Los inmortales del momento

¡Aoua!, el aullido malgache de Parny

De las muchas páginas de Parny hoy débilmente sobreviven unos pocos poemas galantes, meras curiosidades de la historia de la literatura francesa y del umbral prerromántico, pero perduran sus Chansons madécasses, un libro publicado en 1787

En 1926 Maurice Ravel puso voces de mezzosoprano,y barítono, y además piano, flauta y violonchelo, a una suite de canciones dizque malgaches, es decir dizque provenientes de la isla de Madagascar, y traducidas por un tal Parny. Esas piezas están entre las precursoras del poema en prosa y una de ellas lo es de otro género: la canción de protesta, que surgiría  y tendría su gran boga más de dos siglos después.

He aquí la breve e intensa página de Parny, con su aullido reincidente:

“¡Aoua! ¡Cuidaros de  los blancos, habitantes de la ribera! En tiempos de nuestros padres, los hombres blancos desembarcaron en nuestra isla. Se les dijo: Tened esas tierras y cultívenlas vuestras mujeres. Sed justos, sed buenos, sed nuestros hermanos.

“Los hombres blancos lo prometieron, y sin embargo hacían baluartes. Alzaron  un amenazante fuerte. El rayo aguardaba en las bocas de bronce. Sus sacerdotes querían darnos un dios que no conocíamos, y predicaron obediencia y esclavitud. ¡Antes la muerte! La carnicería fue terrible, pero a pesar del rayo que los hombres blancos vomitaban, abatiendo nuestros ejércitos, todos ellos fueron exterminados.

“Aoua! ¡Cuidaros de los hombres blancos!

“Esos tiranos y más numerosos vinieron a plantar sus pabellones en la ribera. El cielo ha combatido por nosotros, les arrojó lluvias, tormentas y vientos envenenados. Ahora ya no están, y nosotros vivimos. Y vivimos libres.

“¡Cuidaros de los hombres blancos, habitantes de la ribera!

“¡Aoua!”

El autor de esa dizque mera traducción en prosa de una canción malgache era el caballero francés Évariste Désiré de Forges, vizconde de Parny, nacido el 6 de febrero de 1753 en la isla Bourbon, del Mar Índico. Hijo de un alto empleado del gobierno monárquico francés y de  una mestiza o criolla bourbonesa, e instruido formalmente en catolicismo, latín y letras clásicas, pero lector clandestino de Voltaire, Rousseau y el Marqués de Sade, fue oficial de la guardia del Rey, escribió poemas eróticos y heroicos y fue fascinado por tierras africanas y orientales. A partir de 1780 frecuentó los círculos de conspiradores antimonárquicos, produjo versos alejandrinos franceses (que son de doce y no de catorce silabas), una incendiaria “Epístola a los insurrectos de Boston” y poemas libertinos muy aplaudidos en salones literarios de vanguardia por sus audacias idiomáticas (en el poema Goddam introdujo el box, las peleas de gallos y algunas frases en el hoy llamado franglés: “le lourd pudding et le sanglant rostbeef”). Lo arruinó la Revolución, a la que había apoyado cuando era muchacho, y se pasó al bando monarquista. El resto de su vida fue un pequeño empleado en la Restauración y en el gobierno napoleónico. Murió en 1814, cuando ya Chateaubriand, Lamartine y Victor Hugo estaban impacientes de inaugurar el romanticismo francés del que había sido un pequeño adelantado.

De las muchas páginas de Parny hoy débilmente sobreviven unos pocos poemas galantes, meras curiosidades de la historia de la literatura francesa y del umbral prerromántico, pero perduran sus Chansons madécasses, un libro publicado en 1787 con traducciones en prosa de los cantos sensuales y de protesta de los indígenas de la isla de Madagascar. En esas breves y delicadas y a veces intensas prosas desplegó una escritura que como, señala Claude Bonnefoy en su antología La Poésie Française des origines à nos jours, y, como observaron Luis Cernuda y Octavio Paz, sería, junto al Smarra de Nodier, una contribución capital a la evolución de la poesía romántica y abriría a Aloysius Bertrand y a Baudelaire la vía hacia ese género de la literatura moderna: el poema en prosa.

Poeta menor, el vizconde de Parny permanece en las letras francesas por unos cuantos poemillas: sus dizque traducciones de canciones malgaches. Lo he recordado y lo he  traído a esta plana cultural de MILENIO Diario porque supe que falleció un 5 de diciembre de doscientos años atrás y en temporada navideña, y porque su poema “¡Aoua!” me parece una obrita maestra dotada de vibración y frescura.