Doble Fondo

Playa y Cancún, la normalización del horror…

En agosto del año pasado, luego de ir en dos ocasiones a la Riviera Maya para indagar qué estaba ocurriendo ahí, redacté una columna (“La endeble pax narca de Playa del Carmen…” http://www.milenio.com/firmas/juan_pablo_becerra-acosta/endeble-pax-narca-Playa-Carmen_18_784901512.html) en la que alertaba sobre la descarada venta de drogas, el impune cobro de extorsiones y el frágil pacto existente entre grupos criminales que operan ahí para no violentar el lugar, como sí ocurrió en Acapulco.

Sugerí que los cuerpos de seguridad indagaran y tomaran medidas para liberar a los empresarios y comerciantes del cobro de piso. Es una barbaridad (y una vergüenza) que gente trabajadora (dueños de hoteles, restaurantes, bares, boutiques, todo mundo) invierta, gaste, y que pandillas de criminales cobren un impuesto delictivo, además de lo que los emprendedores deben pagar al fisco. No hay negocio que resista para siempre. Y si soporta tal carga, nunca tendrá las ganancias a las que legítimamente tiene derecho.

Sobre el mercado de la droga (que a eso, entre otras cosas, van muchos turistas: a drogarse, y están en su derecho) previne: el pacto que tienen los cárteles para dividirse las zonas donde venden drogas (y cobran extorsiones, como en la Quinta Avenida) se va a romper (“basta que enloquezca un jefe de plaza o un líder de una célula”, avisé). Y roto ese acuerdo criminal —advertí— va a estallar la violencia y se van a perder millonarias inversiones y miles de empleos, porque Estados Unidos y los países europeos no tardarán en alertar a sus viajeros.

Como redactó la semana pasada el especialista en temas de seguridad Alejandro Hope, nadie hizo nada. Ni un funcionario municipal, estatal o federal tomó medidas eficientes. Ninguna autoridad tiene la obligación de actuar como reacción a lo que se publique en un diario (mucho menos tiene que leer columnas), pero, ¿y todos los informes de inteligencia de los cuerpos de seguridad del Estado mexicano que alertaban sobre lo mismo, para qué sirvieron? ¿Para qué sirven? ¿Para ver cómo proceden funcionarios a fin de ocultar lo que acontece?

Bueno, pues felicidades por la inoperancia: Playa del Carmen yace dañada en su imagen y en riesgo. Y de Cancún, con los ataques ocurridos en días posteriores a lo del Blue Parrot, ni hablemos. Imagine usted que en Miami grupos de capos atacaran la sede de la procuraduría local (un lugar equivalente a la Fiscalía en Cancún) y luego un centro de operaciones estratégicas donde trabajara gente de la policía local, la estatal, miembros del Ejército, la Marina, el FBI, la DEA y el Homeland Security (algo similar al C4 cancunense). Alertados del peligro, ¿no habrían hecho algo los gobiernos de Miami, de Florida y de Estados Unidos para impedir que eso ocurriera?

Parece que en muchos sentidos hace tiempo perdimos la capacidad de asombro. Que ya nadie queda atónito por algo que se informe o que ocurra. Es la normalización del horror…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx
twitter.com/@jpbecerraacosta