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Domingo , 21.10.2018 / 08:07 Hoy

Los sonámbulos

La desesperanza como certeza

Jesús Delgado

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Sin casi guías que pavimenten el camino con ideas y reflexiones hacia un futuro mínimamente reconocible, con un presente poco menos que convulso y caracterizado por la incertidumbre, las últimas cuatro décadas resumen algo menos que un cuadro donde la ruptura social no esconde la profundidad de sus desigualdades y el ensimismamiento y conformismo de las clases dirigentes, igual de la sociedad.

Al Siglo XX le debemos grandes avances de la ciencia (medicina, tecnología, incluso en el campo de las artes, las letras y las ideas) pero también dos guerras mundiales, bombas atómicas, el surgimiento de los peores totalitarismos y sus megalómanos caudillos acelerados.

La presenta centuria sin duda nos está favoreciendo con otros grandes avances en mucho campos, aunque viene confeccionando su perfil desde finales del siglo pasado (en nuestro país desde la década de los años 80) con una religión dominante en el campo económico que ha venido dinamitando cualquier posibilidad de desarrollo humano. Parcialmente ha sustituido a las guerras pero no sus efectos devastadores en este aspecto.

Contra lo que algunos han sugerido, no se necesita tener memoria para ser "moderno" ni demasiado pesimista para no percatarse de que el neoliberalismo imperante, esa supuesta doctrina de la salvación terrenal sustentada en fundamentos celestiales (casi cómicos), ha procreado y profundizado la desigualdad y la pobreza, llevando a ésta al extremo de la miseria, a paisajes propios de entreguerras en nuestro país y en muchos otros.

Del otro lado, el lugar común que no por serlo debe obviarse, sino remarcarse: la grosera opulencia, cada vez mayor, de los ricos, con una clase gobernante que apenas merece llamarse así no sólo por el vacío ante el poder económico, sino por la corrupción que se asume como un fenómeno "humano, demasiado humano", diría Nietzsche, antes que enfrentarla con carácter, y que ha sido uno de los resortes principales para favorecer a clanes familiares y oligarquías.

Además, los textos de denuncia, con pruebas incontestables de una doctrina fundamentalista y su consecuente devastación, acompañados de posibles soluciones, parecen formar parte de un nuevo "Index Librorum Prohibitorum", de la Santa Inquisición Neoliberal.

Esos serían los casos de las obras elaboradas por Alejandra Salas Porras, profesora de la UNAM ("La Economía Política Neoliberal en México, quién la diseñó y cómo lo hizo", ediciones Akal 2017) y el de María Eugenia Romero Sotelo, maestra en economía y doctoras en historia, también por la UNAM (("Los Orígenes del Neoliberalismo en México, la escuela austríaca, del Fondo de Cultura Económica, 2016), libros imprescindibles para comprender y refutar una época y su evangelio (para el que quiera, claro está), cuya certeza de antemano está marcada por la desesperanza y la resignación (?) de la pobreza.

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