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¿Infiltración mata videovigilancia?

Las escalofriantes imágenes de un conjunto de al menos cinco autos encajonando en el carril de alta velocidad del Periférico a plena luz del día a la Suburban en la que viajaba el diputado Gabriel Gómez Michel y su asistente Heriberto Núñez Ramos, son la más clara señal de una escalada más en los niveles de desafío del crimen organizado al Estado, y a la vez un punto de partida si de verdad se quiere  generar una contundente acción institucional, indispensable para intentar disipar el sentimiento de vulnerabilidad del ciudadano al ver que es posible semejante despliegue delincuencial en total impunidad.

Sería una grave señal de debilidad y de pérdida de estado de derecho dejar pasar sin consecuencias el cinismo abierto y descarado con el que estos delincuentes plagiaron al legislador federal y a su colaborador, y luego tuvieron el tiempo para trasladarse sin que nadie los molestara por el Periférico hasta la carretera a Zacatecas, hasta donde llegaron sin problema en la misma camioneta de la víctima.

Fue tal la libertad con la que actuaron, que ya ni siquiera se molestaron en conseguir uniformes o insignias apócrifos de alguna institución policial, ni montaron un retén falso o se cubrieron los rostros, como solían hacerlo.

Ayer le pregunté en MILENIO RADIO a Alejandro Solorio Aréchiga, comisionado de seguridad pública y jefe de la Fuerza Única de Jalisco, quién estaba monitoreando las pantallas y si había dado aviso al instante de lo que ocurría, no en un callejón ni siquiera en una avenida, sino en el Periférico de la ciudad poco después de las cinco de la tarde.

La respuesta fue desconcertante: nadie las veía en ese momento porque es imposible monitorear tantas cámaras en la ciudad.

Ojalá que pese a la afirmación del número uno del nuevo cuerpo policial en el que están puestas todas las expectativas de mejorar el clima de seguridad en el estado, esta situación se revise y se deje claramente establecido si efectivamente no había ningún monitorista viendo esa acción. Y si se confirmara que efectivamente nadie lo hacía, que alguien explique cuál es el criterio para designar las cámaras a monitorear en tiempo real, que deja a las del Periférico fuera.

Porque si el gasto multimillonario que las autoridades municipales y estatales  han hecho en instalar sistemas de videovigilancia no sirven ni para alertarnos de un movimiento de vehículos para evitar un plagio a esa hora y en esa prioritaria vialidad, ni para detener a los responsables, estamos a todas luces ante un elevadísimo gasto inútil.

Por eso se debe llamar a cuentas a los responsables de los centros de monitoreo tanto estatales como del municipio de Tlaquepaque, y revisar quiénes estaban en esos horarios y que eventualmente obstaculizaron la capacidad de reacción de inmediata e incluso fueron cómplices de los hampones.

Es imperativo descartar si la infiltración de la delincuencia ha llegado hasta estos centros claves de vigilancia y estrategia policial, que han facilitado los desafíos del crimen organizado que ha tocado mortalmente en lo que va del sexenio a un secretario del gabinete, a un alcalde y ayer a un diputado federal.

twitter: @jbarrera4

jaime.barrera@milenio.com