Daños colaterales

La envidiable clave de Evo: estabilidad social y crecimiento

Siempre decían que los indios solo servíamos para votar. Ahora hemos demostrado que sabemos gobernar. También dijeron que la gestión desgasta y que los izquierdistas no somos buenos para gobernar. Ahora rompimos ese mito. Antes los neoliberales dominaban y nos robaban. Tengo confianza en mi pueblo porque hicimos algo para vivir bien”, dijo Evo Morales a periodistas en septiembre en su visita a la ONU.

Ahí, en Nueva York, en el marco de la 69 Asamblea General y confiado en inminente y cómoda reelección el pasado 12 de octubre, Morales pidió, como otros líderes sudamericanos, democratizar las economías del primer mundo y romper la dependencia con el FMI, ya que, dijo, cuando Bolivia estaba sometida a sus políticas de ajuste estructural “no logró avanzar en su desarrollo. Sin el FMI y sus recetas, Bolivia está mejor que antes”.

El presidente aimara no alcanzó el 70 por ciento que él mismo había vaticinado ni la cifra récord de 2009 (64%), tras ganar en 2005 con 54%. Pero sin duda su tercera reelección con cerca de 61% —incluido el triunfo histórico en la pujante y opositora Santa Cruz (50.7%, este), que hasta hace poco agitaba la bandera de la secesión— habla de metas cumplidas y un camino hacia el desarrollo, alentado por la bonanza económica de la última década en Sudamérica.

Al respecto, sería irónico que la nueva clase media surgida en Brasil bajo los gobiernos de Lula y Rousseff, cuyas políticas sacaron de la pobreza a 40 millones de brasileños —lo que no hizo Henrique Cardoso ni tampoco hará Aécio Neves si se impone el 26 de octubre—, sea la que acabe con el proyecto lulista, que comparte con el de Morales la visión de un Estado fuerte en lo estratégico.

Y con muchos menos recursos que Brasil, Evo redujo de 41 a 32% los índices de pobreza y en 40% la mortalidad infantil, usando recursos derivados de la nacionalización de empresas estatales, transferidos a la sociedad a través de bonos y programas de desarrollo nacional y regional.