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De la “francachela” a la fiesta de los 4 mil

La fotografía principal de la portada de nuestra edición de ayer, donde se ve a cientos de jóvenes sometidos boca abajo en el piso de una calle de la colonia Mirador del Sol, debido a un operativo de la policía zapopana por la denominada “Fiesta de los 4 mil” que salió de control, me remitió casi en automático a las imágenes en las que concluyó la fiesta rave en mayo de 2002 en Tlajomulco, en el sexenio del panista Francisco Ramírez Acuña.

La comparación de estas dos intervenciones policiales puede ser útil para determinar hasta dónde se puede considerar un exceso o una acción oportuna la que desplegaron los policías de Zapopan ante las decenas de quejas que recibieron de los vecinos del joven convocante vía redes sociales a la multitudinaria fiesta, ahora que la Comisión Estatal de Derechos Humanos investiga si hubo abusos de los uniformados por la queja no ratificada que interpusieron los padres de uno de los detenidos.

De entrada la narrativa de la autoridad en uno y otro episodio es distinta. Hace 12 años, el entonces mandatario panista justificó la irrupción de los policías estatales a la fiesta rave que se organizaba en una zona despoblada de Tlajomulco, y en la que no había vecinos que se quejaran, al señalar que no iba a permitir en Jalisco ese tipo de reuniones “que eran unas francachelas”. Aquel 4 de mayo se registró una redada mucho mayor en aquel baile electrónico y la protesta de los jóvenes tapatíos no se hizo esperar.

Si bien la intervención de la policía de Zapopan hizo recordar la pifia “ del toletazo” del alcalde Héctor Robles, el tono ha sido mucho más moderado e incluso, al menos en el discurso, se mostró abierto a sancionar a los uniformados a los que eventualmente se les acredite haberse excedido contra algunos de los 281 jóvenes detenidos, 121 de ellos menores de edad.

Lo que vendría bien que también investigara el jefe policial, Hernán Guízar, es por qué el personal que patrulla esa zona no le había reportado las dos fiestas anteriores que ya se habían realizado en ese domicilio y que ya habían denunciado los vecinos.

Otra diferencia clara entre el “Tlajomulcazo”y el “Zapopanazo” es justamente el escenario. En el 2002 se irrumpió en un espacio y evento privado y con un uso de fuerza mucho mayor. La madrugada del domingo la policía de Zapopan acudió tras una decena de quejas y se encontró con cientos de jóvenes en la vía pública, que recibieron agresivamente a la primera patrulla que llegó y  que tuvo que pedir refuerzos para enfrentar la situación,  y no terminar como los policías del Estadio Jalisco, que fueron vapuleados por una de las barras de las Chivas en el último clásico tapatío.

A reserva de la investigación a detalle que haga la Comisión Estatal de Derechos Humanos, me parece que el operativo policial no dejó saldos que lamentar, ni se han documentado lesiones que comprueben los abusos policiales, en ese sentido considero que cumplieron razonablemente su papel. Ya basta de condenar siempre y a priori a los policías.

 

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jaime.barrera@milenio.com