia que es absolutamente inaceptable en cualquier sociedad civilizada.

Y, así las cosas, volvamos a la pregunta que me permití formular en el primer párrafo de este artículo. ¿Qué sigue? Pues, se va a desatar una suerte de revolución, señoras y señores, y los sufridos ciudadanos de este país habremos de padecer, todos, la salvaje embestida de una CNTE que no se va a quedar con los brazos cruzados y que, mucho me temo, estará dispuesta a todo, es decir, a hacer lo que mejor sabe hacer: bloquear, intimidar, amenazar, destrozar, extorsionar y devastar. O sea, que de educar a nuestros niños ni hablemos.

Nos esperan, pues, tiempos de agitación que, en un primer momento, parecerán una especie de condena perpetua. Pero, luego, las aguas terminarán por calmarse. ¿O no?

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