Heterodoxia

¿Un presidente mafioso?...

El imbatible crimen organizado que hoy agobia al país nació de la secreta alianza entre el poder corrupto de algunos políticos mexicanos y la audaz mafia ítalo-norteamericana.

Sí, según The History Channel en su insólita serie Los embajadores de la mafia, sí.

Su nombre: Abelardo L. Rodríguez, presidente de México durante los años 1932-34.

Según la prestigiada productora neoyorquina de series televisivas, el señor Rodríguez fue socio y aliado de la mafia norteamericana que dirigían Lucky Luciano, Al Capone y Meyer Lansky. Este grupo mafioso —y esto sí es un dato duro— estableció a finales de los años 20 un enorme casino y hotel en Tijuana llamado Agua Caliente.

Este lujoso sitio, de diversión de alto impacto, atendía a los opulentos californianos de los fabulosos 20. Los visitantes del Caliente incluían a directores, actores y actrices del desenfadado mundo del Hollywood show business; y, desde luego, a los numerosos nuevos ricos norteamericanos del petróleo, la industria y las finanzas que buscaban salir del agobiante mundo puritano norteamericano de la época de la prohibición, para tener acceso al alcohol, sexo, juego y drogas en un lujoso recinto seguro, ubicado a escasos metros de la frontera.

Abelardo Rodríguez, entonces gobernador de Baja California, era destacado miembro de la facción revolucionaria sonorense triunfante, dirigida entonces por el general Plutarco Elías Calles, jefe máximo y soterrado dictador del país durante diez años (24-34).

Así que, siguiendo la investigación que sirvió de sustento a la serie televisiva, Abelardo Rodríguez, con la autorización y quizá complicidad de Plutarco Elías Calles, trajo a Baja California a los temibles mafiosos norteamericanos a instalar sus negocios de juego y prostitución. De esta manera, durante los años de 1928 a 1934 el Caliente de Tijuana vivió sus años de mayor esplendor.

¿Y qué fue lo que ocurrió después de 1934, cuando Abelardo Rodríguez salió de la Presidencia?

Pues un milagro político: subió a la silla presidencial otro miembro de la facción obregonista-callista: pero con una posición ética y política diferente: el general Lázaro Cárdenas. Un personaje que intentó darle al gobierno una ética congruente con los principios de honestidad y justicia social implícitos en el espíritu de la Revolución.

De tal manera que la primera medida que tomó Cárdenas al asumir la Presidencia fue la de prohibir el juego, para de esta manera distanciarse pública y drásticamente de sus antiguos aliados Calles y Rodríguez y, al mismo tiempo, cerrar una de sus fuentes de financiamiento.

Así, en 1934, el Caliente y el Foreing Club —la versión masiva del primero— cerraron sus puertas. Los jefes mafiosos abandonaron Tijuana hacia Los Ángeles y solo quedaron aquí en el país los más siniestros y audaces de ellos, jóvenes conocedores de las intrincadas serranías del Pacífico mexicano y jefazos de otros delincuentes mexicanos, ávidos de dinero y aventuras, como aquéllos.

Y fueron estos grupos juveniles de gánsteres mexicanos y norteamericanos —entre ellos Bugsy Siegel, inmortalizado por Warren Beatty en la pantalla— los que durante los años 40 y 50 fundaron en el triángulo dorado de Durango, Sinaloa y Chihuahua y en la frontera de Tamaulipas los primeros e incipientes cárteles de narcotraficantes globales que hasta el día de hoy padecemos.

Así que, el imbatible crimen organizado que hoy agobia al país nació de la secreta alianza entre el poder corrupto de algunos políticos mexicanos y la audaz mafia ítalo-norteamericana: The History Channel dixit.

Desde luego esto no es toda la verdad, el general Abelardo L. Rodríguez fue, además de probable mafioso, político exitoso, prominente empresario y ocasional don Juan. Su biografía se asemeja mucho a la de otros políticos mexicanos. En todo caso, la virtud de la serie Los embajadores de la mafia es la de divulgar fragmentos de la historia y de la vida de sus protagonistas, datos que hasta ahora solo comparten minorías ilustradas. Parece conveniente entonces que el enorme público televidente conozca las ligas, tan frecuentes en nuestra vida pública, entre el crimen y el poder.

alvalima@yahoo.com