Radar

Política de seguridad a prueba

Si bien Jalisco nunca llegó a los niveles de descomposición en materia de seguridad pública como ocurrió en el sexenio pasado en Nuevo León, o que persisten a la fecha en Tamaulipas y Michoacán,  y Guerrero en la últimas semanas, es innegable que nuestra entidad no deja de aparecer intermitentemente en la escena nacional  e incluso internacional por hechos de alto impacto, como el ocurrido el lunes 22 de septiembre con el plagio y homicidio del diputado Gabriel Gómez Michel y su asistente Heriberto Núñez, en el Periférico a plena luz del día. 

Esa circunstancia y el arranque formal del proceso electoral de junio próximo nos tiene nuevamente en la discusión de si vamos o no en el camino correcto en materia de seguridad pública en Jalisco, cuando pasó ya el primer cuarto del sexenio de Jorge Aristóteles Sandoval en el que se apostó al diseño de una nueva Fiscalía General y a la creación de la Fuerza Única de Jalisco, como cuerpo policial que fortaleciera el patrullaje en todo el territorio estatal.

Para la oposición es claro que el modelo no ha dado resultado, mientras que para el gobierno estatal se sigue la ruta adecuada, sin dejar de reconocer la existencia del cártel Jalisco Nueva Generación que se ha fortalecido con la acción del gobierno federal contra los Caballeros Templarios que actuaban en Michoacán y la captura de Joaquín El Chapo Guzmán.

Los golpes a su estructura, aseguran en los más altos niveles del Ejecutivo estatal, han provocado alzas en delitos como el robo a casa habitación y negocios, así como el de la extorsión, aunque sostienen que en las esferas nacionales, incluido el presidente, Enrique Peña Nieto, se ha diluido la percepción de que en Jalisco tienda a agravarse la situación de inseguridad.

Los opositores sin embargo acusan al gobierno de ceguera y de no querer reconocer la crisis de seguridad que vive el estado, por lo que ayer en su comparecencia en el Congreso, el fiscal general, Luis Carlos Nájera, llamó a los diputados de los partidos de oposición a no politizar los temas de seguridad pública y a cerrar filas para promover la participación ciudadana en el tema.

Lo cierto es que más allá del natural jaloneo político-electoral que irá creciendo y alcanzando todos los ámbitos de la vida pública (y privada seguramente también), es oportuno y pertinente hacer un primer balance de los resultados obtenidos para hacer los ajustes necesarios, porque es claro que la batalla contra la delincuencia está lejos de ganarse.

Habrá que ir a las cifras y a lo que señalan los distintos estudios sobre percepción de seguridad pública, ya que por ejemplo, aunque hay una baja en el número de homicidios de 2013 a 2014, si comparamos las muertes violentas mes a mes, el sentimiento de inseguridad en los ciudadanos persiste, y crece con evidencias como la inutilidad del servicio de videovigilancia en la metrópoli. Mañana más del tema.

 

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com