Daños colaterales

¿A quién le sirve el caos en Irak?

Desde hace una semana, la apabullante ofensiva militar de unos 10 mil combatientes fundamentalistas en Irak, cuyo propósito manifiesto es exterminar a “los infieles chiitas” de ese país y de Siria y reinstaurar en la región el antiguo Califato islámico, ha reencendido todas las alertas en Oriente Medio y el golfo Arábigo, comenzando por la monarquía sunita de Arabia Saudí, primer productor mundial de petróleo y aliado —aunque cada vez con más reservas— del Estados Unidos de Obama.

Siguiendo los exhortos saudíes, Washington ha comenzado a presionar al cuestionado primer ministro chiita, Nuri al Maliki, a que incluya en su coalición de gobierno a la oposición sunita y a los kurdos, para apaciguar al menos las divisiones internas.

A la política sectaria de Maliki hacia la mayoría sunita del país (en el poder bajo la dictadura de Sadam Husein, de 1979 a 2003) se le atribuye hoy el grueso de la responsabilidad por el desborde de esa nebulosa que, ciertamente, son los grupos yijadistas, que, como en el caso de Osama bin Laden en el Afganistán de 1980, crecieron al abrigo del entrenamiento y los dineros de Estados Unidos y otras potencias.

De ahí, también,  las reiteradas advertencias del presidente sirio, Bashar al Asad, de que “grupos terroristas”, en particular el EIIL, buscan desestabilizar su gobierno en función de “intereses occidentales no determinados”.

El EIIL surgió en Irak hace ocho años, tras la muerte, en un bombardeo de Estados Unidos, del ex compañero de armas de Osama bin Laden en Afganistán, el jordano alias Abu al Zarqawi (1966-2006), el mismo a quien desde 2004 se le atribuyeron espeluznantes asesinatos y decapitaciones en Irak, como la del periodista estadunidense Eugene Armstrong, difundida al mundo a través de un video subido a la web yijadista.

Su seguidor y relevo es, según la inteligencia iraquí y el FBI, el iraquí alias Abu al Bagdhadi, de quien solo se han hecho públicas dos fotografías; suficientes, sin embargo, para darle un nuevo rostro propagandístico a la barbarie.

Mientras, la teocracia chiita (rama minoritaria del islam) en de Irán puede verse beneficiada en sus negociaciones nucleares con EU y Europa ante esta  emergencia yijadista, que amenaza con desmembrar el fragilizado territorio iraquí tras una década de intervención anglo-estadunidense.

Expertos en el mundo árabe advierten de que una eventual desintegración de Irak pueda ser seguida de la instalación de un “Diyajistán” en el corazón de Oriente Medio.

La pregunta que se impone  —pensando en las acusaciones de Bashar al Asad— es quién está detrás del EIIL y a quién le va a beneficiar todo esto.