Doble Fondo

Son unos sinvergüenzas: anularé mi voto...

Desde hace años ha habido un intenso debate acerca de la pertinencia de anular el voto. Con el respaldo de operaciones matemáticas, hay quienes afirman que la anulación del sufragio beneficia el voto duro de los partidos y que aumenta el financiamiento público de éstos. Hay otros que, con los mismos recursos numéricos y porcentuales, refutan tales tesis.

Me parece que optar por el llamado voto en blanco es una opción válida para manifestar descontento hacia la clase política en su conjunto. Es una forma democrática, mucho mejor que la abstención, de expresar desprecio por la manera en la cual se conduce nuestra aristocracia política nacional.

Es una forma de decirles a los gobernantes, a sus funcionarios, a las dirigencias de todos los partidos, que se les reprueba; que de ellos y sus correligionarios se repudia la forma en que se han habituado a hacer política: a través del arte de la simulación. De la mentira. Que muchos estamos hartos de sus actos de corrupción, sus conflictos de intereses, sus nexos o complicidades criminales, su falta de transparencia, sus enriquecimientos ilícitos, sus consuetudinarios pequeños y grandes delitos, su demagogia, su ineptitud e ineficacia. De su cinismo y su desvergüenza ante todo lo anterior. Y, por supuesto, de sus sutiles o vulgares intentos de censura.

El voto anulado ha crecido. De acuerdo con un estudio realizado por el antiguo Instituto Federal Electoral, recuperado por la encuestadora Parametría, que contempla las elecciones entre 1994 y 2012, el porcentaje de votos nulos para la elección presidencial casi siempre ha oscilado entre 2% y 3% de la votación total, pero en comicios intermedios ha aumentado. En la elección de 2009, cuando hubo una tímida campaña para anular el voto, los sufragios nulos llegaron a 5.39% de la votación nacional (en el Defe pasaron de 10%). Datos del IFE, que surgieron del estudio de las boletas electorales, corroboraron que seis de cada diez votos nulos (63.5%) se ejercieron de manera intencional, mientras que solo 35.5% fue resultado de algún error del votante.

Para casi seis de cada diez mexicanos (56%) encuestados este año por Parametría, el voto nulo intencional es un “desperdicio”, pero para cuatro de cada diez (41%, que antes, en 2012, era 38%) es “un buen mecanismo para expresar el descontento con la forma de hacer política en el país”. Una buena manera de protestar. Y el porcentaje, podría duplicarse: 11% de posibles votantes manifiesta intención de anular su voto. Seríamos millones, más de quienes votan por el Verde, Morena y el resto de los minipartidos, cuya intención de voto es menor a 10%.

En cualquier caso, como son unos sinvergüenzas, anularé mi voto...

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

http://twitter.com/jpbecerraacosta