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Depuración policial en jaque

El próximo sábado 1 de noviembre, que por Ley deben quedar fuera de las corporaciones policiales los uniformados que no pasaron los exámenes de control y confianza, quedará claro que la depuración de policías que se perseguía con esta medida implementada en 2010, estará lejos de lograrse.

El caso de Zapopan ilustra muy bien lo limitado de los resultados de este esfuerzo nacional en el que se invirtieron miles de millones de pesos. De los 437 policías reprobados (25 por ciento de sus elementos) en este municipio, sólo 30 se irán a su casa. Esto porque 277 serán evaluados otra vez, otros más que están a punto de la jubilación serán reubicados, y lo más grave, 119 que ya no tienen derecho a examinarse de nuevo, están amparados y la autoridad municipal no los puede dar de baja.

Así, Zapopan que tiene autorizada una nómina policial de mil 500 policías, pero que nunca ha podido llenar porque los aspirantes no pasan el filtro de los exámenes, se quedará con 30 policías menos de los mil 300 que tenían, más los que estén por jubilarse y los que vuelvan a reprobar los exámenes. Los jefes policiales deberán lidiar además con 119 elementos en los que ya no confían mientras los juicios no se resuelvan.

Así está la situación en la policía mejor pagada de Jalisco, pero cuadros mucho más críticos se observarán en otros municipios de la zona metropolitana, y más aún en los del interior del Estado.

Este escenario se veía venir desde la accidentada implementación de los exámenes en todo el país, cuyo plazo de aplicación se tuvo que posponer en tres ocasiones, la última del 3 de enero del año pasado hasta el último día del mes de octubre del 2013.

Las complicaciones para concretar las medidas que arrojan los exámenes realizados, obliga a revisar cómo se viene haciendo la depuración policial cuyo aporte sigue sin repercutir en una mejora de las policías ni de los niveles de seguridad pública.

Desde rediseñar la ponderación de los exámenes, para erradicar casos en que muchos de los elementos que no pasaron las pruebas de confianza de su corporación son elementos con un expediente limpio e incluso objeto de reconocimientos, hasta las historias en las que policías certificados resultan a la postre involucrados con el crimen organizado.

Habrá que pedir también al Poder Judicial celeridad en el caso de los policías amparados que resultaron con pruebas evidentes de corrupción, pero también analizar qué está pasando con los academias policiales y si sus egresados pueden llenar los huecos que dejarán estos malos uniformados, y sobre todo si tienen el perfil para recuperar el prestigio y el respeto de la comunidad a su figura.

El éxito del nuevo sistema de justicia penal basado en la mediación y en los juicios orales pasa por tener mejores policías, así que más nos vale sacar a la depuración policial del jaque en el que llegará el 1 de noviembre.

 

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jaime.barrera@milenio.com