De paso

El populismo, ese término ambiguo

El presidente Peña ha hecho del populismo un argumento retórico donde se concentran todos los peligros que algunos políticos usan para destruir "lo que ha llevado años "construir". Es más, aprovechó el foro de la ONU para alertar al mundo de los riesgos que conllevan los populismos de derecha y de izquierda. El populismo es un término muy ambiguo. Su uso, en general, se orienta a desacreditar. Un movimiento populista es heterogéneo; es policlasista y no necesariamente solo del segmento de los vulnerables. Grupos de la élite militar y de empresarios han sido los líderes de ese tipo de movimientos. Sirva de ejemplo, entre muchos otros, el caso argentino: el general Perón y sus "descamisados". El general Cárdenas y su partido corporativista (el PRM, antecesor del PRI).

Los movimientos populistas no poseen una doctrina precisa. El elemento que los cohesiona es "un conjunto de reivindicaciones sociales básicas (...) inspirados en los términos de simple justicia redistributiva". (O. Ianni. La Formación del Estado populista en América Latina. México, Ediciones Era, 1975, p.46). Paul Krugman, premio Nobel de Economía, ha empleado el término para señalar que Estados Unidos requiere de un contragolpe populista (populist blacklash) para revertir el aumento de la desigualdad social (New York Times, 18/IX/2007).

Algunos estudiosos, Alan Angell, por ejemplo, sostienen que el populismo no tiene una doctrina precisa. Son manifestaciones que suelen emerger al margen de los partidos tradicionales. Su liderazgo varía de un movimiento a otro pero comparten una posición contra el statu quo. Otros autores, como el distinguido profesor de la Universidad de Chicago Edward Shils (1910-1995), sostienen que el populismo si es una" ideología de resentimiento contra una clase dirigente de la que se sabe posee el monopolio del poder".

El término ha sido usado con mayor frecuencia para descalificar que para conceptualizar y explicar un problema determinado. Su finalidad es desacreditar a un adversario con base en los calificativos de demagógico y peligroso. La mejor razón sería que no es afín a los intereses de aquellos que ostentan el poder. ¿Acaso la Cruzada Nacional Contra el Hambre no es populista?

En países desarrollados han proliferado movimientos populistas: el macartismo en Estados Unidos y el nazismo en Alemania. Estos movimientos son parte de que hay clases sociales cuyos intereses están confrontados. Pero eso no los hace un peligro para destruir, sino, por el contrario, pueden verse como parte del universo de la competencia política.

En el discurso político mexicano predomina la idea de que la perorata del presidente Peña está dirigida a López Obrador. Está en su derecho de polemizar con su adversario. Sin embargo, el contexto político que nos envuelve permite entender la confrontación. México padece una crisis de confianza institucional donde tienen un papel fundamental la pobreza, un crecimiento económico magro, la corrupción que rebasan los límites de lo insospechado y la profunda desigualdad social. Estos son los ingredientes que cohesionan al "populismo mexicano", pero en el que participa no solo López Obrador, sino gran cantidad de otros grupos. En vez de descalificar y desacreditar, la administración presidencial tendría que cambiar el sentido del término por acciones contundentes para erradicar los problemas mencionados. Tendría el motivo para aniquilar la ambigüedad del término, sin acudir al mismo.

jreyna@colmex.mx