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Miércoles , 21.11.2018 / 02:18 Hoy

Daños colaterales

El canciller Ebrard ante la masacre de los nicaragüenses

Irene Selser

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En entrevista con Radio Fórmula, el futuro canciller mexicano, Marcelo Ebrard, adelantó el lunes 9 un giro en la política exterior de México a partir de diciembre, cuando asuma la Presidencia Andrés Manuel López Obrador cuyo triunfo fue saludado, entre otros muchos intelectuales y artistas, por el escritor Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017 y vicepresidente de Nicaragua bajo la revolución sandinista (1979-90), cuando el hoy dinasta Daniel Ortega presidió esa nación envuelto en las banderas libertarias del patriota Sandino.

También el ex guerrillero Ortega, de 72 años, felicitó a AMLO por su triunfo, aunque México debe ser consciente de que el Ortega que en los 80 enfrentó la guerra de agresión de Ronald Reagan y su ejército de contras, es hoy otro vulgar dictador centroamericano desde su mañoso retorno al poder hace 11 años.

Por lo mismo, la revuelta estudiantil que estalló en abril pasado y que muy pronto se extendió a campesinos, pobladores, empresarios y el mismo clero católico ante la brutal represión policial y paramilitar con saldo de más de 300 muertos y miles de heridos, no es un “complot imperialista” contra Ortega, sino una rebelión nacional pacífica por la democracia y las libertades públicas.

Así lo recordó el 2 de julio en su tuit de felicitación Sergio Ramírez, Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria, al afirmar que “una nueva etapa se abre para México por el triunfo de Andrés Manuel López Obrador #AMLO que en Nicaragua recibimos con alegría y esperanza de que acompañe nuestra marcha sin retroceso hacia la democracia”.

No hay que olvidar que fue al amparo de sus principios de no intervención y respeto a la soberanía de terceros países, que México jugó un rol esencial en América Latina al contribuir a la caída de la dinastía de los Somoza en Nicaragua (1937-79) -llegando incluso a romper relaciones diplomáticas- y contra el aluvión de dictaduras militares que asolaron Sudamérica en 1970-80, dando refugio a millares de expatriados. También con el Grupo de Contadora (1983-87), México lideró los esfuerzos de paz en Centroamérica, ligados como se plasmó “a la vigencia de la democracia pluralista con gobiernos de mayorías, que aseguren las libertades y derechos básicos”.

Es precisamente esto lo que en estas horas está clamando a gritos la sociedad nicaragüense en medio de un baño de sangre, frente al cual el presidente López Obrador no podrá ser indiferente, ya que “no intervenir” ante la matanza de un pueblo hermano, es otra forma de ser cómplice de la masacre.

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