Los Sonámbulos

Genocidio en Palestina

Si se echa mano de las más lacónicas definiciones y se colocan sobre el mapa sangriento de los hechos que han venido sucediendo en Palestina, nadie debe ponerlo en duda: se trata de un genocidio perpetrado por un estado terrorista, el israelí, encabezado por el sionista Benjamín Netanyahu.

El pretexto es lo de menos -un secuestro, un asalto, etc.,- para llevar a cabo el exterminio étnico de una población indefensa como la que está asentada en la franja de Gaza.

Por ello es indignante que se hable de una guerra -Margen Protector- cuando en realidad lo que se está presenciando es el aniquilamiento de una población.

Más vergonzoso resulta que buena parte de la comunidad internacional permanezca en deleznable silencio y hasta en algunos casos se busque justificar esta acometida criminal.

Que no vengan con el cuento imperialista de que el gobierno israelí se está defendiendo. La cifra de muertos de uno y otro bando desmiente a los defensores del genocidio.

Que no se diga también que la condena a una conducta asesina encierra odio hacia nadie o que éste se está fomentando. Esto no es otra cosa que una propaganda barata de quienes, deliberadamente, han confundido términos, pues todo mundo sabe que los más grandes genios de las letras, como son Miguel de Cervantes y William Shakespeare, fueron antijudíos (en sentido religioso), no antisemitas (de sentido racial), del mismo modo que los judíos son anticristianos y antitodo, como analizó y probó sobradamente el químico e historiador judío Israel Shahak, ex miembro del establishment israelí, al que por ello se acusó de "odiarse a sí mismo" (un concepto absurdo, consideró Shahak, y de orígenes nazis, resaltó)

En esta semana se está recordando el fin de la Segunda Guerra Mundial que, tuvo entre sus orígenes el inhumano deseo de exterminar a otros seres humanos. Y justamente una parte de los que fueron víctimas hoy han asumido el mismo rol de sus antiguos verdugos, masacrando a seres inermes para ocupar e intentar arrebatar un territorio que no les pertenece.

Con un poco de honradez intelectual, con un poco de vergüenza política, los gobiernos del mundo estarían no sólo reprobando con energía estas acciones de exterminio y exigiendo que el ejército de Israel cumpla con resoluciones internacionales y salga de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental, sino planteando, con todas las evidencias en la mano, llevar al gobierno sionista a los tribunales de justicia, acusado de genocidio, que es un delito internacional.

La actuación de soldados israelíes contra jóvenes palestinos matándolos a golpes; bombas cayendo sobre blancos civiles con niños como víctimas... todo esto no es más que una matanza mediante violencia extrema, cargada de una gran crueldad.

Son más de mil 700 palestinos los que han sido asesinados. 70 por ciento es civil, casi 400 son niños y cerca de 200 son mujeres. Los heridos suman más de 9 mil. Por Israel han muerto 64 soldados y dos civiles.

Esos son, hasta ahora, los números, más propios de una acometida de exterminio que de una guerra, que ni siquiera sería el resultado del "choque de ignorancias" del que llegó a hablar el intelectual palestino Edward W. Said, una de cuyas preguntas es inevitable parafrasear frente al genocidio: ¿por qué habría de ser tolerado este tipo de fundamentalismos?